salud mental

La salud y las emociones durante la pandemia del COVID-19

Para aprender a navegar estos tiempos, es importante atender a aquellas voces que con sabiduría nos puede ayudar.

 

Foto: UNsplash / Haydn Golden
Foto: UNsplash / Haydn Golden

Nota a partir del Podcast Humana +2 por el Coordinador
General de los cursos de Educación en Salud y Programa de Salud
Cardiovascular del Hospital Británico, Dr. Roberto Superchi

Afines del 2019 hubo un profundo cambio en la si tuación sanitaria del mundo entero con la llegada el COVID-19 y todas las personas del planeta nos vimos afectadas.

Se han acentuado actitudes, creencias y el modo en cómo funcionamos. Algunos más cautelosos, otros temerosos, sintiendo mucha ansiedad frente a la amenaza, a la incertidumbre y ante la impotencia de no poder controlar el riesgo a enfermar. Muchos han sentido miedo y enojo y eso genera un gran sufrimiento. Otras personas lograron mantenerse increíblemente quietas, dejando de ser productivas, postergando logros, y eso inevitablemente las hizo batallar con la insatisfacción. Ha sido una verdadera prueba para los seres humanos.

Venimos de experiencias y recorridos de vida diferentes, que nos van condicionando a la hora de tomar decisiones. Nuestra experiencia genera archivos que nos aconsejan en el momento de tomar decisiones, como si fuera un copiloto en este recorrido, condicionando nuestras respuestas. Las emociones y los estados de ánimo son el idioma en que estos archivos se expresan de manera convincente.

Así funcionamos, en forma automática, sin reflexionar mucho sobre lo que decidimos. Cargados de creencias, actitudes, condicionamientos con muy poca capacidad de cambio, porque somos así y si nos genera sufrimiento, nos resistimos. Basta con que nos demos cuenta para que podamos revertirlo.

El coronavirus, entre otras cosas, nos ha dado la oportunidad y el tiempo para hacerlo. Si me siento bien, conforme, en paz, seguro: adelante. Pero, ¿y si no? Si esta realidad me genera estados de ánimo difíciles, emociones desagradables, sufrimientos: debo reflexionar.

Esto es personal, no a todos les sucede lo mismo. Depende de cómo estoy viviendo y sintiendo lo que sucede en el afuera, algo puedo hacer para aliviarme. Ya entendí que no puedo manipular a mi antojo, que funciono predominantemente en automático y que la intensidad de esta situación solo profundiza mis conductas y mis decisiones.
Con estados de ánimo cada vez más intensos.

¿Pero qué más pasó?

Casi todo el mundo se detuvo, se postergaron negocios, fiestas, viajes, transacciones, reuniones, competencias, espectáculos, etc. Todo se postergó porque surgió una amenaza para la existencia a la vida. Por primera vez en estas generaciones, parecería que el valor vida estuvo por encima de los otros valores y se tomaron decisiones para protegernos. Hasta optamos por separarnos para cuidarnos a nosotros y a los demás.

Por primera vez en estas generaciones, parecería que el valor vida estuvo por encima de otros valores y se tomaron decisiones para protegernos.

Si bien reflexivamente declaramos cuidar nuestra vida y la de los seres queridos, funcionando en automático, nuestras prioridades se van distorsionando y nos postergamos, no respetamos nuestro descanso, los tiempos, la alimentación, nos sobreexigimos y hasta hablamos mal de nosotros mismos. Es así que por la vía de los hechos, por seguir nuestras rutinas sin detenernos a pensar en lo que queremos,
distorsionamos el valor de los que nos guía. Nos volvemos competitivos, vamos tras logros que el entorno nos empuja hasta el grado de sentir que lo que nos amenaza son los demás humanos y nos da miedo no tener el control.

Dedicamos pocos momentos para ser observadores, para reflexionar, funcionamos en forma automática la mayor parte del tiempo. No dejemos que estos momentos pasen en automático, atesorémoslo, tengamos conciencia de lo que también nos deja la pandemia. Nos unimos para cuidar la vida.

Cuando este tiempo quede atrás, en lugar de salir como autómatas, a cumplir con nuestro recorrido, sepamos ser más cuidadosos de nuestra vida y la de los demás. Seamos exitosos, generosos, competitivos, pero no al grado de atentar contra este valor máximo que es la vida. Tengamos en cuenta, sepamos cuando poner límites a nuestras ambiciones o a nuestra agresividad o exigencia, seamos capaces de seguir cuidándonos y cuidando al otro.

Démonos cuenta de que en estos tiempos de coronavirus hay cosas que sí dependen de cada uno de nosotros, están en nuestro interior, tienen que ver con nuestros valores y que tal vez si elevamos el deseo de nuestra vida, si lo disfrutamos, si tomamos decisiones para estar sanos, lograremos sentirnos más coherentes, más dignos, más satisfechos, más solidarios, menos manipulados, menos frustrados y más libres.

Van a seguir apareciendo dificultades, debemos asumirlo y ver que hacer con ellas, tomemos decisiones que nos tengan en cuenta a nosotros mismos. Con nuestra mente podemos seguir un recorrido de sufrimiento que nos destruye y daña al otro, en el que
el estrés, como si fuera una alarma encendida, nos avisa que estamos corriendo tras metas inventadas, postergando y maltratando nuestra vida. Pero podemos darnos cuenta que cuando nos hacemos cargo en forma consciente de cuidar la vida, de querer mantenernos vivos, tomamos decisiones que permiten que mi vida y la de la especie se perpetúe.

No es fácil, nadie lo puede hacer por nosotros, comencemos poco a poco, hagámonos cargo, recuperemos nuestra identidad, seamos incondicionales con nosotros y desde allí podremos ayudar a otro a integrarse a esta tarea de vivir, evolucionar y mejorar nuestro entendimiento sin necesidad de mostrarle a nadie que somos mejores. Veamos al otro como nuestro igual, aunque puede estar en un momento diferente de vida, tener actitudes y valores distintos, no como un rival; es un ser humano al que podemos ayudar, con el que nos podemos comunicar e integrarnos, como seres de una misma especie.

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