Dicen que es un posible sucesor de Juan Pablo II

El cardenal Jorge Bergoglio y los crímenes de la dictadura argentina

Otros, más sofisticados, dicen que debería pensarse además en el arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, acaso influenciados de cómo monseñor Karol Józef Wojtyla llegó al sillón de San Pedro en los tiempos de mayor oposición al gobierno comunista de Polonia.

Acaso los analistas deberían comenzar a pensar mejor sobre si Bergoglio, un jesuita además, podría seguir siendo un papable, luego de que se conociera estos días un impactante libro de Horacio Verbitsky, «El Silencio», que cuenta con detalles espeluznantes los vínculos entre la jerarquía eclesiástica argentina con la dictadura sangrienta de los ’70, en la represión efectiva de esos años y la de la cúpula eclesial con la Marina, que manejaba la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA).

Conviene tener en cuenta que a los edificios de la ESMA fueron llevados casi todo montonero (miliciano peronista), apresado ilegalmente y religiosos con los ideales del Concilio Vaticano II, es decir, la asamblea que adoptó avanzadas posturas progresistas.

Vale la pena aclarar dos cosas: que una gran mayoría de militantes montoneros llegaron del seno del catolicismo y que la Armada de esos tiempos, por comenzar su mandamás, el ex almirante Emilio Eduardo Massera era un reconocido masón.

En «El Silencio», pasan sin solución de continuidad casos de secuestro y desapariciones de militantes de catequesis de aquel Concilio, entre ellas Mónica Mignone, hija de Emilio Mignone, un prominente católico que dedicó por ese y otros casos su vida, para lograr justicia y verdad. Es el fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una de las más importantes ONG’s dedicada a la lucha por los derechos humanos.

 

Propiedad que fue eclesial, campo de concentración

En esas situaciones Verbitsky vincula al actual cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, particularmente con los casos de secuestros de los jesuitas Orlando Virgilio Yorio y Francisco Jalics, en 1977. Los dos eran entonces sacerdotes de la villa miseria del Bajo Flores.

El autor no sólo recoge los testimonios condenatorios contra Bergoglio, sino que da espacio a que el propio cardenal diera sus explicaciones, así como a una histórica en la lucha por los derechos humanos, la abogada Alicia Oliveira, amiga del cardenal.

En este trabajo llamado a tener una repercusión más allá de la Argentina, se llega a sostener que el cardenal papable estuvo presente en un interrogatorio a uno de los jesuitas secuestrados.

Y con documentos del Palacio San Martín se constata su doble discurso.

Por un lado, pidiendo por nota que se le renovara el pasaporte al padre Jalics, refugiado en Alemania y por el otro dándole a la cancillería una definición descalificadora del refugiado, que justifica la negativa a otorgarle a Jalics el documento esencial.

«El Silencio» no es como podría suponerse, la actitud «prudente» de la Iglesia en los años del terror (con muchas excepciones dignas, que costaron vidas como la de monseñor Enrique Angeleili). Es como se llama una isla, entre las más de 350 que forman el Delta (el Tempe argentino, la llamó Marcos Sastre), que era propiedad de la Iglesia, donde reposaba Antonio Caggiano, un ultra conservador que comandó la Iglesia.

En 1979 debía llegar (y llegó) al país, una delegación de la Junta Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y en aquel lugar de reposo espiritual se instaló una subsede de la ESMA, un campo de concentración en una propiedad eclesiástica.

La Iglesia había vendido la isla a la ESMA poco antes de la llegada de la CIDH, adonde fueron instalados lejos de esos ojos escrutadores, prisioneros de la Armada.

Otro documento aterrador del autor de «El Vuelo» donde el capitán Adolfo Scilingo (actualmente juzgado en Madrid) reveló por primera vez cómo se arrojaba vivos al Río de la Plata a los detenidos-desaparecidos, refiere a los verdugos de esos tiempos.

Sería bueno que los cardenales que se reunirán en Roma, antes de que digan «papa habemus», lean lo que revela Verbitsky. *

Bergoglio es Francisco I, el nuevo papa: 76 años, argentino. primer americano y jesuita en el trono católico, acusado de cómplice de la dictadura

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