La alquimia: entre el arte oculto y la pseudociencia
Unos pocos han llegado a saber que los objetivos que persiguen sus practicantes desde hace siglos son: transformar el plomo y el cobre en metales preciosos como la plata y el oro. Lo que se denomina dentro de la Alquimia la transmutación, crear una poción que cure todas las enfermedades; el motivo médico, descubrir el elixir que lleve a la inmortalidad; el llamado motivo de trascendencia.
Durante mucho tiempo, la alquimia ha sido sinónimo de charlatanería, o de credulidad ignorante. Mucho de esta falta de credibilidad en esta añosa ciencia se origina en la falta de información o en la incorrecta interpretación de los verdaderos y antiguos textos.
Actualmente, debido al gran número de traducciones de las obras clásicas más importantes de los grandes maestros, muchas personas modificaron radicalmente su opinión y se acercan interesadas a este arte de trabajar y perfeccionar los cuerpos y el espíritu con la ayuda de la naturaleza.
Para numerosos voceros, la clave se encuentra en uno de los libros sagrados de los alquimistas, que, según se afirma, fue escrito por el dios egipcio Thoth, conocido como Hermes Trismegisto, el tres veces bendito.
Otros libros manifiestan que la alquimia está basada en cuatro elementos básicos: fuego, tierra, aire y agua.
La noche de los tiempos
El profesor Alberto Rocca es un estudioso atento, conocedor y seguidor de este tema. En su departamento de Pocitos –barrio donde vive hace más de sesenta años– las paredes de su escritorio se encuentran cubiertas por miles de libros dedicados en la mayoría a sectas, ciencias ocultas y disciplinas esotéricas.
Sin embargo, lo primero que se destaca entre tantos tomos, es una foto del reconocido escritor argentino Jorge Luis Borges y los videos de varias películas de calidad y prestigio.
«La alquimia es un arte perdido en la noche de los tiempos, se ignoran sus comienzos. Se sostiene que lo que hoy es Egipto, era una región que se le llamaba Alkhemia, que significa país negro en referencia al color de la piel de sus habitantes y también de las arenas oscuras sobre las orillas del Nilo», sostiene el docente.
Sin embargo, Rocca tiene su propia teoría sobre este fenómeno: «Yo me inclino a pensar que esto del nombre tiene que ver con todo lo referente a los metales, a los que se denominaba «opus nigrum».
Según nuestro entrevistado, en la antigüedad había alquimistas chinos, hindúes, babilonios, persas y caldeos y, entre ellos, se encontraban seguidores de la alquimia preocupados por conocer los misterios de la naturaleza.
El objetivo principal que perseguían era el transformarse en sí mismo. Era una transmutación espiritual, una especie de autoperfeccionamiento, ser fraternal, comunitario, solidario. Mientras que a todos aquellos que se preocupaban por la transformación de los metales se les consideraban alquimistas falsos, se les denominaban «Sopladores».
Según nuestro entrevistado, los antiguos alquimistas sostenían que la creación del universo y del hombre era perfecta, pero que los seres que habitaban la Tierra se habían desviado hacía el egoísmo y el enfrentamiento entre los hombres. En la alquimia y en sus libros sagrados –entre ellos el de Thoth– encontrarían el camino sano y justo para convertirse en seres mejores, física y espiritualmente.
Los símbolos
Los símbolos de la alquimia se basan en tres formas geométricas: triángulo, círculo y cuadrado. Sin embargo, el profesor Rocca sostiene que muchos alquimistas tuvieron y tienen sus símbolos propios en forma de águilas, serpientes, soles con rostros humanos, árboles. Al parecer, no existen reglas fijas en sus simbolismos y todo está librado a la imaginación y creatividad de sus cultores.
«Símbolos alquímicos se encuentran en palacios, catedrales casas señoriales. La fuente de la plaza Matriz en plena Ciudad Vieja en Montevideo, alterna figuras alquímicas con las de la masonería», manifiesta Rocca.
Medicina Universal
Actualmente el motivo de la trasmutación de los metales es ampliamente ignorada por la mayoría de los alquimistas, tomando fuerza los denominados motivos médicos en las áreas de la homeopatía y la aromaterapia.
También muchos alquimistas combinan su arte oculto con la astrología, la acupuntura y la hipnosis y en una amplia variedad de búsquedas espirituales siguiendo y continuando sus antiguos preceptos filosóficos.
Algunos alquimistas han contribuido al avance del conocimiento humano y científico. Paracelsus (1493-1541) sostiene que introdujo el concepto de enfermedad a la medicina. Rechazó la noción de que la enfermedad es asunto de desequilibrio o falta de armonía en el cuerpo. Sin embargo, los alquimistas modernos sostienen la tesis del desequilibrio como culpable de muchas de nuestras enfermedades.
Los uruguayos hemos tenido y al parecer tenemos aún, compatriotas que han estado vinculados a los libros sagrados de la alquimia.
«No tengo dudas que existen alquimistas en nuestro país, pero yo diría que lo hacen en forma reservada y discreta. Muchos lo consideran como una tarea de sacrificio y de servicio», afirmó el investigador.
«Hemos tenido algunos ejemplos destacados en don Francisco Piria y en el arquitecto Alberto Pittamiglio. Este hizo el castillo que se levanta en la rambla frente al Náutico, con la proa de una nave en su frente y encima la Victoria de Samotracia. Este edificio no está terminado, existen escaleras que no conducen a ninguna parte, yo creo que Pittamiglio puso su fantasía que nada tenía que ver con la alquimia», señaló Rocca.
Sin embargo, la alquimia y la construcción tuvieron varios lazos que las unieron, ya que en la antigüedad construir era un deseo y un acercamiento con lo divino. Por ello, no puede extrañarnos estos ejemplos que cita el profesor Rocca. El arquitecto Pittamiglio y Francisco Piria eran hombres vinculados profesionalmente a la construcción.
La tarde comienza a morir en este departamento de Pocitos, las penumbras se instalan entre entrevistado y entrevistador. Es hora de despedirnos y no fatigar más la memoria del profesor Rocca.
Mientras transitamos las calles del barrio de Pocitos nos asalta la idea de que los alquimistas nunca han trasmutado metales, nunca han encontrado la panacea para curar todas las enfermedades y nunca han descubierto el elixir que lleve a la inmortalidad, pero ellos continúan en estas búsquedas.
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