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La vuelta a "la tierra prometida" de los judíos etíopes

Sharon Shalom es un rabino negro de origen etíope que vive en Israel desde los 8 años. Afirma que a pesar del temor a la guerra que implica vivir allí, la fe es más fuerte. Desde la creación del Estado de Israel se produjeron varias inmigraciones de judíos del país africano hacia "la tierra prometida", deseo que venció el temor al horror de la guerra y de los durísimos peregrinajes por el desierto. Para los judíos etíopes jóvenes la vida en Israel no es fácil ya que deben convivir con nuevas costumbres y viejas tradiciones.

Escrito por: VIRGINIA MATOS

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Un fenómeno nuevo se está produciendo a nivel mundial: la existencia de rabinos negros. Intérprete mediante, LA REPUBLICA tuvo oportunidad de dialogar con uno de ellos. Invitado por la organización Hillel, vino a nuestro país a dar una serie de conferencias Sharon Shalom, un judío negro de 35 años de nacionalidad etíope que hoy se desempeña como rabino en una comunidad etíope en Israel.

La comunidad judía en Etiopía tiene 2.500 años de existencia, aunque ya prácticamente todos emigraron hacia Jerusalén.

Shalom cuenta que los primeros intentos de migrar hacia Israel datan del 1750 cuando un grupo muy grande de la comunidad quiso ir caminando hacia “la tierra prometida”, pero murieron en el camino. Esto colaboró con la conversión hacia el cristianismo de muchos de los que quedaron porque “cuando vieron que este grupo no pudo llegar perdieron las esperanzas”. Destaca que a pesar de todas las dificultades y persecuciones que sufrieron, los judíos etíopes mantuvieron su comunidad.

Según el joven rabino, desde la creación del Estado de Israel en 1948, los judíos etíopes renovaron el deseo de volver a “la tierra prometida”. Pero hasta 1973 se estuvo investigando si la comunidad etíope era realmente judía debido a que había una gran diferencia en muchas tradiciones. Fue en ese año cuando el rabino jefe de Israel determinó que efectivamente era una comunidad judía. Entonces se produjo la primera corriente inmigratoria de judíos etíopes hacia Israel a pesar de que el gobierno etíope lo prohibía. Veinte mil de ellos dejaron absolutamente todo lo que tenían, se fueron solamente con harina, agua y burros de carga hacia el Sudán. Caminaron durante 2 meses y medio por una zona desértica y llegaron 16 mil, el resto murió. En el Sudán las condiciones eran muy difíciles ya que como es un país islámico tuvieron que mantener en absoluto secreto su condición de judíos. Como en Sudán, había una alta mortandad infantil, en secreto, y sin que los gobiernos lo supieran, los padres etíopes decidieron enviar sus hijos a Israel por medio de los servicios de seguridad. Este fue precisamente el caso de Sharon, enviado por su madre desde Sudán a Jerusalén a los 8 años. Se trató de la llamada “Operación Moisés”, en la que 700 judíos etíopes fueron trasladados a Israel en 1982. Luego de dos años llegaron sus padres. En 1984 durante la “Operación Moshé” también desde Sudán viajaron 10 mil personas. La última gran inmigración fue en 1991 después de que el estado de Israel pagó U$S 35 millones al gobierno de Etiopía para que dejara salir los judíos. En 34 horas fueron trasladadas más de 15 mil personas. Hoy casi todos los judíos etíopes residen en Israel siendo unos 80 mil. Según Sharon hoy no existe la prohibición por parte del gobierno etíope de migrar hacia Israel. Explica que el deseo de los judíos etíopes de llegar a Jerusalén era tan intenso que a pesar de que sabían de los conflictos armados que se suceden desde la creación del Estado de Israel y desde mucho antes- su visión judaica era que Jerusalén era toda de oro y que llegando a ella encontrarían la paz a pesar de todo. Lo importante era poder cumplir con el anhelo de las generaciones anteriores.

La inserción social en Israel

La integración de los etíopes en Israel no fue fácil. El rabino cuenta que uno de los factores era la enorme diferencia cultural entre los países y también el color de la piel de los etíopes, primera comunidad negra que llegó a Israel. Llegaron desde la vida en aldeas sin agua a un estado occidental lo cual fue bastante traumático y también se dieron cuenta de que donde habían llegado no era la tierra de la paz. Shalom destaca que lo más trágico es que después de un éxodo de dos meses y medio caminando por el desierto para poder llegar a Sudán y después a Israel, muchos murieron en atentados lo cual “destroza cualquier esperanza”.

El Estado de Israel invirtió mucho dinero en la comunidad etíope para ir resolviendo las diferencias culturales, sobre todo en el aspecto educativo y también en la vivienda. Hubo un gran progreso de la comunidad y hoy hay etíopes trabajando en todas las áreas aunque aún persisten problemas. Esto se visualiza a nivel familiar ya que la célula familiar en Etiopía era muy patriarcal y mandaban los ancianos, mientras que entre los recién llegados a Israel los que primero se adaptaron a la nueva situación fueron los jóvenes y entonces se invirtieron los papeles llegando los jóvenes a influir mucho más que los padres en las familias. La consecuencia no fue el facilitamiento de la vida para los más jóvenes sino todo lo contrario porque de alguna forma viven en dos mundos: el de la sociedad israelí y el de sus hogares donde los mayores siguen viviendo con la cabeza en Etiopía, lo que provoca conflictos intrafamiliares.

A nivel religioso también hay diferencias. Aunque todos son judíos, los etíopes tienen tradiciones propias muy fuertes difíciles de mantener hoy.

Shalom destaca el esfuerzo del gobierno israelí en estimular la integración pero también indica que en los últimos años, los nacidos en Israel con ascendencia etíope se sienten poco ayudados por el gobierno para aclimatarse a la realidad israelí. Asimismo resalta que en Israel no existe racismo hacia los negros. Para Shalom, el secreto del éxito de las comunidades judías extranjeras es hacer, trabajar. Una de las misiones fundamentales de su trabajo rabínico es acercar a la nueva realidad a quienes lideraban espiritual y políticamente a los judíos en Etiopía que hoy dejaron de ser referentes.

El rabino asegura que hoy, en los lugares públicos israelíes se siente la tensión constante ante la amenaza de ataques terroristas. Y el gran problema es que no se ve el fin del conflicto con Palestina lo cual hace que mucha gente pierda la esperanza.

En estas circunstancias asegura que solamente algo fuera de la lógica puede llevar a la gente a permanecer en un lugar en el cual hay una posibilidad importante de morir en un atentado. Por eso, la fe es un elemento fundamental que provoca que la gente esté cada vez más unida a pesar de la situación. Preguntado sobre su visión del conflicto palestino-israelí, prefirió no pronunciarse ya que es un conflicto que existe hace más de 100 años y no cree que su opinión ayude. *

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