EL CENTRO LATINOAMERICANO DE DESARROLLO ORGANIZO CONFERENCIAS PARA HACER PUBLICO EL DRAMA

El abuso sexual crece en silencio

 

Los abusos se enmarcan en un nivel socioeconómico medio-medio bajo, y dentro de las características más comunes el agresor es el padrastro, siendo la menor proporción de casos el padre biológico.

Para hacer frente al problema el Centro Latinoamericano de Desarrollo (Celade) viene llevando a cabo en Colonia del Sacramento desde el pasado 23 de noviembre y hasta enero de 2003, jornadas especiales de análisis y reflexión que cuentan con los auspicios del Ministerio del Interior y de la Jefatura de Policía de este departamento, y de las que participan educadores, magistrados, funcionarios de la Junta Departamental y de la Intendencia, como así también personal policial.

«Es un tema que enfrenta encrucijadas que deben ser estudiadas una por una, por el clima emocional que despierta intensas movilizaciones personales en cada uno de los actores», explicó a LA REPUBLICA el licenciado Mario Marenco Sosa, director general del Celade.

«Por su magnitud y por la gravedad de las consecuencias, el abuso sexual infantil debería tener un lugar prioritario como problema social que está emergiendo rápidamente en nuestra sociedad, donde sin embargo, a pesar de haberse promulgado una ley de violencia doméstica, no refleja en intensidad las políticas públicas a seguir ni aún en los ámbitos académicos», acotó Marenco.

De eso no se habla

Para el Celade «el hecho de que se trate de situaciones tan dolorosas y del mundo privado, hace que mucha gente prefiera no hablar, pero la neutralidad está alentando a un mayor número de casos en todo el país».

«Sólo una fracción de las violaciones son denunciadas, y las fuentes de datos, ya sean policiales, hospitalarias o judiciales, no reflejan la realidad de este tipo de violencia que va en aumento y abre una brecha demasiado profunda en el impacto emocional y traumático en la misma víctima», sostienen los técnicos de la institución.

Ante ese panorama, las jornadas de Colonia han puesto sobre la mesa de trabajo no sólo ejemplos ilustrativos concretos sino cómo poder actuar ante esos casos.

«En la práctica», afirma el licenciado Marenco Sosa, «se requiere no sólo de capacitación sino de coordinación de los pasos a dar».

«Hay iniciativas interesantes que no dejan sin embargo de ser más que voluntarismo en medio del aislamiento, y no podemos olvidar los escasos recursos estatales para poder proseguir adecuadamente una labor y la carencia de una serie de autonomías que deberían tener estructuras adecuadas y más rígidas», acotó el profesional.

Características del abusador

De acuerdo a los estudios realizados por el Celade, «todos los abusadores sexuales revelan episodios similares sufridos en su infancia». Casi en un 95% son varones, y no todos presentan perfiles agresivos, ya que los hay educados, cooperadores, de buen comportamiento y que hacen todo lo posible para agradar y ser aceptados por los demás.

«El abusador sexual, como transgresor»  dicen los investigadores  «tiene facilidad y experiencia para manipular las percepciones, las emociones y juicios de los demás, distorsionando la realidad, de manera que le resulta más conveniente». «Por lo tanto», advierten, «no es de extrañar que también manipulen a sus intereses al investigador que lo interrogue, con el fin de obtener la libertad condicional».

Frente a este drama, todas las instituciones representadas en las jornadas de Colonia coinciden en que «debe existir un compromiso más agudo de la sociedad civil, porque las políticas sociales públicas no contemplan ni trazan puentes entre la letra fría de la ley y su aplicación, que no es más que el involucramiento y responsabilidad compartida de todos los actores sociales frente a grietas imposibles de cerrar».

El licenciado Mario Marenco sostuvo que «en Uruguay queda mucho por hacer en este campo» y demandó la puesta en marcha de «verdaderas campañas de divulgación masiva, cuestionamientos a posturas que obstaculizan y frenan las investigaciones, como por ejemplo, el retiro de denuncias.

Reclamó además la «capacitación de docentes y profesionales que están en contacto con la temática» y la creación de «un banco de datos a nivel nacional, donde se recopilen todas las investigaciones sobre métodos de detección y prevención del abuso sexual».

«Estamos librando una guerra contra un enemigo despiadado, destructor de hogares, que involucra miedos íntimos y prejuicios», subrayó Marenco.

Por eso enfatizó en la necesidad de «armar redes para combatir esta figura delictiva, mediante la movilización de emociones de nuestra sociedad civil».

Esa labor, según el Celade, debe tener como uno de sus objetivos fundamentales «la educación y la familia, y dentro de ésta a los que por el momento no tienen voz propia, que son las víctimas, cuya franja etaria más importante se sitúa entre los 12 y los 17 años de edad». *

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