Fondo Nacional de Recursos está al borde de la quiebra
Los ingresos del FNR fueron el año pasado de U$S 142 millones y los egresos de U$S 155 millones. A su vez, el desfinanciamiento para la realización de actos en el exterior (trasplantes de hígado, radiocirugía y neurocirugía) ronda los U$S 2 millones de dólares.
La situación del Fondo, que presta asistencia a aproximadamente 17 mil pacientes necesitados de medicina altamente especializada, es motivo de preocupación de las autoridades sanitarias, ya por su creciente déficit, ya porque su presupuesto alcanza a poco más de la mitad de todo el presupuesto del Ministerio de Salud Pública (MSP), quien tiene la responsabilidad de brindar asistencia a más de un millón de habitantes.
Uno de los temas en cuestión es la permanencia de las 14 técnicas que financia el FNR. Fuentes del MSP afirmaron a LA REPUBLICA que una de las soluciones a discutir en los próximos meses es la baja de alguna de ellas, en el entendido de que ya no son de medicina altamente especializada. De la misma opinión fue un informe de la consultora Tea Deloitte & Touche (1998), que estudió la situación de este servicio. Tea concluyó que: «Con respecto a los requisitos especificados en el decreto que define a la Medicina Altamente Especializada, creemos que los trasplantes, tratamiento de quemados (dependiendo de la elección de los pacientes) y cirugía cardíaca de malformaciones cumplen todos los requisitos.
Otras técnicas como la litotricia, la hemodinamia y los marcapasos, no parecen reunir estos requisitos en casi ningún aspecto.
Los restantes en general, si bien de importancia para el pronóstico vital y funcional de los afectados, son de aplicación a un número muy importante de pacientes, posiblemente creciente en el tiempo, y no requieren recursos y excelencia en grado de excepcionalidad».
Tiques recaudadores
En la primera reunión de la Comisión Honoraria Administradora del FNR en que participaron los nuevos delegados del MSP, se manejó la posibilidad de establecer mecanismos de copagos a todos aquellos usuarios del Fondo, en principio a quienes pudieran pagarlos –afirmó una fuente del organismo–, aunque la delimitación de la posibilidad no parece fácil de hacer.
Tea en su estudio había considerado «conveniente establecer mecanismo de copagos para los actos médicos realizados en el país, que operen como forma de autocontrol de las instituciones públicas o privadas que derivan pacientes al FNR». La diferencia es que la consultora planteó cobrarle al mutualismo y salud pública, pero no a los individuos.
Asimismo, Tea propuso «fijar límites cuantitativos para los actos médicos que se realizan en el país como para los que son realizados en el exterior».
La medida de establecer un copago modificaría –según allegados al Fondo– la filosofía de acceso universal a la alta tecnología médica y seguramente se transformaría, al igual que en el mutualismo, en una barrera para la mayoría de los pacientes.
Sería, agregaron, un factor de inequidad que se sumaría a los reconocidos por el documento de Tea. La consultora constató en sus estudios que: «En todos los actos las tasas del MSP son más bajas que las de las IAMC, exceptuando las valvuloplastias y los quemados. En todos los casos las tasas de Montevideo superan a las del Interior».
Redefinición
La imagen-ojetivo (diseño) del FNR, para las autoridades sanitaria es –coincidente con el informe Tea– «lo que se denominaría en la industria del seguro un ‘reaseguro para riesgos catastróficos’, lo que permitiría la cobertura y la financiación en base a toda la población, de riesgos que por su alto costo individual son difíciles de cubrir por la cotización de poblaciones pequeñas. Sin embargo este razonamiento implica que los eventos a cubrir sean efectivamentes catastróficos, o sea, aleatorios y de importantes consecuencias financieras y sociales».
La consultora advierte que «el FNR no puede cubrir todos los actos médicos que existan ahora o que aparezcan en el futuro, si bien el decreto no lo nombra, está sobreentendido que en algún momento deberán comenzar a evaluarse los criterios de costo-efectividad, a fin de decidir entre usos alternativos de un Fondo que hasta el momento no parecía tener límites. Las corrientes de ‘medicina basada en evidencias’ y los cálculos de costo-efectividad serán en el contexto de limitaciones económicas, las herramientas para garantizar el uso de financiamiento nacional en acciones no sólo eficaces, sino también costo-efectivas».
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