EL ARZOBISPO DE MONTEVIDEO CELEBRO LA MISA PARA LA PAZ MUNDIAL

Cotugno criticó la falta de voluntad política para superar el problema del hambre

Mientras la plaza Matriz era visitada al mediodía de ayer por decenas de turistas extranjeros, el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, celebró la tradicional misa por la paz mundial de cada 1º de enero.

De la eucaristía –donde propuso la creación de una organización de la familia humana para lograr la pacificación– participaron turistas; algunos sólo tomaban fotos de la Catedral y otros escuchaban con atención la ceremonia. También se notó entre los presentes un buen número de inmigrantes.

«Pedimos paz para el año 2003″, sentenció monseñor Cotugno, quien manifestó estar consciente de la realidad que está viviendo nuestra sociedad, sumida en un contexto de graves dificultades y peligros.

«¿No sé si es más atroz las consecuencias de la guerra hecha de cañones y de bombas o la situación de la miseria humana, donde millones de personas mueren por día de hambre?», se preguntó el prelado.

Afirmó que actualmente hay seres humanos que están viviendo cómodamente mientras existe una multitud que apenas puede sobrevivir. «Esta situación es peor que un estado de guerra, ya que ésta es una manifestación explícita, pero la pobreza y la indigencia forman parte de una violencia institucionalizada de injusticia que hacen a los seres humanos individuos dignos de gran compasión por parte de Dios». Cotugno comentó que por año mueren 52 millones de personas a causa del hambre en todo el mundo, mientras que en Uruguay son casi veinte los que fallecen por este motivo.

Se cuestionó que lo trágico es que existe la posibilidad de solucionar este problema tan sólo con la voluntad efectiva política de superar este genocidio. «Dios se enojó con los humanos; El, que vino para salvarnos, quiere que tengamos paz», dijo el religioso.

En esta Misa para la Paz Mundial, Cotugno llamó a orar por los gobernantes que luchan contra el terrorismo y pedir la conversión de aquellos que se enriquecen con la venta de armas. Haciendo referencia al mensaje papal del 1º de enero, el prelado consideró innecesaria la división del mundo en regiones, «cuando todo esto divide y produce pueblos ricos, cada vez más ricos y pueblos pobres cada vez más pobres». Por ello propuso cambiar este sistema. Planteó un tiempo en que todos deben colaborar en la constitución de una nueva organización de toda la familia humana para asegurar la paz.

Indicó que actualmente parece valer más el poder de la violencia y la fuerza que la racionalidad y sensibilidad humana. «Por eso es necesario tener un sentimiento de conversión de estos valores y trasladar esta visión universal a las dimensiones pequeñas, como de los hogares familiares», afirmó el religioso.

Manifestó que mediante la utilización de los conceptos de verdad, justicia, amor y libertad es posible generar la nueva organización de la familia humana para asegurar la paz.

Estos postulados ya fueron utilizado por Juan XXIII como las exigencias para llegar a la pacificación de la humanidad.

Sobre el pilar de la verdad, monseñor Cotugno indicó que será fundamento de la paz cuando las personas tomen conciencia que además de los derechos existen obligaciones para con los otros. Puso como ejemplo las reivindicaciones de cumplimiento de ajuste laboral que realizan algunos trabajadores, que mantienen una postura cerrada a pesar de que muchos otras personas están en peores condiciones. Afirmó que se convierte en un deber la renuncia a sus definitivos derechos si esto sirve para salvar la situación de otras personas que tienen derecho a la vida.

«Se darán cuenta que si se trasladan estos criterios a la vida social, cómo cambiarían las actitudes de los seres humanos», acotó el prelado.

En cuanto al amor, sostuvo que debe cundir un espíritu de colaboración entre los feligreses y mencionó el caso de la Vicaría de la Solidaridad que atiende a unas 100 mil personas al mes.

En la Catedral metropolitana propuso a los presentes empezar un nuevo año efectuando cambios para la Iglesia de Montevideo, para lo cual exhortó a realizar un constante trabajo.

Para Cotugno, más que celebrar por el cambio de año, la Iglesia sigue estando en tiempo de Navidad. En ese contexto, la institución centra la atención en la familia que pide paz, por lo cual alcanza la dignificación humana, ya que en caso contrario el individuo es humillado y atropellado. *

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