Ciento veintinueve sindicalistas fueron asesinados durante 2003
El documento sostiene que la cifra de representantes gremiales asesinados «sirve como un escalofriante recordatorio de los peligros a que se enfrentan los sindicalistas que intentan ejercer sus derechos fundamentales que son atacados desde dos frentes: los empleadores y los gobiernos».
Según el informe anual es práctica corriente en muchos países, por parte de sus gobiernos, instalar «complejos procedimientos para obstaculizar la actividad sindical o la acción de huelga. Muchos empleadores han venido resistiéndose sistemáticamente a la organización sindical e intimidando a los trabajadores».
El país más afectado fue Colombia, donde 90 sindicalistas fueron muertos, añade el informe. Detrás del país latinoamericano figura Nigeria, donde hubo 19 muertes cuando las autoridades reprimieron manifestaciones organizadas por la central sindical del país.
Las represiones sindicales por parte de los gobiernos tuvieron varios focos en diferentes partes del mundo. Un ejemplo revelador es Asia donde más de 300.000 personas perdieron su empleo por intentar defender sus derechos sindicales, mientras que en Birmania tres sindicalistas fueron condenados a muerte. El informe anual elaborado por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres agrega que en China las autoridades «siguieron aplastando cualquier signo de actividad sindical independiente encarcelando a trabajadores», mientras que en Corea del Sur se llegó a la cifra récord de 1.900 sindicalistas detenidos, 201 de los cuales fueron sometidos a juicio.
Entre tanto, 2.800 trabajadores de correos fueron despedidos en Zimbabue por haber participado en un boicot laboral, lo que representa casi la mitad de los 6.566 trabajadores africanos despedidos en 2003 a causa de sus actividades sindicales. En Uganda, su presidente admitió públicamente que el despido masivo de las trabajadoras de la industria textil en huelga se había debido a «que sus acciones podían ahuyentar a los inversores».
Algo similar ocurrió en Oriente Medio, catalogada por el documento como la región más opresiva en materia de represión sindical. El panorama en Irak no es muy alentador aunque, según sostiene el organismo internacional, los trabajadores han vuelto a sindicalizarse, tras la caída del régimen de Saddam Hussein. También se denuncia que «destruir sindicatos se ha convertido en un negocio, especialmente en Estados Unidos, donde se ha convertido en una práctica habitual el contratar asesores especializados para terminar con las organizaciones sindicales».
Mientras que en Europa, nueve de los diez países que se adhirieron a la Unión Europea (UE), han sido criticados por no cumplir con la legislación laboral vigente.
En todo el mundo, «los trabajadores migrantes son víctimas de algunas de las peores formas de explotación y en los países del Golfo Pérsico no disfrutan de ningún derecho sindical». Por último, se advierte que «el sistemático ataque contra los derechos de los trabajadores en las zonas francas industriales no muestra signos de remitir este año. Las empresas multinacionales que operan en estas zonas siguen contraviniendo los derechos sindicales reconocidos internacionalmente, especialmente en las fábricas de confección de Asia y América Central».*
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