TECNICOS UNIVERSITARIOS BUSCAN SALVAR BATERIAS ARTILLADAS DE LA CORONA ESPAÑOLA EN URUGUAY

Ruinas únicas en América pueden desaparecer por inacción estatal

La Batería de Jesús, en la costa de la Playa Mansa puntaesteña, estaba destinada junto a las fortificaciones en Isla de Gorriti, a «cruzar el fuego», impidiendo el acceso de invasores al Río de la Plata. Era este el primer enclave, rumbo a El Dorado, a Montevideo o Buenos Aires, para los barcos españoles que luego de cruzar el Atlántico no podían recalar en tierras lusitanas, hoy Brasil.

Las ruinas en Uruguay son de vital importancia para arqueólogos e historiadores, en tanto no existen restos de este tipo ni siquiera en los grandes complejos de La Habana ni en Cartagena de Indias. En Buenos Aires y Montevideo, todo ello desapareció y lo poco que resta en Colonia del Sacramento es de origen portugués.

La valiosa fortificación sin embargo corre el riesgo de caer en cualquier momento ante el embate de las olas, debido a la indecisión –afirman los universitarios– de la Comisión del Patrimonio Histórico de la Nación. Los técnicos de la Facultad de Humanidades, de la Asociación Uruguaya de Arqueología acaban de elevar a la Comisión documentos, explicando la urgente necesidad de mover los muros y trasladarlos una treintena de metros para conformar un museo de sitio. La Intendencia de Maldonado está dispuesta a otorgar los fondos necesarios para que los trabajos se concreten.

Sin embargo la Comisión de Patrimonio –cuyo voto es decisivo en la cuestión– demora «inexplicablemente», dicen los técnicos, la decisión definitiva.

Importancia para la historia

«La Batería de Jesús fue de vital importancia desde su construcción entre 1794 y 1796 hasta las invasiones portuguesas, cuando Leonardo Olivera estuvo a su cargo», afirma la arqueóloga Carmen Curbelo. La profesora de la Facultad de Humanidades explica que originalmente, la batería se encontraba a unos cien metros de la orilla del mar. Los cambios morfológicos experimentados por la costa han determinado que actualmente las olas laman, casi constantemente, la base de la estructura.

«En cualquier momento se la lleva el agua», sentencia la especialista, que recuerda el rol fundamental que para el estudio de la historia nacional tiene el enclave.

Existen dos posturas arqueológicas en cuanto a qué hacer en estos casos. La tradicional y más antigua opina que las cosas deben dejarse tal cual y donde están. Ello sin dudas, en este caso acabará con la edificación. Más aun, la inmediatez a la orilla genera que la batería actúe como dique, erosionando las dunas a sus flancos, acelerando la posibilidad de derrumbe.

La otra posibilidad –la que prefieren los especialistas actualmente– es trasladar lo encontrado en la excavación a una zona inmediata más segura y abrir un museo de sitio, que tenga valor real para quienes deseen conocer algo más de nuestro pasado.

El proyecto para salvar la Batería de Jesús, que se desarrolló entre 1993 y 1999, dio buen resultado. La comuna fernandina corrió con buena parte de los gastos de salvataje y preservación, estando ahora dispuesta a solventar la parte museística.

Santa Ana: igual o peor

Algo similar ocurre en la Batería de Santa Ana, ubicada en la Isla de Gorriti. Allí un complejo aun más importante por su extensión corre serio peligro de perderse definitivamente.

La que fuera hasta hace un lustro la excavación arqueológica más importante del Uruguay está hoy cubierta por arena y yuyos, sin que aparezca posibilidad alguna de recuperación. La historia de la Batería de Santa Ana está ligada a un período mucho más amplio, en tanto abarca desde la Conquista española hasta la misma Guerra Grande. «En 1996 se suspendió todo trabajo. Pero tampoco se cubrieron adecuadamente las excavaciones para evitar su deterioro», afirma la profesora Curbelo. Detalla que en ese momento se trabajaba en los pisos construidos durante el siglo XIX, los cuales podían aportar datos y elementos valiosos para el esclarecimiento de dudas que aún existen de ese período. En cuanto a la falta de recursos generalizada, como para avanzar en dichas tareas, la especialista recordó que en países desarrollados se estimula el respaldo privado a estos emprendimientos, concediéndose a cambio la adecuada explotación turística de visitas a esos sitios. *

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