Las ecografías habían indicado un embarazo de mellizos

Madre sospecha que le robaron sus hijos en el Pereira Rossell

«La historia comenzó el 13 de mayo de 1995 cuando inicié un noviazgo con un muchacho que conocí en un baile familiar. Iniciamos una relación que duró dos semanas y en ese período quedé embarazada», relató la señora.

«Cuando se lo dije me respondió que no tenía intenciones de reconocer al bebé, por lo que me sentí sumamente dolorida. Tras dos semanas de noviazgo terminamos nuestra relación».

«Durante el embarazo me hice todo tipo de análisis y ecografías para controlar la evolución de la gestación, todo lo que consta en mi historia clínica».

«En diciembre de 1995, a los siete meses de embarazo, empecé a tener pérdidas. Me hicieron una ecografía urgente en el Laboratorio del tercer piso del Pereira Rossell y fue en ese momento que me enteré de que estaba embarazada de mellizos, una era nena y el otro no sé porque no se pudo ver el sexo».

«El médico que me atendió me dio un pase urgente a la Maternidad, porque estaba corriendo riesgo de aborto y quedé internada».

«Yo estaba muy nerviosa porque era madre primeriza, se trataba de mellizos y además el padre de los niños se desinteresó del tema».

«A pesar de que tenía como único respaldo a mi familia, en todo momento quise dar a luz a los niños y nunca le manifesté a una enfermera o a cualquier otra persona en el Hospital que quería entregarlos en adopción.

A pesar de que soy pobre, pensaba hacer un gran sacrificio para que tuvieran todo lo necesario», afirmó Nora Bentancourt.

Inyecciones

«Estuve internada casi dos semanas y me llamaba poderosamente la atención que constantemente me daban inyecciones que me dejaban completamente adormecida casi todo el tiempo. Incluso, pregunté varias veces por qué razón me las daban, pero me respondían que eran indicaciones del médico».

«En esas dos semanas me hicieron muchas ecografías, pero no me decían nada cuando yo preguntaba por el estado de los niños».

«No recuerdo con precisión el momento en que tuve familia, porque siempre me sentía como anestesiada por las inyecciones, pero un día antes de Navidad me dieron el alta sin darme ningún tipo de explicaciones sobre los niños. Solamente me dijeron que en realidad no era un embarazo sino un fibroma».

«A mí jamás en la vida me operaron de fibroma y además en las ecografías salían los bebés y tenía todos los análisis que se le hacen a una embarazada. Incluso, todos los familiares y vecinos se sosprendían por el tamaño de mi panza, que después comprobamos era porque se trataba de mellizos».

«Cuando el ginecólogo me dio el alta le pedí todas las ecografías que me habían hecho hasta ese momento, pero se negó rotundamente a entregármelas», recordó la señora.

«Poco antes de internarme, me había caído y tuve un fuerte golpe en la espalda. Después que me dieron el alta pensé que quizás ese golpe había provocado la pérdida del embarazo y que los médicos por delicadeza no quisieron decirme que los niños habían fallecido».

Más dolor

«El último fin de semana de agosto del año pasado conocí a un muchacho en una discoteca y me fui con él a la pensión donde vivía. Pero esta persona abusó sexualmente de mí durante todo un fin de semana, reteniéndome por la fuerza en su habitación».

«A raíz de que yo había desaparecido desde un viernes hasta un domingo, mi madre presentó la denuncia en la seccional policial. Cuando pude regresar a mi casa, tenía moretones en varias partes del cuerpo y presentaba signos de abuso sexual. La Policía ordenó que me presentara en el Hospital Pereira Rossell para realizarme una revisación con el médico forense».

«Cuando estaba acostada en una camilla del hospital, entró a la sala la partera que me había atendido durante el embarazo, esta vez acompañada por una ginecóloga joven.

La partera le dijo a la doctora: ‘Mirá quién está acá.

¿Te acordás de esta muchacha? Es bien conocida por nosotros’. Y empezó a preguntarme por mis hijos».

«Le respondí que no sabía y ella insistía en saber dónde estaban mis hijos. Pese a que me sentía muy mal por las lesiones que tenía, recuerdo que irónicamente ella me preguntaba una y otra vez por mis hijos».

«En determinado momento me dijo: ‘¿Sabías que tus hijos fueron dados en adopción?’. Y la ginecóloga aprobaba con la cabeza lo que ella decía. No sé por qué me lo dijo, quizás no tenía la conciencia tranquila y lo quería decir de cualquier manera».

Después de esta revelación, Nora Bentancourt recurrió a varias personas de su conocimiento para procurar obtener algún dato de sus hijos, incluso consultó a un estudiante de abogacía, pero nadie pudo ayudarla. También comentó el hecho con el padre de los niños, pero él continuó firme en su actitud de mantenerse ajeno al asunto.

Atando cabos

«Después del comentario de la partera comencé a recordar distintos detalles que habían sucedido durante mi internación y que no habían quedado claros. Por ejemplo, que todas las embarazadas de la sala tenían derecho a visitas, pero en mi caso solamente podía ingresar mi madre unos minutos en el día y durante la noche no permitían que nadie se quedara conmigo».

«También que el ginecólogo que me atendía en el Pereira Rossell, después misteriosamente se negó a seguirme atendiendo».

«Yo no tengo pruebas para comprobar que los niños viven, solamente tengo sospechas y la revelación de la partera. Pero siento con gran fuerza en mi corazón que los mellizos están vivos y lo único que me importa es encontrarme con ellos», dijo la señora.

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