Aborto: ¿el triunfo de la moralina?
En esa contratapa anterior a que hago referencia, sostenía que la penalización de la práctica del aborto (como suele ocurrir con muchos castigos) ha tenido un nulo efecto disuasivo. La realidad de las cifras indica que, a pesar de la prohibición legal, el número de abortos no ha disminuido y que sí han aumentado las muertes como consecuencia de su práctica clandestina y sin el debido control de parte de Salud Pública. Dicho de otro modo, la perspectiva de sufrir una pena no desestimula a la mujer (o a la pareja) que por la razón que sea ha decidido interrumpir su embarazo. La conclusión, entonces, es que la única razón de ser de la pena es la expiación de la culpa.
Dejando de lado las razones supuestamente jurídicas, ingresemos a las que se sustentan en consideraciones médico-filosóficas. Mi escasa formación científica me inhibe de rebatir la afirmación de que no bien un espermatozoide fecunda un óvulo, ya estamos en presencia de un nuevo ser humano y que por tanto, el aborto es lisa y llanamente un homicidio. El asunto es que, siguiendo esa línea de razonamiento, al usar un profiláctico evitamos la fecundación, con lo cual el condón también es responsable de asesinato pues está matando un proyecto de ser humano; ni qué hablar de las píldoras anticonceptivas, que impiden la ovulación, o peor aun ciertos métodos mecánicos que evitan que el huevo (el óvulo ya fecundado) se fije en la pared del útero.
Con este criterio, la única conclusión posible es que hay que proscribir todo medio de contracepción y asumir que el único fin de la actividad sexual debe ser la procreación, con lo que entramos ya en el terreno de los dogmas religiosos.
Ya sabemos que los fundamentalistas castigan severamente todas las prácticas anticonceptivas. Y no debería asombrarnos si tenemos en cuenta que hasta llegan a condenar la masturbación porque no le perdonan a Onán haber vertido su simiente sobre la tierra y desperdiciar así sus posibilidades procreativas.
Entonces, no nos hagamos más trampas al solitario: como bien ha dicho un jurista, con la penalización del aborto lo que se está incriminando en realidad es el sexo por placer.
Pero para desgracia de los devotos de religiones que castigan el placer, la hembra de la especie humana no tiene períodos de celo como otras bestias de la creación: la infame pecadora está siempre dispuesta a entregarse a la lujuria y arrastra consigo en su frenesí lúbrico al pobre e inocente macho…
Esto el hecho de que hombres y mujeres estén dispuestos a tener trato carnal en cualquier época del año y en cualquier circunstancia propicia es todo un dolor de cabeza para los ascetas y misóginos que proclaman la abstinencia como único método contraceptivo.
En última instancia, la culpa de todo la tiene el mismísimo Tata Dios, al dar a la especie humana esta peculiaridad que la distingue de las otras. ¡Qué problema! ¿No? Y bueno, el que emprende obras de tal magnitud como crear el universo corre el riesgo de meter la pata.
Otros militantes antidespenalización del aborto entienden que el proyecto de ley no resuelve el problema del embarazo no deseado, cuya solución es de carácter educativo.
¡Excelente idea! Justo en un país que ha venido descuidando la educación y justo en momentos en que las tijeras implacables del MEF jibarizan o directamente eliminan toda política social. ¿No es ilusorio por no decir hipócrita un planteo como ese? ¿Con qué dineros se asistirá a las gurisas de los cantegriles para inculcarles pautas de comportamiento sexual que les permitan evitar embarazos no deseados? ¿Cómo pretender inducirlas a tener conductas sexualmente responsables si viven en la irresponsabilidad y al margen de todo parámetro? ¿No han pensado que además de educación sexual debería proporcionárseles educación a secas y un mínimo de bienestar material?
Mientras se sigue discutiendo, se verifica la defección de algunos legisladores que al principio estaban a favor de la iniciativa y se posterga una decisión sobre el asunto. Parece que todo seguirá como hasta ahora: las mujeres de clase alta (la mayoría de ellas educadas en los valores cristianos) podrán seguir asistiéndose en prestigiosas clínicas (clandestinas pero toleradas por la gente bien); las de clase media se las arreglarán operación en la Caja Nacional mediante con alguna partera más o menos idónea; y las pobres, que se jodan… ¿para qué son pobres, además de pecadoras?
(*) Periodista
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