Artillería protegía camino a El Dorado
Las baterías de cañones en la costa de Maldonado y en Gorriti protegían nada menos que el acceso español a su sueño más anhelado: el camino a El Dorado.
Juan Díaz de Solís bautizó a Gorriti como Isla de las Palmas, en tanto su aspecto era absolutamente distinto al actual. En las costas de la bahía donde está la isla encontró fácil acceso a agua potable. Inmediatamente enfrente encontró buen abastecimiento de carne en Isla de Lobos.
Surcaron el área españoles, portugueses, ingleses, holandeses y todos dejaron su impronta en Gorriti, bélica las más de las veces.
Incluso el nombre recuerda un incidente dramático. Joaquín de Viana, enviado a Montevideo en 1760 como Gobernador, no accede al cargo de inmediato. Francisco Gorriti, al frente de la plaza armada, se negaba a entregar lo que consideraba derecho adquirido. Primó el poder del Rey, Viana asume y deporta a la isla a Gorriti, cuyo nombre aún conserva el recuerdo.
Pero estos enclaves adquieren capital importancia desde comienzos del siglo XVIII: ingleses y portugueses rondaban los accesos al Plata. Las baterías tanto desalentaban a los invasores, como servían de asentamiento a los soldados encargados de controlar la piratería. Paralelamente se desarrollaba al amparo de sus cañones una de las explotaciones que más divisas daba entonces a la Corona desde estas tierras: la faena de lobos y ballenas, cuyo aceite, cuero y carne eran de máxima cotización en Europa.
Hasta 1769, las fortificaciones eran de barro. Pero cuando recrudecieron las relaciones con Inglaterra, los fuertes se convirtieron en bastiones de piedra, «perfectos exponentes de las construcciones militares españolas de la época», al entender de los expertos.
Cuando las invasiones inglesas conquistaron Maldonado arrasaron las baterías, quemando todo lo que no podían llevar. Las crónicas hablan de la resistencia fernandina, pero no de muertos, sí de prisioneros de guerra, abandonados a su suerte en Isla de Lobos.
La generación de los hoy restos arqueológicos no concluyó allí. Durante la Guerra Grande, decenas de familias fernandinas completas fueron enviadas con todo lo que eran capaces de transportar a Isla de Gorriti, donde debieron permanecer por años. Pertenencias y enseres de uso diario conformaron allí un sustrato arqueológico invalorable para el discernimiento de nuestra historia. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad