O’Neill: ¿un chivo expiatorio?
Las renuncias coincidieron con la desagradable noticia de que la tasa de desempleo en ese país alcanzó 6,0 por ciento de la población económicamente activa en noviembre –frente a 5,7 en octubre–, por una supresión neta de otros 40 mil empleos, el recorte más grande desde febrero pasado, según admitió el Departamento de Trabajo.
O’Neill, un hombre chabacano, engreído y chapucero que metió en muchos problemas a la Casa Blanca por sus chambonadas diplomáticas, demostró no solamente poco tacto en sus relaciones con América Latina –en particular Brasil y Argentina–, sino sobre todo muy poco brillo en el cargo que ostentaba.
Pero la pregunta no es si O’Neill abdicó o lo obligaron a ello por esas conocidas insuficiencias y arbitrariedades, sino por un objetivo de mayor alcance, como es el de mejorar la imagen del presidente George W. Bush ante el empresariado nacional que conoce muy de cerca la incapacidad de la familia Bush en los temas económicos.
El viejo George Bush perdió su reelección precisamente por esa tara, y el mismo riesgo está corriendo su hijo. «Evidentemente la operación económica de la actual administración tiene algunos problemas y se están buscando cambios», dijo una fuente en Wall Street.
La respuesta más cercana a los motivos verdaderos de la salida de O’Neill del gabinete fue vertida en el propio Wall Street donde algunos inversionistas aseguraron que los asesores de Bush están cada vez más preocupados de que la discordante economía estadounidense pueda afectar las posibilidades de reelección de Bush.
Añaden que los consejeros presidenciales y responsables de imagen del presidente no culpan a O’Neill, pero reconocieron desde hace tiempo que una reorganización del equipo económico ayudaría a cimentar la popularidad del mandatario.
O’Neill ha jugado el papel de chivo expiatorio de una crisis económica estructural que se ha agudizado desde que Bush asumió la presidencia y tronchó el ritmo ascendente que por espacio de casi una década logró la administración anterior gracias a circunstancias irrepetibles, como la caída del sistema socialista europeo.
Desde hace bastante tiempo en los mercados de valores se insiste en que hay dudas e incertidumbre en el proceso de recuperación de esa economía, y no es por gusto ni por culpa de O’Neill aunque su voz fuera prima en el coro de quienes en la Casa Blanca juraron y perjuraron que la reanimación ocurriría este año que termina.
Los datos sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto, del consumo nacional, de los niveles de inventario, de la productividad y otros muchos, han estado generalmente en correspondencia con esa tendencia optimista y vistos globalmente dan una imagen de recuperación continua.
Esa idea de reanimación sobre la que aún persiste la Casa Blanca, entra en contradicción flagrante con anuncios aislados del acontecer diario, los cuales sí son el reflejo verdadero de la marcha de la economía de ese país.
Por citar los últimos acontecimientos baste recordar la bancarrota técnica de United Airlines; el desplome de los ingresos de AOL Time-Warner; las malas perspectivas anunciadas por Disney y Hewlett Packard en su balance del último trimestre; y la confirmación de Nokia de una reducción de diez por ciento en sus operaciones para 2003.
La producción industrial también ha estado bajando a pesar de los anuncios de crecimiento del PIB. En setiembre descendió 0,1 por ciento, en particular en el sector automovilístico, artefactos domésticos y equipos de comunicaciones, después de una disminución del 0,3 el mes anterior, lo cual refleja una debilidad de la demanda.
Las solicitudes de protección de bancarrota presentadas por individuos y empresas aumentaron doce por ciento en el tercer trimestre y llegaron al récord de 401 mil 306, según el Instituto de Bancarrota de Estados Unidos. Hasta el 30 de setiembre totalizaron un millón 547 mil 669, un 7,7 por ciento por encima de igual período del año 2001.
Esa situación la provoca una crisis estructural y es reflejo de lo que acontece en el plano macroeconómico. Por ejemplo, el índice de indicadores económicos, que predice la evolución económica a medio plazo, no varió en octubre tras caer 0,4 por ciento en setiembre, según The Conference Board, la organización que lo elabora.
«Los indicadores no apuntan hacia unas perspectivas más favorables. Las cifras decepcionantes sobre el desempleo y la producción en octubre reflejan el débil estado de la economía», dijo en un comunicado Ken Goldstein, economista de The Conference Board. Fue el quinto mes que ese índice vital no presenta ningún incremento.
Algo semejante sucede con el índice que mide la confianza de los consumidores estadounidenses en la economía que, salvo en setiembre, registró importantes bajas durante cinco meses consecutivos y cierra el año casi en veinte por ciento por debajo de la línea de referencia de cien unidades establecido en 1985, según The Conference Board.
En ese mismo plano está, como se ha visto, la propia subida del desempleo en noviembre, el nivel más alto desde julio de 1994, que se ha incrementado con más de un millón 500 mil desempleados nuevos que son responsabilidad de la administración de Bush.
Los estados de la nación, como entes individuales, reflejan también las insuficiencias de una economía que no anda bien, y la mayoría de ellos se verán obligados a recortar sus gastos sociales, principalmente en salud y educación en 2003 debido a que enfrentarán un déficit total de unos 40 mil millones de dólares.
Según advirtió el presidente de la Asociación Nacional de Gobernadores (NGA), Ray Scheppach, en una reciente reunión del grupo, la grave situación económica de los estados del país se mantendrá durante los próximos dos o tres años, con lo cual confirmaba que la crisis estadounidense no es coyuntural, sino sistémica.
La NGA estima que los problemas que arrastran los estados tienen su origen en la recesión iniciada en marzo de 2001, una caída en la recaudación fiscal del 6,0 por ciento por la política de recorte tributario de la Casa Blanca –algo que se produce por primera vez desde la II Guerra Mundial– y las pérdidas en las bolsas de valores.
El propio jefe de la Reserva Federal, el controvertido Alan Greenspan, admitió en su último informe al Congreso que la situación es delicada.
En cuanto al derrumbe de los mercados financieros, aceptó que los riesgos se han incrementado y no descartó que las caídas puedan ser mayores a medida que aumente la incertidumbre que provoca la cercanía de una eventual acción armada de Estados Unidos contra Irak.
Sobre los temores de que surja una deflación, Greenspan aceptó que están vigilando de cerca el asunto y es consciente «de que no podemos permitir que se nos acerque sigilosamente sin que lo veamos». El comité monetario de la Fed bajó el 6 de noviembre su tasa básica en medio punto, a 1,25 por ciento, su nivel más bajo en 41 años.
El economista canadiense Michael Parkin, reconocido estudioso de la temática, piensa que la economía de Estados Unidos marcha a una severa recesión o una depresión, debido a una situación insostenible por una muy baja tasa de ahorro y precios demasiado altos de acciones y casas.
La ola de escándalos financieros que sacudió este año a Estados Unidos y puso en tela de juicio a las más altas autoridades de la Casa Blanca, también es consecuencia de una crisis estructural y no coyuntural, que en eso atañe también valores morales y éticos que no han sido respetados por grandes empresas corruptas.
En fin, que en ese panorama no sólo está en juego la c
abeza de O’Neill que ha rodado por el suelo posiblemente para tratar de preservar las de sus jefes en las elecciones del 2004. *
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