Diabetes: 200.000 uruguayos padecen esta enfermedad
El año 2000 la cifra mundial de diabéticos, según la Organización Mundial de la Salud, ascendió a 180 millones. Para el año 2010 se prevé que serán 240 millones, lo que constituye una proyección alarmante.
En nuestro país se estima en 200 mil la cantidad de diabéticos, según cálculos de la Asociación de Diabéticos del Uruguay, que mantiene una página informativa actualizada en Internet (www.adu.org.uy).
La importancia de la carga genética, su detección y sugerencias para tener una vida más llevadera, forman parte de este reportaje de LA REPUBLICA con el integrante de la Asociación de Diabéticos doctor Ever Mendoza.
Se entiende por Diabetes Melitus una alteración de los hidratos de carbono que lleva a una alteración en las proteínas y lípidos. Se trata de una alteración global del metabolismo de tres nutrientes fundamentales de nuestro organismo: los carbohidratos –es decir, azúcares–, las proteínas y las grasas.
Lo que sigue es parte del diálogo que mantuvimos con el doctor Ever Mendoza, oriundo de Carmelo, presidente de la Asociación de Diabéticos local.
–¿Cómo suele manifestarse la enfermedad y a qué edades?
–Fundamentalmente por la alteración de la sangre con valores elevados de glucosa, es decir, de carbohidratos elevados en la sangre. Con respecto a las edades, ha cambiado mucho con los años. Diez años atrás, los diabetólogos la clasificaban en dos grandes tipos: la diabetes juvenil –aquella que acontecía antes de los 40 años– y la diabetes tardía –la que aparecía en los adultos–. Esto ha cambiado, y se ha demostrado que un adulto puede debutar con una diabetes juvenil, y un joven puede manifestarse con una diabetes de adulto. Hoy se utiliza la denominación de diabético insulino dependiente y diabético no insulino dependiente para englobar lo que antiguamente se llamaba tipo 1 y 2. Hay también otras clasificaciones: diabetes del anciano o del embarazo, entre otras. Ya no está tan encasillada, se ha ampliado el abanico de denominaciones.
–¿Qué sugerencias se puede hacer al paciente para que tenga una vida más llevadera?
–Es una enfermedad crónica, de por vida, y por eso lo primero que aconsejamos, a pacientes de cualquier edad pero más aún a los niños, es una tarea de aprendizaje para convivir con la enfermedad. Ese aprendizaje involucra no sólo al enfermo sino a todo su entorno familiar –padres, amigos e incluso maestros, si el paciente es un escolar–. Si la persona afectada convive sabiendo que su enfermedad es crónica, puedo asegurar que su vida puede ser prácticamente normal.
Con precauciones, puede hacer deportes, por ejemplo, aunque no de alto riesgo ya que esto puede provocarle un bajón de azúcar.
Hay diabéticos que en los campamentos infantiles practican natación, fútbol, básquetbol y aerobismo. Es más, el ejercicio es uno de los pilares aconsejados para regular el azúcar alto.
–¿Hay una predisposición genética para adquirir la enfermedad?
–En parte eso es cierto. Hay una predisposición, sobre todo en el diabético tipo 2 –adultos–, en el cual la carga genética importa. Es más factible que de padre y madre diabéticos salga un hijo diabético. A veces la enfermedad se saltea una generación, a veces no.
Pero no porque se tenga una carga genética se va a ser diabético. A la carga genética hay que sumar otras condiciones. Esto no ocurre tan así en el niño. ¿Por qué un niño nace con diabetes, o a los pocos años de nacer la tiene? Es un gran tema que está muy en boga. Algunos científicos opinan que sería una carga vírica (de virus). Se ha visto en una epidemia de sarampión, varicela, paperas o rubeola que, a los pocos días de esas infecciones, se produce una diabetes, fundamentalmente juvenil, tipo 1.
El mecanismo sería que el virus, aparte de producir la enfermedad genérica, atacaría el páncreas, el cual se defendería con anticuerpos y atacaría las propias células agrediendo al organismo.
En el tipo 2 influyen muchos factores, entre ellos el genético, y fundamentalmente el medio ambiente. Se han visto pacientes que en Estados Unidos tienen predisposición a la diabetes, y llevados a otro país la desarrollan menos. El medio ambiente influye, debe de haber algún mecanismo que actúa como disparador para que se produzca la enfermedad.
