La Liberty
«Se acabaron los escrúpulos. El presidente ha dado a la Agencia luz verde para hacer todo lo que sea necesario», declaraba al Washington Post, hace unos meses, una alta fuente del gobierno estadounidense. Se refería a la autorización de Bush a la CIA para realizar asesinatos fuera del territorio de EEUU. (Se ve que adentro los podían hacer cuando quisieran.) Permiso que había sido retirado desde los años setenta. (Es decir que los muertos desde aquel año hasta hoy, no se computan.)
«El presidente Bush dijo que no le importaba en realidad el riesgo humano que conlleven tales operativos, cuyo éxito o fracaso puede quedar oculto en un fichero de alta seguridad». (Siempre tan sensible él.)
Hoy, según The New York Times, Bush ha ampliado la licencia para matar de los agentes de la CIA. Ya no necesitarán la autorización previa del presidente y podrán llevar a cabo la «aniquilación de terroristas» aunque éstos sean estadounidenses y estén fuera del territorio de EEUU. Se habla de una lista de personas ya marcadas para la muerte. (Quién decide qué personas integran esa lista y por qué, no se sabe.)
Altos oficiales militares y de inteligencia aclararon que «solamente intentarán matar a los terroristas si capturarlos resulta impracticable y si se puede limitar la cantidad de heridos civiles». (Siempre tan sensibles, ellos.)
En el Pentágono están celosos y quieren que a las fuerzas del Ejército, como Delta Force o Seal Team 6, también las incluyan en esa autorización. Incluso proponen no informar a los países afectados, sean amigos o enemigos.
El más sensible de todos los yanquis, el ex secretario de Estado Henry Kissinger, declaró a The Washington Post: «Hay que dar por terminado el respeto a las soberanías nacionales, Estados Unidos debe asumir sin complejos la dirección de un imperio mundial».
La estatua de la Libertad ha dejado su antorcha en el piso porque con la mano que la sostenía, se está rascando el culo. *
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