Sigue la guerra

Evacúan cientos de civiles de Mariúpol ante nuevas agresiones de Rusia. Putin pierde apoyo de oligarcas

El ejército ruso no parece querer retroceder y el ucraniano no afloja en la defensa de su territorio. Adentro, oligarcas le retiran el poder a Putin porque sus activos en el mundo siguen bloqueados o incautados.

 

Organizaciones humanitarias luchan contrarreloj desde esta semana para evacuar residentes de la casi totalmente destruida ciudad portuaria de Mariúpol, sin embargo cientos de ellas sigue encerradas en las instalaciones de la siderúrgica Azovstal, el último bastión de resistencia de los combatientes ucranianos.

Un importante grupo de civiles evacuados llegaron el lunes a otra ciudad cercana, controlada por el ejército ucraniano, al norte de Mariúpol, y agencias de noticias internacionales aseguran que los rusos reanudaron los bombardeos ni bien los autobuses abandonaron la planta acerera, de acuerdo a un funcionario gubernamental de la localidad.

Putin ordenó semanas atrás pasar de una estrategia de ataque a una de asedio, encerrando y cortando todos ingresos de comida y municiones a los militares ucranianos atrincherados en Azovstal. Informes indican que ya se estarían quedando son comida y agua, y las medicinas empiezan a escacear.

“La situación se ha convertido en una señal de una verdadera catástrofe humanitaria”, dijo a Reuters la viceprimera ministra ucraniana, Iryna Vereshchuk.

A poco más de dos meses de que Putin inició con lo que él tituló “operación especial” en Ucrania, algo que el mundo ha calificado de invasión a un país soberano, las tropas avanzan poco y muy lentamente, según medios occidentales.

Y es que en las filas rusas el ánimo estaría flaqueando, tal como redacta el diario británico The Mirror, que publicó este lunes que fuentes rusas y de inteligencia occidentales indican que “los militares están indignados porque los bombardeos en Kiev han fallado”, impidiendo que Putin pueda tomar el poder de la capital ucraniana que poco tiene que ver con el Donbás, la región que supuestamente iba a “ayudar” con la guerra.

The Telegraph asegura que “el ejército ruso busca venganza por los varios fracasos de días pasados y quieren ir más allá en Ucrania”. El secretario de Defensa del Reino Unido, Ben Wallace, expresó el jueves pasado que es altamente probable que Putin anuncie una movilización general “declarando que ahora está en guerra con los nazis del mundo y necesitamos movilizar en masas al pueblo ruso”.

Imagen aérea de la siderúrgica de Mariúpol
Imagen aérea de la siderúrgica de Azovstal, en Mariúpol

¿Putin pierde apoyo?

Publicaciones del diario estadounidense The Washington Post afirman que la agresión militar empieza a sufrir grietas hacia adentro de Rusia. Si bien las encuestas muestran un abrumador apoyo de la ciudadanía a Putin, también vale recalcar que existe una visión casi única de los medios de comunicación locales, al tiempo que se han prohibido emisiones de medios internacionales críticos a la guerra.

El rotativo norteamericano afirma que hay facciones entre la élite rusa cada vez más marcadas, lo que llevó a algunos magnates otrora amigos de Putin a ponerse en contra de que la guerra siga adelante. Principalmente, aquellos que hicieron sus fortunas previo a la llegada del mandatario derechista al poder, serían los que estarían empezando a sentirse inquietos con el elefantiásico gasto militar que conlleva el conflicto bélico.

Todo esto es porque sus negocios, patrimonios y activos, están siendo afectados por fuertes y copiosas sanciones impuestas por decenas de países de todo el mundo: decenas de miles de millones de dólares de magnates rusos están bloqueados, y sus bienes físicos en países de la OTAN están embargados.

La Casa Blanca volvió a presionar a los oligarcas el jueves, al anunciar una propuesta para liquidar sus activos y donar las ganancias a Ucrania.

También hay divisiones adentro del Kremlin: en días pasados renunció Anatoly Chubais, enviado especial sobre Desarrollo Sostenible y articulador de las privatizaciones durante la era de Boris Yeltsin. También dimitió Elvira Nubiullina a su cargo en el Banco Central de Rusia, después de la jenga de sanciones que se acumulan unas sobre otras, pero Putin le prohibió dejar la entidad, según cinco fuentes familiarizadas con la situación.

El Post prosigue diciendo que varios multimillonarios rusos, altos banqueros, un alto funcionario y exfuncionarios, que hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias, contaron cómo ellos y otros de la élite económica y política se aíslan cada vez más a Putin.

El círculo íntimo está dominado por un puñado de funcionarios de seguridad de línea dura, fieles al Kremlin y al presidente.

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