PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

Pan caliente

 

«Tienen un montón de calorías», dice una señora gorda. «Es un postre europeo para comer cuando hay nieve», agrega un pelado haciéndose el canchero. Es que la panadería del barrio se empezó a tupir de «pan dulce». El viejo escribidor, mientras espera su turno para el pan, se hace el zorrito y no opina. Pero su balero ya se alborotó. Después de las amarguras de este fulero año capicúa, la gente quiere endulzarse la vida. Y viene bien un viajecito a las panaderías del ayer.

¡Vamos lectores cómplices! La edad no importa, ¡vamos todos juntos a los tiempos de la Vieja Capital!

Por Goes, cerquita de la Estación de Tranvías, estaba La Platense. Crujiente pan y masitas que te pudrían el bocho.

Con el imborrable Pirulo mirándote con sus gruesos lentes. Allí inventaron «las zapatillas», una delicia rellena de chantilly que enloquecía a los vecinos. Por el cordón, en la vieja Sierra casi el Puente, estaba Bottarini. Tenía el secreto del llamado «Pan de Gran», una especie de bizcochuelo con dátiles.

Llegaban corriendo los pibes de los conventillos de Paysandú. En un barrio bacán estaba la panadería «De Los Pocitos», por Chucarro y Mazzini. Con el querido don Domínguez, un maestro con las manos en la masa y lleno de anécdotas.

Como la de aquel misterioso cliente que caía de tardecita «envuelto en una capa muy roja». Era un caballero que vivía en un cercano palacete, pero el patrón no se achicaba y charlaba de igual a igual con aquel mítico «señor Pitamiglio».

Por la Ciudad Vieja, las panaderías Del Cabotaje y la Primera Artigas surtían de galletas y flautas a todo El Bajo montevideano. Sus jardineras, con caballitos repicando los cascabeles, trillaban los adoquines.

En la Placita Zabala, los changadores las paraban a los gritos para comprar el humeante marsellés. En el entrañable Cerrito de la Victoria, la Artigas hacía capote. Sus carritos del reparto trepaban la subida de las callecitas. Y en todas esas casas compraban las tentadoras medialunas y ojitos de vainilla.

Sonaban las tempraneras campanas de la iglesia del Cerrito y se confundían con el trotar de la amarillenta jardinera.

Un dulzón aroma a pan caliente va quedando atrás, pero lo que nunca quedará atrás son estas ganas de recordar las estampas del irrepetible Montevideo del ayer.

Los esperamos sábados y domingos, a las 19.00 en 1410 AM LIBRE. *

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