Una rosa blanca
La cosa fue así. Recibo una llamada telefónica de Carlos Medina, que fue quien realizó el busto del Che. El que robaron y balearon y también el que volvieron a poner y volvieron a balear los que ignoran que el Che no está en el bronce sino en las manos y el corazón de Medina y de todos nosotros. No hay bala que pueda herir su ejemplo y mucho menos alcanzar sus sueños y utopías.
Medina además de esculpir compone canciones. Y es por allí que viene la invitación ya que ha musicalizado varios poemas de José Martí que iban a ser presentados en una pequeña reunión a realizarse en la cálida Bodeguita del Sur de la Casa de la Cultura y Amistad, Uruguay-Cuba.
Y allá fui, ya que la cuestión, además de todo, preanunciaba un buen ron cubano.
Pero hete aquí, chico, que había más sorpresas y con algo más que sabrosura. Carlos mostró sus canciones interpretadas con respeto y sentimiento. Al terminar de cantar me entero que allí junto al Cónsul General de Cuba Lic. Gortázar Marrero se encontraba el Doctor Renio Irenio Díaz Triana del Instituto de Estudios Martianos de La Habana, que con motivo de cumplirse los 150 años del nacimiento de Martí había dado una charla el día anterior en la Universidad de la República. En ese ambiente íntimo, casi familiar, Díaz Triana habló de Martí.
Y habló con gran erudición pero como quien habla de un amigo y al poco rato cada uno de los que allí estábamos sentimos que aquel hombre que supo escribir en sus Versos Sencillos: «Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar», también era nuestro hermano y su luz podía ser reencontrada en los ojos de Fidel o el Che.
Le agradezco a Medina el haberme invitado y más le agradezco al darme la oportunidad de ver por primera vez a un economista que sonreía y te hacía sonreír y que no sólo le entendías todo sino que ¡estabas de acuerdo con él!: Angel Morales Alemán, otro cubano.
Cultivo una rosa blanca por ellos y por Cuba, y brindo con este ron. *
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