Héctor Florit dijo que la escuela está sobredemandada en sus funciones

La mitad de los preescolares de la reforma son pobres

La necesidad de fortalecer el rol de la institución educativa en la sociedad y en las políticas sociales, integrándola con el resto de las instituciones civiles y estatales, es uno de los conceptos vertidos por Renato Opertti, jerarca de la ANEP, y Héctor Florit, dirigente gremial de los maestros, en un taller sobre educación realizado el pasado jueves a partir de un estudio sobre "Infancia y Seguridad Social". Se destacó que la mayor escolarización de la reforma educativa se dio en el interior y también que la escuela está sobredemandada en sus funciones.

Lunes 17 de abril de 2000 | 12:00
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El director de Mejoramiento de la Educación Secundaria y Formación Docente (MES y FOD) de la ANEP, Renato Opertti, y el secretario general de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM), Héctor Florit, participaron el jueves 13 como expositores en un debate sobre educación, en el marco del foro sobre polítcas para Infancia y Pobreza, organizado por la Fundación Fiedrich Ebert (Fesur), el Equipo de representación de los trabajadores en el Banco de Previsión Social y el Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT.

En su intervención, Opertti se centró en la educación inicial, antes de la reforma, luego de su desarrollo y en lo que, a su juicio, aún queda por realizar. Describió los problemas de partida que se registraban a mediados de los 90, en un momento en que la concentración mayor de niños en edad preescolar se encontraba en el quintil de hogares de más bajos ingresos, hecho que se mantiene incambiado.

El director de MES y FOD subrayó las diferencias relevantes entre los hogares con población infantil de las capas más altas de ingresos, en los que predomina la familia con padre y madre, mientras que una terecera parte de los niños más desfavorecidos pertenece a los llamados “hogares incompletos, en los que se registra una alta carencia social”. Este fenómeno es prácticamente inexistente en los hogares de altos ingresos.

Esto es parte de la infantlización de la pobreza, consistente en un alto porcentaje de niños menores de 14 años, carenciados, con padres jóvenes y de bajo nivel educativo.

Otro de los indicadores era la segmentación en el acceso a la educación preescolar: cuanto más alto era el nivel de ingreso familiar, mayor era la posibilidad de acceder a la educación inicial.

En este sentido, la oferta pública estaba mal distribuida y sin una planificación que tomara en cuenta el punto de vista social. Opertti atribuyó este hecho a “la menor capacidad de presión social que tienen los grupos más desfavorecidos”.

Ante este panorama, la reforma educativa superó las metas presupuestales que se propuso la ANEP para el quinqueno, que era universalizar el nivel de 5 años y llegar a más del 70% en el país urbano. Esto daría una cifra de 14.500 niños en 4 años y 10.500 en 5 años.

Se logró que a fines de 1999 hubiera 30 mil niños incorporados al sistema, unos 22.000 en el interior del país y 8.000 en Montevideo. El mayor crecimiento en la escolarización se dio en el nivel 4 y en el interior.

Para Opertti, estas políticas contienen un alto impacto social, ya que de los 30.000 niños incorporados, 15.000 pertenecen al decil de más bajos ingresos. En el interior constituyen un 40% y en Montevideo son 7 de cada 10 niños. El desafío para la sociedad es “universalizar la educación de 4 a 15 años. Hay que profundizar el rol social de la educación, que es un centro de recepción universal de necesidades y estilos de convivencia”.

Opertti culminó resaltando la necesidad de “fortalecer el vínculo entre las familias, el barrio y los centros educativos, en un intento de orientar a la educación con otros sectores de la sociedad, como espacios de integración y potencialización de una educación con capacidad de penetración social”.

Por su parte, Héctor Forit se refirió a la necesidad de atender al rol que juegan ciertas políticas sociales, “de efectos perversos”. Indicó que la fuerte segmentación social transfiere al sistema educativo demandas que éste no puede responder.

Florit resaltó la crisis por la que pasan estos ámbitos de socialización como la familia y la escuela sobredemandada en sus funciones y la escasa comunicación de aquellos responsables de dar respuestas institucionales a estos problemas. Florit describió las necesidades de implementar tipos más dinámicos de brindar prestaciones. Resaltó la debilidad de la relación entre la escuela y la prestación de la asignación. Esto se debe a dos motivos: “El bajo monto de la asignación y la transformación de la escuela en la institución que firma un papel que autoriza el pago de la misma”. Existiría así una relación viciada por la irrelevancia de la prestación y la función fiscalizadora que le compete a la escuela. De este modo, los fundamentos originales pierden significatividad.

Florit reclamó la necesidad de vincular con la educación formal mecanismos de control más efectivos. “La institución educativa como elemento de integración social debe tener un vínculo directo con la prestación, de forma que haya un reforzamiento de la prestación y mecanismos de control que alienten la permanencia en las aulas”.

Florit culminó resaltando que se debe incorporar una nueva conceptualización de la política social, que incorpore la dimensión territorial y que fortalezca la escuela como eje de la gestión y no se le pidan cosas que no puede dar.

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