Tiene la palabra
Carta al ministro de Trabajo, Pérez del Castillo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Hace un año, luego de interminables papeleos, arrendé a ese Ministerio un local de mi propiedad.
Deseché de antemano otras ofertas económicamente más ventajosas a cambio de una supuesta seguridad y puntualidad en el cobro de los alquileres.
Sin embargo el Estado, tan puntual y riguroso para el cobro de servicios como UTE, OSE, Antel hace cuatro meses que no me paga.
Soy consciente del difícil momento que está viviendo el país, pero no se justifica de ninguna manera, que no se cumpla con el contrato cuando éste es, en relación al presupuesto global, realmente insignificante.
Según lo que manifiestan los funcionarios de ese Ministerio, no depende del mismo sino de que el Ministerio de Economía les provea de los recursos necesarios para estos pagos. Entiendo que poco pueden hacer esos funcionarios –que dicho sea de paso me han atendido siempre con mucha amabilidad– pero usted como ministro, sí puede hacerlo. Es por eso que acudo a su sensibilidad.
Soy un jubilado que después de 50 años de trabajo, y habiendo aportado desde siempre al BPS, recibo una jubilación que no alcanza a $ 4.000 y que, como complemento para esa irrisoria retribución, edifiqué con el esfuerzo de toda una vida el local de referencia.
No estoy pidiendo nada especial, sólo que se cumpla con lo que corresponde. Para el Ministerio de Economía sólo hay cifras, usted, a cargo de una cartera debe abordar los problemas sociales, sabe que detrás de esas cifras hay personas. Lo sabe como cristiano, y lo sabe como hombre de leyes.
OSCAR ROUTIN – <OSCAROUTIN@******.COM>
Los militares y el honor
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Los ejércitos existen, desde la primera vez, para conquistar o defender conquistas en la posesión de valores económicos: territorios, yacimientos minerales, terrenos cultivables, acceso al mar o al agua potable, etc. Todo lo demás que se diga es para justificar. Los dueños de los ejércitos, los que se amparan en ellos, los que mueven los hilos detrás de ellos, también han sido a lo largo de la historia, los mismos, es decir, los que disponen en beneficio de quién, irán a parar las utilidades de lo que se posea. A diferencia de los líderes de los ejércitos revolucionarios, como Simón Bolívar, José Artigas, José Martí, más adelante Emiliano Zapata, y en nuestra época el cura Camilo Torres, Camilo Cienfuegos, Raúl Sendic, Carlos Fonseca, Fidel Castro o el Che, que fueron al frente de combate, los que dirigen a los ejércitos llamados nacionales no van al frente sino que envían a sus generales y lo más posible, es que ni estos (ni los oficiales hijos de civiles importantes) se expongan a las balas enemigas.
Al combate van oficiales de menor rango y soldadesca, es decir, carne de cañón, números, individuos que a la hora de considerar las «inevitables pérdidas» no valdrán mucho más que los soldaditos de plomo con que se divierten los generales en los –para ellos– aburridos tiempos de paz.
Hay todavía una diferencia más profunda entre los líderes de los ejércitos revolucionarios y los generales que todavía hoy en nuestro continente defienden los intereses económicos de una clase rica y dominante y es el código de honor. Los hombres que han luchado y defendido la causa de los pueblos ya demostraron con su actitud de defensa de la justicia, de arrojo y valentía los códigos de honor con que se rigen. Cabe aquí recordar un episodio histórico, protagonizado por dos destacados hombres de armas de la historia hispano-americana. Corría el año 1878 y la llamada «guerra de los 10 años» se aproximaba a su fin en Cuba. El ejército independentista, herido de muerte por la desunión, se desmembraba y abandonaba la lucha. Todos los líderes del ejército libertador habían acordado la paz menos el general Antonio Maceo que, con un pequeño contingente de hombres continuaba la guerra. El general español al mando, Martínez Campos, invitó a Maceo a celebrar una reunión en la cual discutirían la prosecución o no de la guerra. Maceo aceptó y se acordó realizar el encuentro en un lugar conocido como mangos de Baraguá. Un par de oficiales del ejército cubano planearon asesinar al general español cuando éste se dirigiera al encuentro. Maceo se enteró y amonestó severamente a los oficiales calificando la acción de «cobarde proyecto». En una carta que envía a uno de sus oficiales, el coronel Flor Crombet, Maceo expresa que «el hombre que expone el pecho a las balas y que puede en el campo de batalla matar a su contrario, no apela a la traición y a la infamia asesinándole, y aquellos que quisieran proceder mal con ese señor, tendrían que pisotear mi cadáver: no quiero libertad si unida a ella va la deshonra».
El general Martínez Campos se enteró del noble gesto de su mortal enemigo, bajo cuyas balas había estado a punto de caer en la famosa batalla de El Peralejo. Las condiciones que puso el líder revolucionario para aceptar la paz no fueron atendidas por Martínez Campos, por lo cual Maceo decidió continuar la guerra. De todas maneras el ejército libertador estaba diezmado y poco tiempo después, Maceo se vio obligado a abandonar las armas y su querida isla, para no caer en manos de los españoles. Al partir Maceo, fue Martínez Campos, su enemigo, quien dio cobijo a la familia de aquél, hasta que ésta pudo tomar un rumbo seguro. Hombres de guerra, militares de alto honor. Antonio Maceo retomó la lucha junto a Martí en 1895 y cayó en combate el 7 de diciembre de 1896. En su piel se contaron 26 heridas y cicatrices.
