Prohibido para nostalgicos

"Milagro de Navidad"

Contaba Dickens en su «Canción de Navidad» que existió un tal señor Scrooge. Un tipejo avaro y usurero que en su codicia provocaba el sufrimiento de los más pobres. Pero, al final del cuento, se vuelve bueno por obra y gracia de unos «espíritus navideños» que logran el milagro de ablandar su corazón aferrado al dinero obtenido en trampas financieras. ¡Qué bien vendría que esos «espíritus de Navidad» se dieran una vuelta por el Uruguay! Haría falta que visitaran a unos huéspedes de San José y Yi y sus amigotes llenos de plata y artimañas.

Vamos a colaborar en llamar a esos personajes de Dickens que ablandan el cuore de los codiciosos. La terca memoria hablará de la Navidad del ayer. Con el sonido de un carrito hecho con una lata de querosén. Un pibito pasea por el barrio un «juda» hecho de remiendos y lana de colchón. Se escucha «un vintén pal’Juda» y la lata de yerba en manos del botija se llena de moneditas. También trillaban la yeca los vendedores ambulantes de corderos. Un gallego los sazonaba y el infaltable borrachín los hacía a fuego lento, mientras le daba a la ginebra de porrón. Por la cocina, las tías y abuelas con floreados delantales. Iban y venían hasta el horno de barro del fondo donde hacían las roscas y budines. Un calabrés se acerca y nos convida con su sidra casera que de seguro ablandaría los sentimientos del más copetudo banquero. Viene el tranvía con los familiares rezagados. Al costado del «motorman», un canasto de mimbre donde los pasajeros dejaban de regalo turrones y alguna botellita. Para que el mensaje de Navidad también llegara a ese conductor y guarda que el 24 laburaban hasta tarde. A medianoche todos los vecinos a la calle y explotaban los judas llenos de petardos. El cura le daba a la campana para la puntual «misa de gallo». Los devotos escuchando palabras en latín y la botijada haciendo de monaguillos. Después todos se visitaban, un pan dulce casero va y un licorcito de la veterana viene. En el arbolito brillaban los adornos de hojalata, reflejaban las luces de las velas de cera que ardían mansas. El aroma a pino y vainilla flota en el aire y se entrevera con el perfume a manzana de la sidra del tano. Vuelan los corchos y las pibas casamenteras se peleaban por agarrarlos. Estampas de aquella Navidad para que «los espíritus» de Dickens nos den una mano y hagan su milagro en el paisito. Los esperamos sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *

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