SEMANA CRIOLLA: Comenzaron las jineteadas en el Prado y en Parque Roosevelt

Sonó la campana

Mientras medio pueblo hace las valijas y va y viene por las carreteras de y hacia dentro del país y algunos (más de los que sería de desear) invadirán los territorios riograndenses aprovechando el «maná» de los reales devaluados o los vecinos pagos argentinos, a pesar del peso dolarizado y más oneroso para nuestros bolsillos, seremos miles los que nos quedaremos «en la vuelta» y por supuesto, aprovecharemos para disfrutar en familia este largo feriado.

Las llamadas «Fiestas Criollas» –quizás por reminiscencias de años ha, en los que se trataba exclusivamente de eventos de corte tradicional– centralizan en el Prado montevideano y en el Parque Roosevelt canario sus mayores polos de atracción. Y multitudes –no lo dudamos– acudirán como sucede siempre a vivir intensamente los excelentes espectáculos que se brindan, ya sea en los escenarios como en los ruedos donde la destreza criolla, la bravura de la potrada son la «sal y pimienta» de la cosa.

Mucha gente del interior también llegará hasta el asfalto ciudadano. Desde todos los pagos vendrán hombres y mujeres, muchos de ellos con sus pilchas gauchas –las «domingueras»– y seguramente se les verá por las calles, «curioseando» y tratando de descubrir una ciudad que muchos de ellos estarán quizás viendo por primera vez.

Nosotros, los montevideanos, tenemos la oportunidad de ser excelentes anfitriones de tantos hermanos llegados desde el «carozo» del país, tratándolos con el respeto y el afecto que se merecen. Enseñando a nuestros muchachos a no mirar a esos hombres y mujeres vestidos con ese ropaje criollo, como si fueran extraterrestes, o burlándose a espaldas de ellos, como suele suceder muchas veces.

Debemos decirles que son tan orientales como nosotros y que además, por ser trabajadores del campo, por pertenecer a esa sacrificada porción de orientales que sigue aún prendida al ombligo de la tierra sin emigrar, tratando de sacar de entre los terrones el futuro, son tan o más protagonistas del destino del país que nosotros mismos.

Y de paso, podemos aprovechar también para hablarles a nuestro muchachos de esa palabrita tan poco respetada, pero tan definitoria en lo que tiene que ver con la libertad y la soberanía de los pueblos: «Identidad».

Por eso, y por tantas cosas más, esta semana es una semana muy especial. Aunque las fiestas criollas no lo sean tantos y haya aún tantas cosas por discutir y definir respecto a ello. Importante porque en cierta forma es una semana de reencuentro entre orientales, como pocas veces sucede, entre los de «adentro» y los de la orilla (no olvidemos que orientales «de afuera» no hay), que es como decir los del carozo y de la cáscara.

Y ojalá San Pedro no nos baldee demasiado el planeta y nos deje, por lo menos, guarecernos bajo el alero de nuestra fraternidad todos los días. Hasta mañana, aparcero.

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