La gota que derrama el vaso
El límite tolerado para los conductores es de 0,80 gramos de alcohol por litro de sangre. Se llega a esta proporción, ingiriendo dos vasos de whisky o medio litro de vino o dos chopp de cerveza.
El consumo de bebidas alcohólicas, al incidir directamente en los reflejos de los conductores, suele ser la causa de numerosos accidentes al provocar la pérdida del control del vehículo y ocasionar errores de cálculo.
Los efectos del alcohol son inmediatos al pasar directamente al torrente sanguíneo. Al llegar al cerebro, el fluido narcotiza las neuronas dificultando primero e impidiendo luego la comunicación entre ellas.
Dosis de 15 a 20 centímetros cúbicos de etanol en la bebida diluida producen bienestar y calor en el rostro por vasodilatación periférica.
Aumentando hasta 34 cc, los reflejos disminuyen de forma homogénea.
La exactitud de los movimientos habituales automáticos, como andar y comer, disminuye sensiblemente, aumentando los errores hasta un 40%.
Con una alcoholemia superior a 0,25% gramos por litro de sangre, existe un doble riesgo de accidente, dado que el alcohol perturba los reflejos y acentúa la sensación ilusoria. *
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