Tito Larraz, un mojón en la historia de los carnavaleros
Pocos días atrás en una reunión entre amigos, sin protocolos, como siempre ha sido el trato con él, Isabelino Tito Larraz manifestó ante un grupo de periodistas, desde hace muchos años juntos en el quehacer carnavalero, que éste era su último carnaval como delegado general de Daecpu ante el jurado.
Tal hecho y la historia que significa Tito Larraz en Carnaval y particularmente junto a su «querida institución Daecpu», de la que fue fundador junto a otras personalidades de la máxima fiesta popular en el año 1952, será motivo de un nota especial, que seguramente abundará en anécdotas jugosísimas.
De todas formas en esta edición, que jalona el final de la etapa de esta cobertura (no su cierre), quisimos consignar este hecho por la relevancia que ello tiene.
Larraz fue delegado de Daecpu en los momentos más difíciles de la institución, debiendo muchas veces batallar en solitario, no por no contar con el apoyo de sus pares, todo lo contrario, sino simplemente porque aquellos no podían o no les permitían expresarse.
Manteniendo siempre en alto sus convicciones libertarias, sin claudicaciones, con hidalguía, aun a riesgo de su propia integridad o libertad, Tito Larraz defendió los principios de su Daecpu y de sus compañeros carnavaleros.
Hoy también para él es hora de balances. Seguramente lo será de sus propios compañeros que lo ungieron su representante durante mucho tiempo cuando no existía para ello ni siquiera un viático, que tampoco pidió.
Su mayor orgullo y así lo expresó en esa reunión, fue ser nombrado delegado por unanimidad de la asamblea, sin siquiera estar presente en la reunión.
Le complicó «la vida» a cuanto jurado debió concurrir. Tanto por la meticulosidad de sus exigencias previas al inicio de los escrutinios, como por sus protestas a la hora en que entendía que las cosas no eran lo suficientemente claras o justas.
Sus informes al cabo de cada carnaval son una verdadera pieza literaria de jerarquía, siempre aportando ideas y estableciendo las mejores formas de proyectar hacia el futuro los derechos de la institución.
Analizando en profundidad cada acto y cada paso dado, tanto por las autoridades como por los propios asociados a la hora del concurso, no resignando jamás una conquista lograda por su institución.
Sentiremos muchos no tener su bonachona y comprensiva presencia junto a nosotros la noche de los fallos. Su amor por el carnaval, seguramente no nos privará de su agradable compañía en las diferentes actividades a las que el carnaval nos convoque.
Simplemente a cuenta de un trabajo de mayor profundidad sobre esta figura entrañable del carnaval, vaya para el Tito Larraz el apretado abrazo y el agradecimiento por su calidad humana.
D.P.
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