Los animales que nos hicieron famosos antes que la ganadería
La explotación lobera en estas tierras comienza aun antes que su historia. Los indígenas cazaban a los lobos marinos: en las cenizas de asentamientos han aparecido huesos carbonizados.
En 1515, la tripulación del malogrado Juan Díaz de Solís recaló en la hoy llamada Isla de Lobos, antes de regresar a España. Cazaron 66 animales. Con la carne prepararon tasajo, que comieron en el viaje, y las pieles fueron vendidas en Sevilla.
Desde 1724, el aceite de lobo marino era empleado para iluminar las calles en Maldonado.
La explotación lobera (y la ballenera) tuvo tal importancia en la época colonial que, en realidad, estas tierras fueron conocidas antes por su riqueza lobera que por la ganadera. Para 1792, la explotación lobera a cargo de la Real Compañía Marítima dependía directamente del Rey de España, y así continuó hasta 1808. Aceite, cueros, colmillos y hasta tasajo estaban catalogados entre los insumos de máximo nivel que desde el Plata eran comercializados al mundo entero. De 1873 a 1900 se faenaron 454.500 animales.
Durante décadas, las matanzas continuaron sin registro, en manos de particulares.
A partir de 1922, la Ley encomienda al Estado las zafras loberas, a través del Instituto de Pesca, creado por José Batlle y Ordóñez.
En la segunda mitad del siglo XX, las matanzas habían disminuido el recurso a tal punto que el Estado comenzó un severo control que estabilizó la masa poblacional, a partir de la protección de madres y lactantes, con muerte exclusiva de machos de determinadas características.
En 1991 se realizó la última zafra oficial, y se suspendió la actividad por norma dictada en 1992. *
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