La Amazonia, un paraíso a proteger

Brasil alberga el 60 por ciento del territorio de la Amazonia. En la actualidad sólo dos tercios quedan intactos. Según un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Pesquisa da Amazônia, si se acabara el plan Avança Brasil, que comprende carreteras transamazónicas, decenas de puertos, aeropuertos, gasoductos, millares de kilómetros de líneas eléctricas y otras actividades, en 2020 sólo quedaría un 4,7 por ciento de selva virgen.

Escrito por: CHRISTIAN SELLES (*)

Sábado 11 de enero de 2003 | 7:24
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La cuenca del río Amazonas es una de las regiones más ricas del mundo, tanto biológica como económicamente. Su tamaño, difícil de calcular, se estima en 600 millones de hectáreas. Toda la Europa occidental cabría dentro de ella. El río Amazonas discurre en su mayor parte por Brasil, pero también lo hace por Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Colombia. Esto dificulta la defensa y protección de este ecosistema ya que no se trabaja de forma conjunta; cada país toma medidas independientemente del resto.

La Amazonia, además de ser el bosque más grande del mundo, es imprescindible para la humanidad. En ella se encuentra el 50 por ciento de la biodiversidad mundial y el 70 por ciento de las especies vegetales y animales del planeta. Además, su variedad única de plantas, animales e insectos la hace aún más importante. Todos los días se descubren especies exclusivas de esta región, y con la misma temporalidad desaparecen otras aún sin descubrir. Se calcula que sólo se conoce menos del 50 por ciento de las especies existentes en la cuenca amazónica.

Pero esta riqueza positiva pasa a ser negativa cuando es el motivo de los peligros que asolan la Amazonia. Numerosas empresas destinadas a la explotación maderera expolian los recursos sin ningún tipo de escrúpulo, matando poblaciones indígenas y reduciendo el tamaño de la selva forestal. En el lado brasileño se pierden tres millones de hectáreas al año, y según fuentes gubernamentales, el 80 por ciento de esa explotación es completamente ilegal.

Si se recorre el río Amazonas en avión se vislumbran embarcaciones que transportan maderas nobles como la caoba o el roble sin autorización; en la selva se observan “hachazos” que resultan ser pistas de aterrizaje para estos contrabandistas de naturaleza y en ocasiones se levantan columnas de humo, resultado de incendios provocados para recortar el espacio de la cuenca amazónica. La causa de estas quemas radica en la especulación con el terreno. Mucha gente paga por tener una propiedad con vista a la selva amazónica o quiere crear una zona de cultivo de especies tropicales que posteriormente exportará para obtener vastos beneficios.

Ante el aumento de la contaminación se ha observado que los árboles de esta región han crecido para “respirar”, pero no pueden luchar contra las sierras, gasolina o máquinas extractoras de sus enemigos. Gran número de científicos creen que el antídoto de muchas enfermedades incurables en la actualidad se encuentra en plantas amazónicas aún por descubrir y alertan del peligro que suponen los atentados que se están cometiendo en esta región.

La selva amazónica es hogar para 120 naciones indígenas, alrededor de unas 300.000 personas, cifra que se reduce en forma paulatina. Algunas de ellas se encuentran entre las últimas poblaciones no contactadas del mundo, sin relación alguna con el mundo “desarrollado” y desconociendo la amenaza que éste supone para su supervivencia. El Amazonas es su autopista y los demás riachuelos, carreteras secundarias. No necesitan del asfaltado que ha ido creciendo en la región amazónica brasileña para facilitar la entrada de empresas multinacionales.

Brasil alberga la mayor parte de la Amazonia, un 60 por ciento de su territorio. Es el primer país en cuanto al grado de biodiversidad en la zona. En los últimos años la explotación de yacimientos minerales de oro o esmeraldas, la sobreexplotación maderera o el desarrollo de la ganadería y determinados cultivos han ido recortando terreno a la selva amazónica. En la actualidad sólo dos tercios quedan intactos. Según un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Pesquisa da Amazônia brasileño, si se acabara el plan Avança Brasil, que comprende carreteras transamazónicas, decenas de puertos, aeropuertos, gasoductos, millares de kilómetros de líneas eléctricas y otras actividades, en 2020 sólo quedaría un 4,7 por ciento de selva virgen. Prueba de la privatización de la Amazonia que se estaba llevando a cabo es que en 1999 ocho empresas transnacionales eran propietarias de casi dos millones y medio de hectáreas.

Lula da Silva, el nuevo presidente brasileño, es partidario del desarrollo económico para Brasil. Realmente éste es necesario, pero no puede olvidar que durante su campaña electoral la ecología ocupaba un papel preponderante; debe ahora mantener esa promesa. En las últimas décadas todo desarrollo económico ha ido acompañado de ataques constantes contra la naturaleza. Lula ha de ser consciente de que el crecimiento económico no tiene por qué ir unido a un deterioro ecológico. El desarrollo ha de ser sostenible y la explotación de los recursos naturales racional para que sirvan para la mejoría de vida de los pueblos.

La mercantilización que han sufrido otras grandes reservas naturales del mundo no debe llegar a la cuenca del río Amazonas. Una quinta parte del agua dulce mundial fluye en esta región y supone uno de los últimos pulmones que quedan en el planeta. No se puede privatizar la gestión de los recursos naturales como empieza a hacer Perú con la explotación petrolífera de su parte amazónica o la proliferación de zonas destinadas al cultivo de coca. Los gobiernos de los nueve países amazónicos no pueden poner precio a cada especie o gen y establecer medidas ambientales para proteger la Amazonia. El sentido común debe prevalecer en el binomio política-ecología. *

(*) Periodista de Agencia de Información Solidaria / puntoG.

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