bioseguridad

MIT: China usó tecnología de EE.UU. para crear un tipo de coronavirus con bajos estándares de seguridad

La revista científica del MIT remarca que el origen del SARS-CoV-2 aún es incierto, pero que el Instituto de Virología de Wuhan trabajó sobre el desarrollo genético de un científico estadounidense usando niveles de seguridad demasiado bajos.

Edificio del Instituto de Virología de Wuhan. Foto cortesía de Global Times de China / VCG
Edificio del Instituto de Virología de Wuhan. Foto cortesía de Global Times de China / VCG

En el año 2013, el científico experto en epidemiología Ralph Baric, oriundo de los Estados Unidos, se acercó a la científica Zhengli Shi, del Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por sus siglas en inglés) ubicado en China.

Baric, uno de los más respetados expertos del mundo en coronavirus, ha publicado cientos de artículos al respecto y Shi junto con su equipo había estado trabajando en tipos de coronavirus descubiertos en el guano de murciélagos en cuevas.

Shi había detectado el genoma de un nuevo virus, denominado SHC014, uno de los dos parientes más cercanos al virus del SARS original, pero su equipo no había podido cultivarlo en el laboratorio, explica la revista científica MIT Technology Review (MTR), una de las más respetadas del mundo.

Baric había logrado resolver ese “problema” usando una técnica de genética inversa para los coronavirus: primero, pudo darle vida a un virus real a partir de su código genético y luego pudo mezclar y combinar partes del varios virus distintos. Cuando se acercó al WIV propuso tomar un gen ‘espiga’ del SHC014 y trasladarlo a una copia genética del virus del SARS que él ya tenía en su laboratorio. La molécula ‘espiga’ es como una llave que permite al virus abrir ‘la puerta’ de una célula e ingresar. La quimera resultante demostraría si la espiga de SHC014 se adheriría a las células humanas.

Si el WIV le daba el apoyo necesario, Baric tenía pensado desarrollar su proyecto a largo plazo para crear medicamentos y vacunas universaes contra un amplio espectro de virus similares al SARS, que viene siendo la fuente de las últimas pandemias más importantes, especialmente aquellas salidas de Asia.

“Baric le preguntó a Shi si podía acceder a los datos genéticos de SHC014”, prosigue el MTR. “’Ella tuvo la amabilidad de enviarnos esas secuencias casi de inmediato’”, recuerda el experto.

Su equipo introdujo el virus modificado con ese código en ratones y en una placa de Petri de células de las vías respiratorias humanas. Efectivamente, la quimera mostró una “replicación robusta” en las células humanas, la evidencia de que la naturaleza estaba llena de coronavirus listos para saltar directamente a las personas, prosigue la revista.

El estudio de Baric avanzaba mientras tanto en Estados Unidos financiado por los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH, por sus siglas en inglés) que en un determinado momento decidieron detener el flujo de fondos para sus experimentos de ‘ganancia de función’ (experimentos que aumentan la transmisibilidad o virulencia de ya peligrosos) sobre el SARS, MERS (que también surge por un coronavirus) y la gripe hasta que se evaluara la seguridad de dicha investigación. Eso paralizó la investigación.

Distintos niveles de seguridad

El virólogo había publicado un resonado artículo en 2015 titulado El grupo de coronavirus de murciélagos similar al SARS muestra potencial para la emergencia humana. Explicaba cómo utilizaba tecnología genética de vanguardia para alertar a los países sobre el inminente peligro de una pandemia. También reavivó las preocupaciones sobre los experimentos de ganancia de función, algo que sabía que sucedería.

El NIH decidió que valía la pena el riesgo y continuó con la financiación del trabajo de Baric en el WIV, que en seguida utilizó su tecnología genética inversa para fabricar numerosas versiones ‘mutantes’ de coronavirus.

La diferencia es que en Estados Unidos se estaban siguiendo estrictos estándares de bioseguridad, mientras que en China cambio significativamente el nivel de riesgo: “El trabajo chino se llevó a cabo en el nivel de bioseguridad 2 (BSL-2), mucho más bajo que el BSL-3 + de Baric”, dijo el Review.

“La causa de la pandemia de la COVID-19 sigue siendo un misterio, y Shi asegura que su laboratorio nunca encontró el virus SARS-CoV-2 antes del brote de Wuhan. Pero ahora que las autoridades estadounidenses han dicho que se debe investigar la posibilidad de un accidente de laboratorio, la atención se ha centrado en la financiación estadounidense de la investigación menos segura del laboratorio de Wuhan”, alerta la revista en su artículo destacado de esta semana.

Baric y otros científicos han remarcado que, de haber salido de un laboratorio, no fue un hecho deliberado sino que fue “un error”. Michael Lin, bioingeniero de la Universidad de Stanford, en California, aseveró que trabajar sobre virus de murciélagos potencialmente pandémicos con un nivel de bioseguridad BSL-2 “es un verdadero escándalo” por los riesgos que esto representa.

Esta discusión llegó a la política: el senador republicano estadounidense Rand Paul acusó al director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los NIH, Anthony Fauci, de financiar la investigación de «supervirus» en Estados Unidos y de «cometer un gran error» al intercambiar información técnica con China.

Fauci negó la acusación, afirmando categóricamente: “El NIH nunca ha financiado, ni lo hace actualmente, la investigación de ganancia de función en el Instituto de Virología de Wuhan”.

 

 

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