Escrito por: Escribe: Horacio Buscaglia
Llegan estas fechas y los dirigentes polÃticos nos zampan sus profundos, meditados y esclarecedores discursos de balance polÃtico.
El que ha logrado aunar todas las falsas premisas hechas clichés, el blablablá más ornamentado y, por supuesto, la mayor cantidad de las no muy veladas “amenazas al sistema”, fue el “mejor dirigente polÃtico del paÃs”, el “estadista número uno de América”, el “ciudadano que es patrimonio mundial”, según dijo el locutor que lo presentó a Julio MarÃa Sanguinetti. (Dicho sea de paso: si es todo eso, ¿por qué Lula invitó a Tabaré y a él no?).
Esta Octava Maravilla insiste en lo que blancos y colorados tratan de hacernos creer sobre esta tremebunda cagada, nacida de sus esfÃnteres polÃticos, en la que estamos chapoteando: todo lo sucedido no se debe a una manera de ver la vida. Lo que nos pasa no es consecuencia de la puesta en práctica durante 16 de años de una polÃtica económica y social en contra de la mayorÃa de la población, de tomar decisiones y optar por favorecer a una elite. Lo que nos pasa no tiene nada que ver con la falta de solidaridad y sensibilidad de los gobiernos blanquicolorados, ni de sus frivolidades, sus burradas y sus genuflexiones.
No señores, ellos no tienen nada que ver. Son hechos naturales, tan naturales como una granizada o un terremoto. Para que no queden dudas de la estrategia, dijo el Sangui sin intentar hacer una metáfora: “El 2002 fue el año en que se desataron todas las tormentas”.
Y por supuesto frente a “un desastre natural” la salida debe ser acompañada del “sacrificio de todos” y, aquà está la “güeva”, la responsabilidad tiene que ser “compartida por todos”. Porque además, y aquà esta el “güevazo”, el que no lo haga “estará debilitando la democracia”.
Yo no sé lo que pensás vos, pero te aviso: yo no comparto nada, no soy responsable de nada, no me sacrifico más nada y si la democracia es lo que ellos dicen… gracias, de nada. *
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