MAURICIO VICTORINO, EL RECIO ZAGUERO

"Hay que seguir con la misma mentalidad"

El zaguero es uno de los «créditos» del maestro Tabárez, para la semifinal ante Holanda, mañana en Ciudad del Cabo, donde llega «confiado» y sabiendo que en su sangre hay genes de campeón mundial.

Hace casi 30 años, Uruguay y la FIFA festejaron el primer medio siglo de la competición ecuménica organizando un ‘Mundialito’ en el que participaron cinco de los seis campeones hasta entonces, pues Inglaterra declinó la invitación y fue sustituida por Holanda, por ser finalista en 1974 y 1978.

En aquel equipo Celeste formaba parte Waldemar, el tío de Mauricio, quien con 3 tantos fue el goleador del torneo que ganaron los uruguayos. El tanto más importante lo anotó en la final ante Brasil (2-1), pero también hizo el segundo en el primer partido (2-0) ante la ‘Oranje’.

Asimismo, su tío Waldemar, el que lo metió en el fútbol, también se consagró campeón mundial al ganar en 1980 la Intercontinental con la camiseta de Nacional, en Tokio, frente al Nottingham Forest inglés (1-0), cuando el ganador de la Copa Libertadores chocaba únicamente contra el vencedor de la Copa de Campeones, actual Champions, para definir al mejor del planeta.

El tío Waldemar también fue elegido mejor jugador de aquella final en Japón, previa a la consagración total en el Mundialito.

Por todos esos antecedentes de buena casta, en la familia Victorino sueñan despiertos de cara a mañana. Más aún después de escuchar al ‘niño mimado de la familia’, incluso contradiciendo a su técnico Oscar Tabárez, al decir que «no existe favoritismo» para esta semifinal con Holanda.

«El que haga mejor las cosas es el que va a estar en la final», apuntó el central de la Universidad de Chile con pasado en la Liga mexicana.

A sus 27 años, el jugador ha tenido una corta trayectoria como internacional celeste, pero desde su regreso a la convocatoria, Tabárez siempre encontró respuestas en el ‘Patrón’, puro músculo en sus 182 centímetros.

«No es sólo meter. Hay que dejar todo pero también jugar al fútbol, tener un balance entre las dos cosas», se desmarca el central, quien sabe que ante Holanda habrá que poner ingenio para detener a Arjen Robben y Wesley Sneijder.

«No hay que excederse en la confianza. Hay que seguir con la misma mentalidad. El grupo siempre tuvo la fuerza para salir adelante y acá estamos», sotiene tras la milagrosa clasificación a semis ante Ghana.

Sus primeros pasos como juvenil los dio en el modesto club Progreso, pero el tío Waldemar Victorino llevó a su sobrino Mauricio, con 20 años, a su querido Nacional para que despegue.

No podría haber tenido mejor tarjeta de presentación: su tío Waldemar había sido campeón uruguayo, de la Libertadores y de la Intercontinental con el equipo tricolor, siempre consangrándose goleador.

Allí Mauricio comenzó a hacerse un nombre y a fines de 2006 Tabárez lo convocó para la Celeste, con la que hoy sueña consagrarse campeón mundial, como alguna vez fue su tío.

«Es un orgullo, yo personalmente no lo tomo como una presión extra. Ahora no solo estamos representado a un país, sino a todo el continente y esto lo llena a uno de orgullo», subrayó el defensa Mauricio Victorino.

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