ESTIMAN QUE LOS TRAMITES DE PASAPORTES SUPERARAN A LOS DEL AÑO PASADO

Casi 800 colonienses se preparan para sumarse al éxodo uruguayo

G. MONTEAGUDO – COLONIA

 

La elocuente cifra surge de la información que cada año proporciona la Jefatura de Policía de Colonia. Allí, con la obtención del certificado de buena conducta, comienza el trámite que lleva a esos colonienses a emigrar fuera de fronteras, en busca de un futuro mejor.

La realidad, que no cambia y es más obstinada que los mensajes de optimismo que parten desde los voceros gubernamentales, indica que este año se superará largamente los 1.100 colonienses que el año pasado sacaron sus pasaportes para engrosar las filas de la diáspora uruguaya.

De acuerdo con los datos aportados por Jefatura, desde enero de este año, un total de 791 colonienses comenzó a tramitar el documento que le habilita a viajar al exterior en las oficinas que la Dirección de Identificación Civil posee en el departamento.

De esa cifra, 430 trámites se iniciaron en Colonia, 191 en Carmelo y 170 en Nueva Helvecia.

Además, en las páginas de Redota.com, sólo en el mes de julio, se registraron más de doscientos testimonios de uruguayos que en el último año se fueron del país, radicándose en países tan disímiles como Estados Unidos –hacia donde fue la mayoría–, España, Francia, Japón, Suecia e Italia, entre otros.

El año pasado, el total de pasaportes solicitados alcanzó a los 1.103, cifra que se estima será seguramente mucho mayor al culminar 2001.

Desde la dictadura, son más de 200.000 los uruguayos que emigraron buscando en otros lares las oportunidades que hoy Uruguay parece negarles.

Los testimonios de uruguayos por el mundo llegan a 275 en el sitio www.Redota.com, un remanso uruguayo en Internet para los que están fuera del país, que cuentan sus experiencias.

«Tendría que estar enfermo para volver al Uruguay», confiesa Eduardo Spinelli, un lacacino de 51 años que se fue para Valencia, España.

Califica la imagen del país de «lamentable». Cuando le preguntan qué cambiaría del Uruguay, no lo duda: «La mente de algunos políticos. Más verdad, menos mentiras y falsas promesas. Más honestidad y menor corrupción. Los uruguayos se merecen lo mejor», asegura.

Gonzalo Cañadas, de 21 años, se fue para Francia junto a su padre. «Estaba un poco cansado de siempre lo mismo. Como no encontraba nada para estudiar, vi la posibilidad de cambiar, conocer y estudiar acá».

Cuando se le consulta qué consejo daría a alguien que desea emigrar, responde: » ¿Qué le voy a decir a alguien que no pueda vivir dignamente y que quiera rajarse? No tiene otra».

Alertando que emigrar no es tan fácil, también encontramos el testimonio de Fernando Asencio, un montevideano de 21 años que es técnico de computadoras, pero trabaja en la Florida, Estados Unidos, como pintor.

Su consejo es: «No es fácil, no confíes en nadie y traé por lo menos U$S 5.000. Si venís solo, pensalo mucho».

En tanto, Horacio Moreira Villamea es empleado en un cibercafé. Tiene 27 años y emigró a Barcelona, España, cuando terminaba el año 2000.

De Uruguay le quedan más quejas que recuerdos: «La falta de guita, de esperanzas, de todo menos de amigos. Pero qué gracia tiene tenerlos si apenas podés verlos. Todos laburamos 20 horas por $ 1.500, lo que no te da ni para comerte dos morcillitas a las brasas. Ahora estás con guita pero falta aquella gente».

Narrando su peripecia, dijo que «en diciembre de 2000 vinimos derechito para Barcelona. Ni yo ni mi mujer teníamos laburo y reventarnos tres meses — más no te dura la guita del despido en Uruguay– era un poco suicida y más con un gurí».

Agrega que en lo que trabaja en Barcelona –la construcción– «hay laburo a patadas. De camarero también hay, pero el trato no es el mejor.

La gran diferencia es que acá después que te estabilizás, podés decirle que no a un laburo que no te gusta o en el cual te tratan ‘pal culo’, sin sentir que dejás la vida porque sabés que vas a conseguir otra cosa».

Preguntado respecto a qué valora del país natal, responde: «Los amigos, porque estaban ahí». Cuando le preguntan su hora es más feliz, evita dar una respuesta directa: «Pienso en mi familia –sobre todo mi hijo Lautaro–, tenemos oportunidades que jamás hubiéramos tenido en el Uruguay».

Horacio Moreira Villamea confiesa que le gustaría regresar al Uruguay, «pero al Uruguay que quiero y sueño, no a este de la miseria». *

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