UNOS 90 MIL EXTRANJEROS RESIDEN EN NUESTRO PAIS

Los que vienen a Uruguay

Hay excepciones que confirman la regla. En tiempos donde se calcula que 20 mil uruguayos se van del país por mes, y cuando la desesperanza toma forma de valija y dice: chau, muchos extranjeros vienen a Uruguay en busca de un lugar distinto, más tranquilo, amable y hasta saludable, pero otras veces y aunque usted no lo crea vienen a trabajar. Por cierto el volumen en que estos ciudadanos del mundo vienen a este país con nombre de río es muy inferior al de los nuevos inmigrantes uruguayos. No deja de ser llamativo que en 1996 vivieran en Uruguay 92,378 personas nacidas en otra latitud del globo. Desde aquel censo hasta hoy la situación puede haber cambiado en burócratas que venían de afuera para representar compañías, pero los números deberían de mantenerse dentro de un margen, al menos, similar. Más de 86 mil extranjeros vivían en áreas urbanas y cinco mil lo hacían en el campo. Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística, correspondientes al año 1996, había algo más de 48 mil latinoamericanos, dentro del guarismo los argentinos eran casi la mitad y seguramente el número haya aumentado por la inmensa crisis que vive este país hermano. Otros 41 mil llegaron de países europeos, los españoles eran la mitad de ese indicador y unas 1.700 personas venían de Medio Oriente.

LA REPUBLICA salió a la caza de extranjeros que trabajan en Uruguay y lo que sigue es parte de esos diálogos.

Testimonios

Mary Swanson hace 17 años que reside en Uruguay, el primer lugar donde vivió fue Colonia Del Sacramento. Vino con su esposo, Charles, dos hijos y una hija. Distintos motivos fueron la causa de la venida a este rinconcito tercer mundista. La Iglesia Bautista en Carolina del Norte para la que trabajan les ofreció hacer una misión en Sud América, Charles Swanson lo explica así: «La opción de venir a Uruguay estaba realcionada con el trabajo de la iglesia. Las condiciones de Uruguay, comparado con los EEUU son buenas. En la iglesia estaban buscando gente con ganas de hacer cosas (…) Mirando varias oportunidades, Chile, Ecuador, Bolivia, apareció Uruguay». Mary trabaja con intérpretes de sordos, les enseña inglés, para que éstos puedan transmitirlo a la persona con deficiencias auditivas. También trabaja con sordos en su iglesia elaborando un culto distinto, para las personas con esas deficiencias. «Por muchos siglos ha habido muy poco trabajo con sordos por parte de obispos y pastores. Hace unos 20 años se empezó a dar más importancia al tema. Ahora los sordos quieren un culto para ellos, ellos pueden adorar a Dios en su forma». Mary cuenta que sus hijos, especialmente el mayor, Chris, extraña mucho Uruguay, pero «el problema de volver es el trabajo», dice esta madre de 53 años cuyos hijos viven del otro lado del continente.

Francia está presente

Marc, es un chico de tan solo 26 años, que trabaja en la Alianza Francesa y está encargado de la parte cultural de esa institución. Organizó algunos eventos, y espera poder hacer muchas cosas más. Su idea es cambiar la imagen que se tiene de la Alianza y hacer que se integre un público más joven a las propuestas culturales. Estudió administración y dirección de teatros y cuenta que se especializó «los últimos años en francés para tener más oportunidades en las Alianzas». Actualmente está dando clases de su idioma nativo y talleres de canción francesa.

Dice que eligió Montevideo por descarte, o algo así, le habían dado a elección: Bogotá en Colombia pero es «una ciudad alta y yo quería vivir cerca del mar, vivo en los alpes», también cabía la posibilidad de «Panamá, pero Panamá es muy yanqui». Entonces se quedó con Montevideo «porqué está frente a Buenos Aires y yo quiero trabajar en el medio cultural. En Sud América, Buenos Aires, es una ciudad que mueve lo cultural. Hay mucho contacto cultural, tanto en Montevideo como en Buenos Aires, además tengo amigos en Chile y en Buenos Aires y así estoy más cerca».

Marc tiene muy claro que no se quedará a vivir en Uruguay, extraña el dinamismo de su natal Francia, además le tiene que dejar el turno a otro francés en la Alianza.

El sur también insiste

Abel trabaja en 18 de Julio, tiene un puesto ambulante de venta de artesanías. Vive en una casa de inquilinato en la calle Galicia y también tiene claro que se irá de Uruguay en algún momento.

«Nosotros vendemos y trabajamos siempre estos tipos de artesanías, la gente sabe lo que nosotros hacemos, casi somos los unicos que hacemos estas caravanas de alpaca, a veces traemos de Perú algunas cosas», explica este chico de 21 años que desde Tunin, un pueblito en las sierras peruanas, recorrió Argentina, Paraguay, Brasil y algo de Chile y ahora se instaló en Uruguay. En la noche, junto a su hermano que vive acá hace más de siete años y tiene una niña uruguaya engendrada en el vientre de su compañera peruana: «Nos dedicamos a trabajar con las caravanas, es el único tiempo que tenemos para hacer cosas. A veces hacemos alguna comida entre los peruanos».

Abel comenta que hay muchas compatriotas suyas trabajando como domésticas y otros trabajando en buques pero estas personas generalmente son de la costa peruana.

«Nosotros en Perú vivíamos en el campo y teníamos todo incluida comida y casa. Plata no había, pero comida no falta», dice orgulloso. También expresa que Uruguay lo ha tratado bien, «es uno de los países más tranquilos que he conocido y no hay violencia».

Abel tiene idea de ir a trabajar la temporada veraniega a Brasil junto a la familia de su hermano. Luego en el camino decidirá.

Made in Taiwan

Ming Pung Wang y Takling Hou trabajan desde hace 20 años en Uruguay, y todavía les cuesta un poco el idioma, pero saben hacerse entender muy bien.

Taipei, la capital provisioria de la República China fue el lugar que los vio alejarse, junto a una niña pequeña, hoy estudiando medicina en Argentina.

En el negocio de ellos se pueden encontrar desde lujosos muebles tallados a mano hasta los objetos más triviales que de Oriente puedan venir. La música de aquellas latitudes sirve de cortina para la entrevista. El señor Wang era profesor de Economía y la señora Hou hacía trabajo de oficina. Wang, significa rey y Hou, reina, el primer apellido es muy común en China, pero el segundo no tanto y sus ojos brillaban al explicar que pocas veces se juntan esos dos apellidos.

Hou explica que en Uruguay «la gente es muy amable», ellos viven en Punta Carretas y dicen que el clima asiático era insoportable al igual que las grandes aglomeraciones de gente.

Wang dice que Uruguay es bueno para vivir. «El negocio antes servía ahora es muy difícil, pero me gusta acá por la salud, el lugar es muy tranquilo y la gente es muy amable. En Taiwan hay mucha gente, siempre está lleno». Hou dice que los uruguayos «cuando tienen plata gastan y ahora no gastan nada». Y Wang acota: «Nosotros no estamos acá por el negocio, es por salud, y por el clima tranquilo. Allá hay dinero, hay más oportunidades, la economía allá es muy buena», explica.

Una parte del mostrador estaba llena de libros con caracteres en ideogramas. Hou explicó que son libros sagrados, La Biblia, volúmenes taoístas y budistas, también tenían uno de Confucio el filósofo y escritor chino. Terminamos la nota hablando de Confucio. Hou dice que este «fue un gran maestro, y que desde hace dos mil años y pico hasta ahora su palabra tiene el mismo valor». *

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