Volviendo a nuestra historia, recuerdo que una de las tipificaciones con que los «jueces» militares condenaron a integrantes del MLN y de otras organizaciones, fue el de «Atentado a la moral de las Fuerzas Armadas». ¿A qué moral se referían, después de haber raptado, desaparecido y asesinado a una maestra? ¿A qué moral se referían esos señores cuando hubo militares que violaron a muchachas liceales? ¿A qué honor se referían y se refieren hoy algunos oficiales retirados –y otros no–, cuando ignorando la práctica del general José Artigas de «Clemencia para los vencidos», se ensañaron en las más crueles torturas con prisioneros maniatados y encapuchados? ¿Dónde está lo honorable en esconder los cadáveres de los prisioneros asesinados en la tortura? Señores militares: ¡¡Conocí personalmente a tres mujeres uruguayas que perdieron sus embarazos a patadas en sus cuarteles!! Ustedes, que se vanaglorian de haber ganado una guerra que no fue, de quienes sabemos nombres y prontuarios, ¡¡provocan un profundo asco y de ninguna manera merecen vestir el uniforme militar!!
Ha quedado bien claro para el mundo entero que el «honor» de muchos de los jefes militares de esa época oscura e ignominiosa para nuestras patrias, fue el del argentino Alfredo Astiz, muy valiente para asesinar a la joven sueca Dagmar Hagelin, o a las monjas francesas, para entregar luego su posición en la Guerra por las Malvinas a la llegada de los marinos ingleses sin disparar un solo tiro. Luego están aquellos que para no enfrentar el índice acusador de la justicia, fingen sufridos ataques cardíacos. Algunos pueden pensar que es un acto de soberbia. Tal vez lo sea. Yo creo que es una muestra más de cobradía. Mantengo mi creencia de que los que mancharon el uniforme militar con la sangre y los vómitos de los prisioneros indefensos fueron sólo algunos. Esos que hoy se amparan en una retorcida ley de im
punidad, que nos cubre de vergüenza a nivel nacional e internacional, propiciada entre otros por los mismos civiles que los indujeron a practicar el terror, con el fin de amedrentar a un pueblo que entonces alzaba las voces de protesta por las injusticias y las estafas que hoy se repiten. ¡Mantengamos la frente alta, la mente clara y la voluntad firme para que no se repita el crimen!! Y tengamos paciencia que la justicia tarda pero llega. Los criminales nazis todavía, a más de 50 años después de haber cometido sus crímenes, siguen siendo juzgados.
Apelo entonces el honor y a la vergüenza de los militares que seguramente son mayoría en filas de las Fuerzas Armadas y que no conciben tales prácticas deshonrosas, para que tomen distancia de esos deplorables ejemplos y que un día, más temprano que tarde, hagan un acto de desagravio al uniforme que les legó nuestro prócer José Artigas.
CARLOS MEDINA VIGLIELM – MUSICO Y ESCULTOR
Centro CAIF, desamparado
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Por la presente nos dirigimos a los medios de comunicación para hacer pública la situación que atraviesa nuestro Centro.
Somos funcionarios y padres del Centro CAIF Arco Iris que atiende la zona de Pérez Castellanos, en convenio con Iname e INDA, brindando cobertura alimenticia y educativa a más de cien niños.
Nuestro único sustento es la subvención estatal. Se nos hace imposible por lo tanto continuar este proyecto si no se revierte la situación de atrasos en los pagos convenidos con Iname.
Padres y funcionarios creemos en los Derechos de los Niños a la Educación, la Alimentación y la Salud, pero también en las obligaciones de los adultos que comprometieron su palabra y firmaron un acuerdo para que estos derechos se cumplieran.
Los que abajo firman, esperamos y creemos, una vez más, que las soluciones lleguen…
(SIGUEN 51 FIRMAS)
Roban cables de Antel
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* En virtud de la nota publicada por vuestro matutino, el pasado 29 de noviembre, titulada «Sobre el servicio de Antel» y en la que el autor de la misma, cliente de esta empresa, manifestaba su disconformidad con su servicio telefónico. esta Administración desea informarle que dicho servicio pertenecía a la central Santiago Vázquez, la cual ha sido víctima de frecuentes robos. Por lo cual, la empresa procedió a solucionar este y otros inconvenientes causados por estos actos, reconectando a los afectados.
Cabe destacar, que es de público conocimiento, los esfuerzos conjuntos que se realiza conjuntamente con el Ministerio del Interior, para solucionar estos hechos, que afectan no sólo a los clientes, sino también que ocasionan pérdidas materiales y económicas para Antel.
Sin más y agradeciendo la publicación de la correspondiente información, lo saluda atentamente.
WASHINGTON MASANTI – GERENTE DE PRENSA Y RR.PP. – ANTEL
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