Miles de católicos peregrinarán hoy al Cerro del Verdún

La hora del espíritu

Como sucede cada año, miles de fieles arribarán en la presente jornada a Minas, para participar –en plena semana santa– en una de las celebraciones más importantes del calendario religioso.

La peregrinación será encabezada por el obispo Víctor Gil, habiéndose anunciado la presencia del nuevo nuncio apostólico Janusz Bolonek, quien presidirá la primera misa que se desarrollará por la mañana en la capilla de la falda del cerro.

Para facilitar el traslado de los fieles, AFE dispuso una línea especial a Minas, que partirá a las 7.30 horas y arribará sobre las 10 horas. El regreso se concretará a partir de las 16.30 horas, para estar de regreso en Montevideo a las 19 horas.

Según lo previsto, habrá tres misas, a las 10, 12 y 15 horas, en la falda del cerro, que marcarán el perfil de la reconciliación.

A las 11 horas, se realizará el tradicional Vía Crucis, que es una de las instancias más emotivas de la celebración.

A las 9, 11.30, 13.30 y 15 horas, se rezará un rosario meditado en la capilla de la falda del cerro.

Las oraciones llegarán hasta la cumbre al pie de la virgen, a las 9, 11 y 14.30 horas.

Luego de cada misa, se realizará la bendición de los objetos, acto que tiene también un hondo contenido simbólico.

La peregrinación del Verdún tiene una larga y rica historia. En 1901, por iniciativa del cura párroco de Minas, José de Luca, y de la Congregación de las Hijas de María, se procedió a la colocación de la imagen de la virgen.

El lugar de emplazamiento fue el cerro del Verdún que, al igual que todos los campo de la zona, habían sido donados en 1801 a Juan Bautista Verdún, por el gobierno de España.

Dichos predios pasaron luego a ser propiedad de Pedro Dartayete y María Ariza de Dartayete, quienes eran sus dueños al momento de colocarse la primera imagen en el cerro.

Pese a que la fecha original de inauguración era el 19 de abril, la primera peregrinación se realizó recién el 21 de abril.

En una jornada calificada de memorable por las crónicas de la época, unas tres mil personas encabezadas por el arzobispo de Montevideo, Mariano Soler, llegaron hasta el pie del cerro.

La ceremonia de inauguración fue precedida por una misa campal, mediante la cual se procedió a la bendición del pedestal.

La celebración fue apadrinada por el doctor Alejandro Gallinal y la donante de la estatua, Catalina O’ Neill de Fernández.

Cinco años más tarde, en 1906, el arzobispo Mariano Soler ordenó una reforma del templo, proyectando un nuevo monumento para la virgen.

Cayetano Bringas, arquitecto designado para la proyección y ejecución de las obras, dispuso la construcción del nuevo monumento con tres grandes pilastrones que representan la fe, la piedad y la esperanza, con ángeles formando una pirámide en la base triangular como símbolo de la plegaria que asciende.

Encima se ubicó un globo terráqueo sostenido con ángeles y sobre la estatua de María. La pieda fundamental de la obra fue colocada el 4 de junio de 1907.

En enero de 1908, la estatua de la virgen fue mutilada y su cabezada enviada al escritor Leoncio Lasso de la Vega, quien la restituyó al arbzobispo de Montevideo.

Al fallecer Mariano Soler, se asignó la realización del nuevo monumento al ingeniero Andrés Rius.

La nueva estatua que llegó desde Francia fue conducida en 1909 hacia su nuevo emplazamiento, en medio de una multitudinaria procesión.

La inauguración constituyó un gran acontecimiento religioso y social, que convocó a unas diez mil personas.

Esta nueva y definitiva imagen fue bautizada por por el administrador apostólico, monseñor Ricardo Isasa, actuando como padrinos en representación de la comunidad católica, Joaquín Seco y María del Carmen Martínez.

Monseñor Carlos Mullin, tercer obispo de Minas, dio un gigantesco paso para convertir a Verdún en un gran centro de oración.

En primer término, el religioso hizo construir una nueva capilla mirando hacia la cumbre del cerro, desde donde se contempla a la virgen mientras se celebra la eucaristía y, en caso de aglomeración de gentío, la cuesta sirve de anfiteatro y la misa se puede seguir al aire libre.

Luego, transformó la primitiva capilla en una casa de ejercicios espirituales, con capacidad para medio centenar de personas con oratorio incluido.

Asimismo, monseñor Mullin logró mejorar la iluminación de la virgen y del propio templo, transformando a todo el lugar en un ámbito de devoción y recogimiento espiritual.

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