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La vieja magia del yuyero

LUIS GRENE

 

Con tanta malaria todos andan con los miedos al mango. Los que tienen algo, porque temen perderlo. Y los sin laburo, enloquecidos, buscando achicar la mufa. Ninguno quiere el bajón y se fajan con lo que pueden para alejarlo. Que el «prozac», antidepresivo o escocés en cristalinas rocas. Los otros, abierto con la lija del tinto, la cervecita o lo que venga. Por los viejos tiempos también había que agarrarse de algo. Y por qué no darle a los yuyos. Sabios y milenarios, arrimados al Montevideo del ayer por los inmigrantes desde sus aldeas. Tanto era así que por los barrios populares, los vecinos paraban la oreja al escuchar el pregón del yuyero. Un personaje que cargaba hojas y ramas en un gran canasto de mimbre. No había portón o zaguán donde no lo llamaran. Tilo, cedrón o la aromática menta, para calmar la angustia o curar dolores. Pero también esas hojas y ramitas servían para otros menesteres, no precisamente curativos. Se entreveraban con las bebidas «espirituosas», como les decían, y ¡agarrate! porque quedaban con la tal polenta. La ginebra o la caña con yuyos tenían un sabor distinto y pegaban fuerte. Todo nació en aquellos viejos boliches barriales donde pacientes cantineros se quedaban las horas mezclando yuyos, hierbas y caña.

Por eso cuando ahora vemos, cerca de la Plaza Matriz, a algún tipo de celular y portafolio, darle al tilo porque está asustado con el mambo del dólar, lo comprendemos.

Los esperamos todos los sábados y domingos, a las 19 horas, en 1410 AM LIBRE.

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