Gastan lo mínimo, hacen dedo y tratan de divertirse "de arriba"

Argentinos gasoleros también veranean en Punta del Este

El informe, firmado por la periodista Alba Piotto, señala que los argentinos para poder ir al Uruguay a pesar de la crisis optaron por ajustarse el cinturón: cambiaron la combi por el viaje a dedo, los almuerzos en el parador por la heladerita de playa, la casona por la piecita.

«Iban a Brasil, se decidieron por Punta del Este. Sabían que los días de vacaciones dependerían de lo que fueran gastando día a día. Así que antes de salir de Buenos Aires –en alíscafo– pasaron por el súper y se compraron provisiones: arroz, fideos, latas de atún, mermelada. No iban a perderse el verano en el Este, aunque esto tenga sus costos. Y, dicen, la sobrellevan bárbaro», señala la nota.

En este verano esteño, hay un cosa clara: los únicos jóvenes que no tienen problemas con la plata son los que están veraneando con sus padres. Eso implica casa, auto y comida. Y son una franja amplia de adolescentes hasta los 20 años. Los otros, más grandecitos, que vinieron con amigos, van barrenando el día a día.

Incluso se miden a la hora de ir a bailar: hay chicas que, según contaron a Clarín, llevan botellitas de gaseosas en la cartera para tomarla adentro del boliche mezclada con alguna bebida alcohólica. Y para salvarse de pagar entradas (cuestan entre 5 y 7 dólares), andan a la búsqueda de las invitaciones que reparten los tarjeteros por la playa. Así, pueden ir pagando sólo 2 dólares. Tampoco existe eso de andar rondando toda la noche, como se solía hacer hasta no hace mucho. Y si no van a bailar, prefieren quedarse a dormir, para no tentarse con algún gasto innecesario.

Mucha ensalada, mucha agua mineral, frutas y jugos. Es el menú de Alejandro Sáez –26 años, de Almagro– y sus amigos. Nuevos en Punta del Este, recalaron todavía atraídos por el espíritu que tenían en los últimos años: Cancún, Río, Canasvieiras, Cuba. Pensaban quedarse unos 15 días, pero se van en el décimo. «Es caro. Pero ahora, para los argentinos cualquier lugar es caro», dice Alejandro, anteojos espejados, bermudas surfer oscuras, en Dotto Beach.

Son las vaciones posdevaluación de la generación «uno-a-uno». Juventud a la que todavía, parece, no se le devaluaron los gustos. Aunque tenga que andar por el Este haciendo dedo, finaliza diciendo la nota de Clarín.*

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