Prohibido para nostálgicos

 

Se pianta el capicúa. Fulero, con bruta merza de banqueros afanancios, políticos que se esmeran en decir «yes» y un pueblo caliente relojeando cómo amasijaron al país. «Año nuevo, vida nueva», cantaba Castillo. Y cruzamos los dedos para que todo sea, al menos, un poquito mejor. Con la esperanza hecha con pedazos de bronca y rebeldía, esperamos tiempos nuevos. En medio de la paliza hacemos como Chaplin y soñamos con una «quimera» aunque no sea de oro. Nos damos una biaba de recuerdos. Allá lejos, los vecinos también se preparaban para recibir el año. El ambiente del barrio ya venía picadito por las cachadas del día de Los Santos Inocentes. Pero, por el 31 todos olvidaban las tomaduras de pelo y buscaban pasarla bien debute. Fue popular organizar una excursión con la gente de la cuadra. Alquilaban un camión y su propietario, un tano con bigote mostacholes, le colocaba tablones que hacían de asientos. Salía de la esquina y no paraba hasta la orilla del Santa Lucía o los terrenos de Piria. Otros vecinos iban a la Estación Central. Todos con bolsos llenos de morfe. Ahí va una pareja de veteranos subiendo al vagón y cuidando la bandeja por donde asoman las orejas un adobado lechoncito. El que podía rajaba para que el año nuevo lo encontrara en un sitio distinto. Así quebrar las yettas de los días que se fueron. Los que quedaban en el barrio armaban alboroto para ahuyentar la mufa. En los árboles de la cuadra colgaban unos parlantes «de corneta». Y desde la caída del último sol, atronaban los tangos del maestro Firpo, el cayengue de Arolas y el infaltable «morocho». Las mesas en la vereda, todos una gran familia. Entre el estruendo de las cañitas voladoras y los «rompeportones», las parejas bailaban en la calle. Todos viviendo, como escribiera Tavarozzi, un almanaque de ilusiones. Y el 31 se sabía el nombre de los suertudos que habían ganado el pintún reloj del Club «El Moscón», de Uruguayana y Larroble, el casimir del sastre judío y el cajón de tinto del boliche esquinero. Amarillentas postales que se colorean por el milagro de la pasión y la polenta de un viejo escribidor que no quiere olvidar. Un abrazo a los compañeros de LA REPUBLICA y un ¡a no aflojar! a los queridos lectores. Los esperamos sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE.

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