Disfraz de hombre serio
«Contaba el alba sus pájaros y nunca se equivocaba». Jules Supervielle – Selección de Poemas
Se fue el Carnaval. El teatro en silencio ve pasar la noche hilando recuerdos: canciones y voces que ya son del tiempo. Ya llegó el otoño. Se perdió la fiesta por ser algo lerdo y ahora en venganza despeina los árboles, agita las ramas y le arranca hojas que suelta en el viento como pájaros muertos. En el aire flota el canto murguero de las despedidas. Tienen los adioses algo de tristeza, de historias pasadas, de cosas perdidas, de ilusiones viejas. Trepan las canciones en pos de la luna que tras de una nube en el cielo asoma, por el aire suben, en el aire moran y acunan los sueños de los chiquilines. Cuando las luces se apagan y la fiesta se termina, todos los hombres vuelven a sus absurdas rutinas. Vuelta otra vez a ponerse los disfraces más grotescos: silencioso, solitario, aburrido, circunspecto. La vida que se detuvo, vuelve a estar en movimiento. Adiós risas y alegrías. Adiós a la vida hecha juego. Carnaval fue un intervalo, un paréntesis, un ensueño. Adiós Carnaval querido, guarida de mis amores, refugio de mis pasiones, cobijos de mis desvelos. Comarca de las leyendas, contorno de los recuerdos, cálida región del alma donde dormitan los sueños. Se oye un rugir de motores, un barco que parte y se aleja. Una bandada de pájaros se inquieta, bate alas, alza vuelo. En un arcón los disfraces, en el galpón; instrumentos. Hay un sabor a nostalgias y hay un mundo de silencios. En un rincón de la casa, el murguista se disfraza con su traje de hombre serio. Recordando horas pasadas regresan a su memoria las cosas que él ama tanto: los ensayos y escenarios, tablados a puro canto. Los encuentros esquineros despuntando madrugadas, cuando la luna es farol y las estrellas un manto. Y así enlaza los recuerdos del tiempo carnavalero que habitan su corazón y que él volverá a hacer canción cuando retorne febrero. Esa mañana, el aire está lleno de pájaros. ¡Están allí! No se han ido siguiendo a Momo en su viaje. Son los de siempre. Los mismos pájaros de siempre que visten nuevo plumaje.
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