Las preocupaciones cotidianas están matando a los uruguayos
DANIEL MARTINEZ SOTO
«El tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y el consumo de alcohol, aumentan, a lo sumo, un 13% la tasa de mortalidad.
Además, el ambiente hostil que sufren los pobres desde el nacimiento es mucho más letal», asegura un informe publicado en el Journal of American Medical Association, la mayor publicación médica norteamericana.
Los riesgos de la pobreza
Dando un giro inesperado a millones de consejos médicos y publicaciones «especializadas», tras ocho años de estudios, los científicos de tres universidades llegaron a la conclusión de que más allá de toda conducta saludable, desde problemas cardiovasculares al cáncer se ven «altamente favorecidos» por el empobrecimiento de un grupo humano.
«Aunque cambien las conductas que dañan la salud, la gente de clase media baja y baja se enferma y muere más que la población rica, debido al estrés de sentirse discriminada y postergada en sus aspiraciones socio-económicas», asegura el estudio.
Los técnicos concluyen que más allá de recomendar más ejercicios físicos, el consumo de menos grasas, dietas más equilibradas y menos cigarrillos, una mejor distribución de los recursos económicos evitaría miles de muertes innecesarias.
La referencia demográfica efectuada revela que por cada rico que muere, fallecen entre dos a cuatro personas por igual patología en las clases media baja y baja. Las muertes por ataque cerebral y cáncer de estómago, aparecen directamente relacionadas al nivel económico de los pacientes, aún cuando se les dé igual tratamiento.
Incidente social
Bajo la denominación de «incidente social», los especialistas refieren a la tensión generada tanto por catástrofes naturales como a otras directamente generadas por la actividad y las decisiones humanas, incluidas –naturalmente– las crisis económicas. Técnicamente, cuando una persona se encuentra expuesta a algunos de estos riesgos, libera en su torrente sanguíneo catecolaminas y corticoesteroides. Ambas hormonas son segregadas ante peligros (reales o imaginarios) elevando la presión arterial, reduciendo el diámetro de las arterias y multiplicando el ritmo cardíaco. La descarga casi constante de las sustancias puede causar insuficiencia coronaria y hasta la muerte súbita.
Incluso, estadísticamente, entre el 40% y el 70% de los pacientes con problemas coronarios de tipo silencioso (sin síntomas) tienen al incidente social como causa del déficit de irrigación del corazón.
«En nuestros países, este fenómeno es conocido como estrés sicosocial e incide directamente en las patologías cardiovasculares», entendió el doctor Raúl Pisabarro, endocrinólogo docente en la Facultad de Medicina. El especialista entendió que, al también denominado estrés crónico, se apunta cada vez con mayor frecuencia como responsable de patologías graves, derivadas de incertidumbres y preocupaciones constantes en el marco de la realidad actual.
Mientras tanto los técnicos norteamericanos apuntan ahora a la forma en que podría tratarse otro problema concomitante: la frustración constante que experimentan los pacientes que atienden al despilfarro en una punta de la escala social frente a sus crecientes necesidades.
El constante estímulo bajo las injusticias sociales, sumado a las consecuencias que ellas significan para la población, opera como una suerte de sida, del cual los pobres son los primeros «infectados».
Los médicos están cada vez más seguros de que, con el tiempo y más allá de cualquier tratamiento, el empobrecimiento aniquila cualquier capacidad de defensa de todo organismo. *
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