Los almacenes, que llegaron a ocupar al 72% de la fuerza laboral del país, hoy representan el 40%

Atornillando con los dedos un papel de estraza. Así recuerdan miles de uruguayos al almacenero, una referencia tan arcaica como el carnicero envolviendo la carne en papel de diario, en un pequeño papel blanco que apenas lograba separar la carne de la tinta que incluso dejaba letras en el costillar del asado.

Sin embargo, aquel mismo almacenero configuró, nada menos, que el entramado social solidario de la sociedad uruguaya en los barrios.

Aquellos gallegos, armenios, rusos, nacionalizados a cansancios infinitos tras el mostrador de madera, eran lo que hoy se llama referentes sociales. Instituciones de libreta resobada en mano y lápiz tras la oreja, amos absolutos del fiado que salvaba barrios enteros a fin de mes, sin moras ni ejecuciones.

Aquellos emigrantes, con las décadas tan uruguayos como el que más, su descendencia, y otros criollos, conformaron el sustrato del comercio minorista nacional.

Asociados en el Centro de Almaceneros Minoristas, Bares y Afines del Uruguay, los almaceneros llegaron a ser la mitad de las 5.700 unidades económicas agremiadas en Cambadu, a mediados de los 70. Más de 12.000 familias dependían de una forma u otra de asociados a a la entidad y miles más de sus servicios. Alcanzaron a representar el 72% de la oferta laboral del país. Hoy los asociados sólo representan un 40%.

Y si en los 60 la aparición de los supermercados advirtió que un mundo menos benevolente para con los almacenes estaba llegando, la actualidad los arrasó.

Después de luchar a brazo partido para que las grandes superficies no los extinguieran, hoy una nueva forma menos espectacular, pero aún de más vertiginoso crecimiento los acosa: los «hard discount».

Los almaceneros aún logran frenar –con apoyo de la Intendencia de Montevideo– una treintena de proyectos de grandes superficies ya presentados, algunos incluso en distinta fase de ejecución. Pero mientras lidiaban en ese frente, otros competidores, a fuerza de grifa y precios, arrollan a los últimos almaceneros.

Dos platos de sopa

«Esto es como aquello de si no querés sopa: dos platos… pero chicos», afirma Mario Menéndez. El presidente de Cambadu ironiza refiriéndose a la nueva cadena de autoservicios pequeños «que ya está por todo Montevideo y tiene intención de multiplicarse».

Lo que hay que estudiar es si esto no es una competencia igual a las grandes superficies aunque disfrazada. ¿Qué diferencia hay entre un gigante de quince cuadras o quince pequeños a una cuadra cada uno?

Apunta Menéndez que estos nuevos autoservicios tienen mejores precios, incluso que las grandes superficies, acorde al monitoreo de precios que Cambadu mantiene en alrededor de cien artículos. Remarca que los almacenes alcanzan a competir, no sólo en precios sino también en calidad de productos.

«Pero acá queremos remarcar que nosotros queremos sí el mercado libre, pero que se reconozca a quienes tenemos fines productivos y comerciales, no financieros y especulativos», sentenció.

Apuntó que las nuevas modalidades hacen su agosto con precios convenientes y con cercanía: los grandes pedidos mensuales, quincenales e incluso semanales, desaparecen con la crisis y ello afecta a las grandes superficies.

«A cualquier comerciante le preocupa la proliferación de negocios de su ramo. En este mundo en que nadie está seguro ya de nada, lo que debemos, lo que podemos hacer es cambiar, actualizarnos. Si no, acabaremos fundiéndonos», acotó.

Enfatiza que lo único capaz de salvar a los almacenes es la reconversión de los puestos de venta, estar en los grupos de compras, capacitarse para mantener a los clientes que aún existan. Los estudios ordenados revelaron que en Uruguay es ocho veces más difícil rescatar un cliente que se fue, que captar uno por primera vez.

El frente se abre

El frente de batalla de las almacenes se amplía al competir incluso con las estaciones de servicio. Y aunque sus micromercados operan contundentemente después del atardecer, la lucha por los clientes no admite horarios. «Cuando aparece un mercado que igual a las tres de la mañana está comprando, cuando se ve que allí hay negocio, quedan dos cosas, o se va o se queda y si necesita dinero, pues los tiempos de la comodidad se acabaron definitivamente», afirma Menéndez.

Apunta con dureza contra una globalización «que nos ha caído y nos ha caído mal. En esta globalización las maduras siempre van para otro lado, para este lado siempre caen las verdes. Es crudo, es duro, pero es así. Peleamos. El tema es la pelea de todos los días y hay que poner en la balanza: comemos o no».

En cuanto a las perspectivas para los almacenes, Menéndez enfatiza sus esperanzas en que los reciclajes logrados con un préstamo del BID evitarán el cierre de muchos e intenta mostrarse optimista.

«Llorar no podemos llorar, pero tampoco podemos festejar cuando las cosas van tan mal. Yo soy liberal pero también digo que sin reglas, no hay juego. En el estadio juegan once contra once, pero si no hay reglas no habría ningún partido».

Invitado a ahondar en el asunto, puntualizó que «ya es bastante cuando los grandes se juntan para comprar. Pero, ¿qué pasa cuando unos grandes compran otros grandes? Sabemos que el Ministerio de Economía y Finanzas está trabajando. Pero si unos grandes compran a otros grandes, ¿quién le pone freno a esto? Si no, la cosa va a ser una injusticia, una cosa muy despiadada».

Impuestos, contrabando y más

«Pese a que soportamos cargas impositivas muy duras, estamos dentro del sistema. Pero la evasión nos castiga directamente. Si todos pagáramos, todos pagaríamos menos. Pero el tema de la presión fiscal siempre cae sobre los que están dentro del sistema y no sobre los que efectivamente debería caer. Las empresas que no están en el marco legal tienen hoy hasta un 50% más de posibilidades que nosotros de comercializar».

Reconoció el endeudamiento de los asociados –reflejado incluso en el atraso de cuotas con la misma Cambadu– pero enfatizó que si bien «cualquier deuda es difícil de pagar, las deudas al Estado son peores porque se acrecientan en proyección geométrica. Nuestros gremios son de trabajo y todavía no llegaron a nosotros exenciones como las programadas para la industria y para el agro. Hay algo proyectado pero nadie sabe cuándo será».

En cuanto a la reciente unificación del IVA, entendió que «puede ser beneficiosa, puede estimular una reactivación. Si tiene o no buen resultado ya se va a ver».

Acerca del contrabando, resaltó la actitud del presidente Batlle. «Pero una persona sola no hace las cosas. La lucha contra el contrabando fue muy buena, pero muy efímera, no fue persistente». Calificó la situación como «abierta nuevamente» e invitó a que se reconozca que en calles y ferias el contrabando ha vuelto a campear impunemente. «Creemos, apoyamos y elogiamos igual que antes las medidas contra el contrabando. Pero no parar un camión para sacar la foto, sino interrogar al camionero de dónde vino, por dónde pasó. Eso es lo importante», concluyó Menéndez responsabilizando también a «algunos diarios, alguna prensa» en donde el tema desaparece rápidamente. «En los diarios lo veo poco y en la feria lo veo mucho», sentenció. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje