Los principales destinos de los uruguayos
Las vallas que deben superar los uruguayos para radicarse en otro país son cada vez más altas. Sin embargo, la crisis económica estimula intentar saltarlas.
Aunque la eliminación del beneficio de ingresar sin visa previa a Estados Unidos continúa siendo un curioso privilegio exclusivo de los uruguayos entre los países sudamericanos, la inminencia de su fin es constantemente recordada. Más aun, las exigencias a la hora de cruzar la aduana estadounidense han adquirido en los últimos tiempos niveles traumáticos de tal agudeza que pueden convertirse en obstáculo insalvable.
Aun cuando el intento es cosa diaria, y en absoluto privilegio de orientales, los requerimientos de dinero suficiente para la estadía comprometida, amistades que avalen esos dichos, reservas hoteleras y –ni qué hablar– pasaje de regreso, se han transformado en la primera valla, a la que cada día menos logran sortear.
En cuanto a la forma más popular y conocida para obtener los papeles imprescindibles para una residencia legal mínima –casarse con quien tenga papeles migratorios en regla o con alguien del lugar–, la cuestión está empeorando progresiva y constantemente.
Los oficiales de Migración estadounidenses comenzaron una sencilla modalidad que está convirtiendo en pesadilla el sueño de casarse con alguien que facilite residir en este hoy prioritario destino migratorio de los uruguayos.
A su pareja: ¿le gustan más los gatos o los perros?, ¿ de qué lado de la cama duerme?, ¿cómo se llama su suegra?, ¿y su mejor amiga?
Este interrogatorio «policial» es corroborado o desmentido por la pareja del aspirante al ingresar a EEUU. Un número insuficiente de coincidencias en la declaración de ambos solamente abre la puerta a interrogatorios más exhaustivos.
Casarse con alguna caribeña residente en Miami, una latina en Nueva York, e incluso una anglosajona dispuesta a ganar entre mil y cinco mil dólares por el beneficio de los derechos que implica el arreglo, es una fórmula que ahora requiere seguridades más afinadas para que la temible «migra» no cumpla su cometido: deportar al inmigrante.
Los uruguayos con licencia matrimonial de absoluta legalidad pueden llegar a ser tratados igual que quienes son descubiertos con la visa vencida o trabajando sin papeles.
Al tema de la boda «contratada» se le sumó en los últimos tiempos la crisis «marital»: tras la boda la (o el) cónyuge coaccionan por más dinero: si se divorcian, el inmigrante perderá los derechos generados en el matrimonio.
Las deportaciones de uruguayos en el último año experimentaron un incremento cercano al 200%; pero las cifras son relativas, ya que en años anteriores los uruguayos deportados eran menos de diez anuales y casi siempre por razones delictivas.
Existe también una tendencia creciente de las autoridades aduaneras del norte para ahorrarse los engorrosos trámites de la deportación: comenzaron a extremar las medidas antes de visar el pasaporte.
Contratados tampoco
Aunque legalmente es posible obtener un contrato desde Estados Unidos para radicarse allá, conseguir la habilitación de trabajo está limitado estrictamente a quienes descuellen de tal modo en su actividad, que alcancen renombre internacional. Y a veces ni eso alcanza.
Es que el empleador que desee contratar a un emigrante uruguayo deberá presentarse en la Secretaría de Trabajo y explicar en primer término las razones que lo llevan a contratar a alguien que viene de un sitio tan distante como Uruguay. Deberá además exhibir los avisos que hizo publicar en la prensa, en donde solicita a alguien para ocupar ese cargo. Asimismo, deberá explicar por qué los norteamericanos que se hubieren presentado para el trabajo no fueron aceptados. Si supera ese obstáculo, el contratista deberá presentar el formulario en la Dirección de Migraciones para un trámite que alcanzaba a extenderse por medio año, aunque desde los atentados de las Torres Gemelas demora el doble.
Lo habitual es en este marco es que el individuo viaje primero a Estados Unidos, intente conseguir el contrato y luego vuelva a Uruguay esperando que ocurra lo mejor. En este caso debe ser estricto con sus tiempos: aunque los uruguayos no necesitamos visa, el permiso de permanencia jamás supera los tres meses. Quien se exceda un solo día, no podrá tramitar visa alguna para entrar a Estados Unidos, al menos por los siguientes tres años.
La «otra» Norteamérica
A fines de 2002, comienzos de 2003, la realidad muestra a México como la nación norteña más abierta para la emigración compatriota, seguido de Canadá, hoy el quinto destino (después de España, Italia, Estados Unidos, y Australia) elegido por los uruguayos.
En México la situación es mucho más holgada: los uruguayos tenemos acceso sin visa, residencia temporal casi asegurada, aunque posibilidades laborales constreñidas a una realidad hispanoamericana. La posibilidad de que un matrimonio «acordado» para facilitar la radicación, sea objetado por las autoridades es casi nula.
De cualquier forma México, aunque pueda ser estupendo para vivir en términos de afinidad cultural, carece de posibilidades inmediatas para ahorrar dinero –meta de casi todo emigrante– en moneda fuerte.
Canadá dispone de posibilidades para emigrar y es receptivo a los uruguayos que cumplan ciertas condiciones. Pagando una tasa que permite iniciar el trámite (alrededor de 600 dólares, sin devolución) se puede postular a cubrir vacantes en las vastas extensiones septentrionales. Por ejemplo: hay altas posibilidades de conseguir trabajo en la provincia de Manitoba, donde el termómetro difícilmente supera los 0 grados la mayor parte de año.
Los canadienses aceptan inmigración capaz de superar un sistema de puntos acumulables en función de edad, formación, etcétera. Los puntos son de difícil obtención, pero las provincias más inhóspitas exigen menor puntaje para radicarse. En Canadá, algunas curiosidades facilitan el desarrollo de la «viveza criolla». Por ejemplo: ser médico no es de alto valor, ya que hay muchos. Es más fácil para un médico acceder a un puesto de enfermero (que hay pocos) y al cabo de unos años encontrar la vuelta para llenar una vacante de su profesión.
Se desnaturalizó la madre
A la madre patria miles de uruguayos le deben hoy un bienestar que en estas tierras se les hacía imposible. Pero ello ocurrió desde el franquismo hasta el socialismo: el gobierno derechista de José María Aznar instauró la Ley de Extranjería condenando a quienes, incluso con ascendencia familiar más allá de sus abuelos, eran descendientes de españoles. El proceso para conseguir permiso de trabajo es casi igual al de Estados Unidos, con una diferencia: además de demostrar que ningún español puede hacer la tarea para la que se contrata al uruguayo, el proceso cuando menos demora un año.
En España existe todavía una ventaja: el «casamiento» está menos comercializado con fines migratorios que en Estados Unidos y aún no se conocen radicalizaciones.
US$ 100.000 por familia
Como en tantos otros temas, la plata manda. Una persona de clase media, con una disponibilidad de 100.000 dólares, está en condiciones de adquirir un negocio y afincarse prácticamente en cualquier país del mundo. El criterio universal es que dicho negocio dará trabajo a los locales, en lugar de ocupar puestos.
Por honorarios que arrancan en los cuatro mil dólares, dependiendo del país y la localidad, la tramitación para abrir negocios que justifiquen la radicación del propietario y su familia, es algo que un buen abogado efectúa con éxito. *
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