Miles de evangélicos denunciaron ayer la corrupción y los antivalores
MARCELO BUSTAMANTE
«Â¡Estamos viviendo los últimos días, es hora de acercarse a Dios!», proclamaron ayer miles de cristianos, en el marco de la multitudinaria «Marcha Por Jesús», que recorrió en la soleada tarde unos tres kilómetros, desde el Obelisco de los Constituyentes al Palacio Legislativo.
Sobre Uruguay, enfatizaron: «No sólo necesitamos un país líbre de aftosa sino libre de antivalores y corrupción política, abuso sexual, manipulación genética y adicciones».
Un barbado cristiano en medio de la avenida Fernández Crespo se acercó a un joven que estaba sentado en la vereda y le propuso acercarse a Cristo. La respuesta fue una negativa con la cabeza. Inmediatamente y sin pronunciar palabra alguna, el muchacho esbozando una sonrisa, se recogió el pantalón deportivo de su pierna derecha y con su dedo le mostró una figura tatuada en la parte inferior de su pierna: era la del diablo.
El intento evangelizador quedó frustrado, pero el sorprendido evangélico continuó su marcha junto con miles de personas y cuando salió de su estupor, retomó nuevamente su prédica con diferente suerte.
Eran las 14 horas de una tarde soleada, cuando una animosa multitud cantaba, bailaba, elevaba plegarias y distribuía volantes entre los peatones. La tradicional Marcha Por Jesús alcanzó su instancia de mayor intensidad.
Decenas de iglesias evangélicas de Montevideo participaron de la demostración, a la que incluso se sumaron fieles de otros departamentos, para conformar una columna humana de miles de personas que cubrió más de tres cuadras.
La multitud partió pasadas las 13 horas desde el Obelisco, recorriendo la Avenida 18 de Julio. Como sucedió en decenas de localidades de nuestro país y en centenares de ciudades en todo el mundo, los cristianos evangélicos se expusieron públicamente para presentar a Cristo como el salvador de la humanidad. Llevaron pancartas y banderas, haciendo alusión a Jesús en su indumentaria. Tanto en remeras como en gorros y vinchas, el nombre de Cristo aparecía impreso en grandes caracteres.
Lejos de acartonadas solemnidades y rituales, estos cristianos, conocidos por rescatar a través de la evangelización a delincuentes y drogadictos, marcharon por Montevideo cantando y bailando, con coreografía incluida y proclamando una y otra vez: «Â¡Jesús!», «Â¡Jesús! La manifestación de fe tuvo su expresión en rostros pintados, incesantes sonidos de tambores y redoblantes y la presencia de malabaristas y hombres lanzafuegos. Ancianos y niños, hombres orando y manos alzadas al cielo, saludaban a quienes observaban desde los pisos altos de varios edificios el paso de la columna humana.
«No soy dueño del mundo, pero soy hijo del dueño» o «Jesús te da vuelta como una media», fueron mensaje observados en diferentes pancartas de aquellos cristianos que generalmente no son consultados, sobre temas como el aborto, la eutanasia o la educación. Sin embargo, estos creyentes en Cristo, que son catalogados por muchos como «los sanadores» o «los oradores», esta vez tuvieron prensa, y distintos medios de comunicación dedicaron espacio para difundir la marcha. La multitud finalmente arribó al Palacio Legislativo. Lentamente, los manifestantes pudieron alcanzar su objetivo, rodeando el edificio de mármol tomados de la mano.
Posteriormente, en pequeños grupos intercedieron a través de la oración, por Uruguay, nuestras autoridades y la paz mundial.
«Oramos por el intendente de Montevideo, Mariano Arana, y por los intendentes de cada departamento. Lo hacemos por las fuentes de trabajo», expresaba uno de los pastores.
Inmediatamente, por el micrófono se pidió interceder por la paz del mundo, exhortando a rezar de rodillas.
Denunciaron las persecuxiones de cristianos en el mundo y rechazaron el juicio hecho en Afganistán a «8 de nuestros hermanos».
El pastor Pedro Lapadjian reconoció: «Estamos ante un mundo confundido y perplejo y vivimos en una cultura de la violencia». Explicó que la incertidumbre experimentada en el terreno social, político y religioso acrecienta la angustia de los hombres. Incluso acotó que el mundo parece un barril de pólvora.
Señaló que los grandes flagelos sociales provienen de problemas espirituales, éticos y morales y afirmó que la realidad sólo podrá mejorar cuando tenga mejores hombres. «Los políticos pueden legislar, pero jamás podrán colocar leyes de moral en el corazón, los economistas luchan por controlar la inflación y abatir el desempleo, pero nunca van a erradicar la avaricia que produce injusticia», argumentó el pastor. *
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