Remataron mobiliario del tradicional Café Sorocabana
El golpe metálico del martillo retumbó entre medio centenar de personas que asistieron en busca de un pedazo de nuestra cultura. ¡Vendida, la mesa y las dos sillas al señor!, gritó el rematador Horacio Piñeyro.
Así, golpe tras golpe, el Montevideo bohemio y noctámbulo, de noches interminables de poesía y filosofía, entre el humo del cigarrillo y un pocillo de café, decía adiós para siempre.
El remate judicial de parte del mobiliario del mítico café se dividió en tres partes: los primeros 20 lotes, cada uno correspondiente a una mesa con su mármol redondo, fueron adquiridas en un valor que rondó entre los $ 2.200 y los $ 2.800.
Un guiño a la nostalgia
La casa de remates Horacio Piñeyro Castellanos, obsequió el tradicional café, esta vez en vasitos de plástico en vez de aquellos pocillos. Y, como dice el tango, los presentes degustaron el último café Sorocabana, al menos entre esas mesas y sillas.
La segunda parte comprendió otros 20 lotes, cada uno con una mesa y dos sillas con diseño art decó con el tradicional posabrazos en semicírculo . El precio por lote osciló entre los $ 4.800 y $ 6.000, a excepción de un lote que alcanzó a los 10.000 pesos uruguayos. La tercera parte fueron dos lotes de una mesa y cuatro sillas cada uno, que alcanzó los $ 15.000 cada uno.
También se remataron tres fotografías en blanco y negro de Panta Astiazarán, entre ellas una de Juan Carlos Onetti, fechada en junio de 1976, donde se puede observar al autor de «El Astillero», sentado sobre el ventanal que daba a la plaza Libertad, leyendo un diario. Las fotografías se vendieron a $ 3.500 cada una.
El comienzo de la leyenda
La leyenda comenzó en 1939, cuando el entonces presidente de Brasil, Getulio Vargas, ante el gran excedente de café que poseía su país, decidió, como política promocional, obsequiarlo a Paraguay, Argentina y Uruguay. La condición impuesta por el primer mandatario fue que se preparaba igual que en Brasil: con filtro de tela y calentado a baño María.
Se inauguraba así en Montevideo el Café Sorocabana con varios locales centrales, el de la plaza Libertad, reducto de intelectuales, artistas y políticos; otro ubicado en la planta baja del Palacio Salvo, 18 de Julio y Andes y el de 25 de Mayo y Misiones, en cuyas mesas Mario Benedetti escribió «La tregua» durante sus horas de descanso laboral.
También existieron otros dos locales, de efímera vida, en los barrios de Goes y la Unión. En el interior del país, hubo varias sucursales: en Durazno, Minas, Melo, Rocha, Paysandú, Salto, Colonia y Mercedes.
Cuenta la historia que la sucursal de la plaza Libertad llegó a vender, en sus mejores épocas, 3.500 cafés diarios pero el récord fue el 16 de julio de 1950, cuando la Selección celeste dio el maracanazo. Ese día, la cantidad de pocillos de la humeante bebida alcanzó los 20 mil. El 12 de febrero de 1986, el Sorocabana de Plaza Libertad se prendió fuego, perdiéndose buena parte del mobiliario. Casi tres meses después, en mayo, volvió a reabrir hasta 1988, año en que se mudó a la calle Yi, entre 18 de Julio y Colonia. El 7 de setiembre de 2000 fue el principio del final. El Sorocabana, o lo quedaba de él, reabrió nuevamente en los altos de la Sala Zitarrosa, pero esta experiencia también fracasó. *
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