–Una vida desordenada también debe de influir.
–También influye. En Occidente es mucho más alta la población de diabéticos que en Oriente, tal vez por los hábitos alimenticios. La población con más alto índice mundial por año de diabéticos se da en los países nórdicos como Suecia y Noruega. Por otro lado, en la parte más al sur de Europa, por ejemplo en la bota de Italia, o en Sicilia, también se da un alto índice de diabetes. En el sur de Italia coincide un aumento de la proporción de pacientes diabéticos con el arribo –después de finalizada la Segunda Guerra Mundial– de vacas para la producción de leche.
Uno de los investigadores más importantes a escala mundial, Gianfranco Botazzo, nacido en Córcega, tiene la teoría de que debe de haber una proteína, una sustancia que produjo esa epidemia en la población. De lo contrario, no se explica que antes de la Segunda Guerra no había diabéticos y que después de la introducción de las vacas hubo una explosión de esta enfermedad.
En el Hospital Pereira Rossell, estudios realizados por la doctora Pisciottano y un grupo de colaboradores han encontrado que de cinco años a la fecha ha aumentado enormemente el porcentaje de niños diabéticos de entre 10 y 12 años, dependientes de insulina. Esto ha coincidido con los picos estivales de enfermedades eruptivas como sarampión, rubeola y varicela. Parece que algo está cambiando en el medio ambiente, y esto no sólo se está dando en Uruguay sino también en otros países del mundo.
Hay un aspecto llamativo y es que si se mantiene ese pico que se ha encontrado en los niños de 10 y 12 años, la población de diabéticos va a ir aumentando y se calcula que para 2020 va a haber cerca de 400 ó 500 millones de diabéticos en todo el mundo. Es una verdadera pandemia, por eso es que todos los organismos internacionales han hecho declaraciones al respecto, normatizando medidas preventivas y formando equipos multidisciplinarios para trabajar.
–¿Cuáles son los primeros síntomas que aparecen?
–En Uruguay los estudios de las complicaciones diabéticas indican que a la cabeza va la patología del pie diabético, que es una de las complicaciones más frecuentes y de las más costosas para el Estado, porque el día de internación es muy caro.
Esta patología puede derivar en pérdida de dedos, amputaciones, trastornos de circulación y alteraciones en el aspecto nervioso del paciente. Un estudio realizado en Estados Unidos indica que lo que se gasta en pacientes que presentan esta patología asciende a alrededor de US$ 180 millones anuales.
Tendría que haber más información, pero diría que la patología del pie diabético es la complicación más frecuente tanto en hombres como en mujeres, y debe de andar casi a la par de la patología renal y las retinopatías.
La patología del pie diabético se presenta con dolores, lesiones, úlceras, callos, pies dormidos, pacientes que sienten como que caminan sobre algodones, calambres, etcétera. Más grave aún es el caso de pacientes que aseguran que caminan media cuadra y tienen que parar porque el dolor es insoportable.
–¿La medicación se consigue sin problemas?
–Dentro de todo somos un país privilegiado en es
e aspecto, porque en Uruguay no ha habido carencias de importancia del elemento más caro, que es la insulina. Pero en el ámbito de Salud Pública es muy raro hacer el chequeo diario porque no se cuenta con las cintillas necesarias por su costo. Ese sería el tratamiento óptimo, y su costo es elevado. Yo no pido eso, pero sí darle al paciente una mejor calidad de vida. Además, de esa forma, se estarían previniendo futuras complicaciones.
–¿Hay una detección adecuada en Uruguay?
–Desde el punto de vista del laboratorio no tenemos, a veces, los elementos necesarios. Medir la glucosa en sangre o en orina es importantísimo, pero tenemos que apostar a tecnificarnos mejor y a aprovechar el descubrimiento reciente del mapa genético, que va a ser excepcional. No va a ser importante solamente para esta enfermedad sino para muchas otras.
Finalmente, quiero decir que la población tiene que saber que la diabetes es una enfermedad crónica, pero que el paciente puede convivir perfectamente con ella, siempre y cuando tome las medidas preventivas del caso. No debe ser una enfermedad tabú. No hay que tenerle miedo, pues se está mejorando día a día en los tratamientos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad