Reclamo de propiedad de un terreno
Señor Director deLA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
De mi mayor consideración:
Es la desesperación de la injusticia que se quiere cometer con mi madre, persona de 79 años de edad, la que hace que me dirija a usted para que divulgue este episodio «insólito e injusto».
Hace casi cinco años (noviembre de 1995), mamá compró un terreno en Villa Argentina, km 44 avenida 30 metros y calle 11.
La compra fue efectuada ante los escribanos de las dos partes (vendedora y compradora), los que aludieron que todo estaba en regla para su adquisición.
(Mamá en ese momento puso el bien a mi nombre; al poco tiempo por padecer una dolencia que me impedía movilizarme, y al haber comenzado el litigio que paso a contar, pasé nuevamente y ante escribano público el terreno a nombre de mi madre, sin recibir por supuesto remuneración alguna, mera formalidad). Estos son detalles que aporto pues no quiero ocultar ninguno.
El caso es, que en el momento en que estábamos trasladando las pertenencias al inmueble (vacío y sin edificación), mejor dicho, ya estábamos organizando las cosas, pues mamá vivió durante un año en una carpa, mientras levantaba una pieza de bloques, se apersona la vecina lindera (fondo con fondo) y expresa que somos «intrusas y usurpadoras»y que debemos salir inmediatamente, pues ella es la dueña.
(Teniendo nosotros las escrituras en nuestro poder se las presentamos pero ella insiste).
A partir de ahí comienza el calvario pues esta buena vecina molesta a mi madre y reclama ante Juzgado de Pando el derecho de posesión de dicho lugar pues había abonado durante casi 10 años las contribuciones (la ley dice por más de 30 años), que a la vez la Intendencia cobró, por otra parte a la anterior dueña y posteriormente a mi madre.
Al no tener mi madre medios económicos para pagar un abogado particular, alude ante una abogada de oficio quien expresa intención de defenderla. Todos a quienes consultábamos o contábamos el caso decían que no lo podíamos perder pues no hay derecho mayor que el de propiedad.
Pero, hete aquí, que al paso de los años el veredicto del señor juez ha salido favorable a la reclamante, y mi madre dueña absoluta y única del terreno sito en Villa Argentina Km 44, avenida 30 metros y calle once, en el que ahora hay una casita, debe dejar el predio en el cual está levantando con la ayuda de un albañil y su propias manos su ranchito al que puso el nombre de Almelía, ellos y yo, en el que espera poder terminar como merece cualquier adulto mayor, que trabajó toda la vida, en paz, y con dignidad y no ser expulsada de su propia casa como una «intrusa y usurpadora».
Por favor sólo pido humanidad, no todas las veces debemos regirnos por la ley, pues debemos inclinar la balanza, siempre hacia el lado de la justicia. Quiero tener fe en que existe y que mi viejita no sea expulsada de su casa.
Los invito a visitarla señor director y sobre todo tengo fe en Dios.
Gracias desde ya. Amelia
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