"En el Comcar te tienen como en un zoológico"

«Es como si me hubieran tirado a un pozo. Para mí es como un zoológico, te tienen enjaulado como a los animales». Esta es la primera reflexión que le vino a la mente a Gustavo Correa, sobre su reclusión de tres meses en el Complejo Carcelario de Santiago Vázquez, donde, según denunció, fue golpeado por los guardias y sufrió por él y por sus padres.

El joven, que recuperó su libertad hace apenas 48 horas, recordó que ni bien llegó al módulo 5 del establecimiento carcelario, se produjo la requisa: «Me preguntaron mi nombre completo. Me pegaron como a todos, luego me pegaron un poco más y cuando les dije que era argentino, me pegaron más».

Consideró que estar en el penal «es algo espantoso, una pesadilla. Uno ve cada cosas ahí que nunca antes había visto, como el tamaño de los cuchillos y las mancuernas. Se arrancan las ventanas para hacer armas».

Destacó que pudo soportar la odisea gracias al solidario apoyo de quienes desde afuera constantemente lo ayudaron.

Mucha gente lo visitó durante su período de confinamiento. «Se sorprendían de toda la gente que iba a verme, pero lo que más me dolió es que la situación me lastimó moralmente». Gustavo recordó que, a consecuencia de la situación, quedó separado de sus padres los días 24 y 31 de diciembre, cuando se reúne la familia por las festividades tradicionales. «Estando allá, no sabía si a mi madre le podía pasar algo, porque ella sufre de los nervios». Por eso le tengo que agradecer a todo el barrio por lo que la apoyaron. Siempre tuvo el apoyo de todos y un aliento moral que fue fundamental».

La solidaridad ayudó a Gustavo Correa a sobrellevar el amargo trance que debió padecer durante tres meses.

«Dentro de todo lo mal que estaba por encerrado entre cuatro paredes y saber del entorno, la solidaridad me ayudó mucho. Sin embargo, recordaba todo lo que había planeado, ya que pensaba comprometerme con mi novia. Pero se fue todo al carajo».

Ahora se abre un período de reflexión, para evaluar lo que fueron esos tres meses tras las rejas. Finalmente, Gustavo Correa manifestó que «de allí uno sale más duro. En ese lugar se aprende a sufrir y, aunque no se quiere, se endurece el corazón». Denunció que los guardias provocan y esperan la respuesta de los reclusos. «Si les contestás, te pegan y de dicen: gritá viva la guardia, vamo’arriba la policía militar. Te hacen gritar todo eso. No miento, yo lo viví».

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