CONTROVERSIA ENTRE PESCADORES Y TECNICOS POR LA DESAPARICION DE ESPECIES ICTICOLAS EN NUESTRAS AGUAS: ¿CULPA DE LOBOS O DE BUQUES-FACTORIA CERCANOS A LA COSTA?

Investigan más muertes de lobos marinos

La continuidad de episodios de caza clandestina de lobos marinos, con extracción de testículos de los animales ultimados, es la única certeza preocupante en el tema de esta fauna costera nacional.

Así lo reconoce la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara). Los especialistas del otrora Instituto Nacional de Pesca (Inape) consideran que la afectación de la pesca costera a consecuencia de la presencia del «león marino» es la habitual, contraponiéndose a las denuncias formuladas en Rocha por pescadores de Cabo Polonio.

Más aún, se descarta que estos animales estén proliferando en tanto, desde el punto de vista estrictamente científico, existe una decadencia de las manadas de la variedad «acusada» que se estudia a nivel continental. En efecto, por causas que los biólogos aún no pueden determinar, las estadísticas señalan que el también llamado «lobo común» se mantiene dentro del mismo número durante algunos años y desciende en otros. Pero no aumenta desde hace más de una década.

«Lo cierto es que se han verificado más casos de apariciones de lobos marinos muertos a tiros, sin testículos ni colmillos», consignó el director de Dinara, capitán (r) Yamandú Flangini para quien el asunto está más allá de simples faenas de cazadores locales, apuntando a quienes son capaces de pagar por los testículos de lobo, con alto valor en mercados internacionales.

Su peso en oro

A partir de 1991, las zafras loberas fueron totalmente suspendidas en el país. Consideraciones de índole proteccionista, sumadas a una falta de mercados para las pieles producidas, determinaron la medida.

Durante la última década, las dos variedades que habitan la costa uruguaya –denominadas localmente «lobo común» y «lobo fino»– volvieron a sus ciclos naturales sin intervención humana.

Sin embargo, en reiteradas oportunidades se efectuaron denuncias de que se estaban llevando a cabo matanzas clandestinas, siempre en las islas ubicadas frente a Cabo Polonio. Las versiones parecían difíciles de probar, en tanto las fuertes marejadas se ocupaban de eliminar rápidamente lo que quedaba de esas matanzas. Sin embargo en algunas oportunidades se encontraron restos de lobos, presentando todos una mutilación constante: el corte de los testículos.

La razón era conocida por la gente vinculada al tema: los testículos de estos animales, desecados y molidos, son considerados uno de los mejores afrodisíacos en la medicina tradicional de Oriente. Los órganos reproductores del mamífero alcanzan cotizaciones de miles de dólares el quilo en mercados que, aún hoy, prefieren estos estimulantes al Viagra. Cabe consignar que –desde la óptica estrictamente científica– no existe prueba alguna que vincule el consumo de testículos de mamífero marino alguno con la potencia masculina. Sin embargo las pócimas con ello preparadas gozan de la mejor fama para su cometido entre los orientales… de Oriente.

Durante algún tiempo se creyó que la presencia de buques pesqueros chinos y coreanos podía tener que ver directamente en el tema. Pero las investigaciones para encontrar el nexo no dieron resultado.

En los últimos años los investigadores entraron en un ámbito más cercano y no por ello menos importante. Tanto Brasil como Argentina tienen crecientes colectividades de origen asiático, convencidos consumidores de las virtudes del producto. La posibilidad de que el destino final de las citadas partes del lobo esté en ciudades como San Pablo, Buenos Aires, u otras del Mercosur, aparece como bastante más real que la de lejanos y exóticos mercados. Los precios que se pagarían en zonas vecinas son –además– bastante menores a los que se exigen del otro lado del planeta. No obstante, hasta el momento, el denunciado tráfico de genitales lobunos aguarda pistas más contundentes.

Organizaciones de protección animal, americanas y europeas dan como cierto el tema. No obstante, los únicos detenidos –dos en 1999– involucrados en las matanzas clandestinas no aportaron dato alguno sobre esta posibilidad. Dejados en libertad en aquel momento por el juez actuante, cualquier esclarecimiento de la eventual maniobra internacional quedó postergada. No así las matanzas de lobos que la propia institución oficial reconoce ocurren ocasionalmente. Las limitaciones económicas de la vigilancia costera implican, paralelamente, una posibilidad atractiva para los cazadores de acceder con éxito a las islas y a sus presas.

Sin embargo, todos coinciden en que quienes continúan practicando estas zafras clandestinas son especialistas en el tema. Tanto por la anatomía del lobo marino (cuyos genitales son órganos internos, no exteriores como en otros mamíferos) como por la necesidad de conocer atraques en la harto peligrosa geografía costera de los islotes donde viven los lobos, es imprescindible que los operadores sean duchos en esta labor. Aproximarse, simplemente, a un lobo de dos toneladas, con el afán antedicho, tampoco es para cualquier mortal. *

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