Las obras en Treinta y Tres estarían terminadas antes de las elecciones municipales de mayo

Construyen balneario en un terreno donde acumulaban residuos tóxicos

El 1 de marzo pasado la Secretaría de Medio Ambiente de la Intendencia de Treinta y Tres designó Parque Natural Municipal a una céntrica área de Santa Clara de Olimar, pequeña villa de unos 1.800 habitantes ubicada en el extremo oeste del departamento de Treinta y Tres.

En ese predio, que ocupa 15 hectáreas, el gobierno comunal ya está construyendo a ritmo acelerado una zona de camping, dos para deportes y fiestas campestres, un rincón infantil, parrilleros, playa de estacionamiento y una amplia laguna artificial que le dará al conjunto características de balneario público.

El predio que albergará a ese costoso complejo está literalmente pegado al enorme ex basurero municipal, donde hasta hace poco tiempo se volcaron durante unos tres decenios todos los desechos de la villa.

Allí han ido a dar no sólo los residuos domiciliarios sino también la gigantesca montaña de desperdicios que en 30 años generaron el cementerio, el centro de salud, el cuartel, las carnicerías, el matadero, la comisaría, oficinas y, entre muchas otras fuentes, un criadero de cerdos que funcionó varios años no lejos del lugar que ocupará el rincón infantil.

El complejo estará al pie de una gran colina en cuya parte más alta opera el matadero municipal. Los residuos que expulsa el matadero corren colina abajo y van a dar casi al centro de lo que será la laguna.

Ubicado en una de las zonas céntricas más bajas, el predio destinado al complejo siempre ha recibido además todo lo que arrastra la lluvia y también aguas servidas de numerosos pozos negros cercanos. La colina que corona el matadero lo condenó a ser desagotadero permanente de las excrecencias urbanas.

Comuna en acción

Para convertir a ese predio en balneario, la Intendencia ya trasladó el basurero a otro lugar. Sin embargo el pasado martes 7 aún había una montaña de residuos cerca del pozo que se está cavando para formar la laguna aunque se asegura que en poco tiempo más no quedarán vestigios visibles del basurero.

También está construyendo una red de canalización subterránea especialmente diseñada para evitar que los desechos del matadero envenenen la laguna. Con esa red, que tendrá unos 300 metros de largo, el matadero seguirá operando allí hasta que las autoridades comunales hagan uno nuevo lejos del complejo, solución definitiva que ya está prevista.

La laguna contará además con un sistema de oxigenación y purificación que la mantendrá apta para baños, según han explicado los encargados de la obra. Un servicio regular de mantenimiento respaldará al sistema, explican los voceros comunales.

Para evitar el flujo de residuos y aguas servidas que bajan por la colina, la Intendencia recurrirá a una combinación de alcantarrillado, desagües y muro de contención. Esta parte de la obra también ya está en marcha y avanza rápidamente.

Se estima que todo estará terminando antes de las elecciones municipales del próximo mayo, de acuerdo con los plazos fijados por la Intendencia que encabeza Walter Campanella, quien no aspirará a un nuevo mandato.

«Este será el balneario que Santa Clara espera desde hace tanto tiempo, un lugar de recreación», declaró el propio Campanella a la prensa local.

Duda razonable

Santa Clara viene reclamando un balneario desde hace 25 años y recién ahora vislumbra la posibilidad de tenerlo. Por eso, la abrumadora mayoría de sus habitantes juzga positivo el proyecto que impulsa la Intendencia, más allá de banderías políticas.

Sin embargo, algunos sectores plantean dudas con respecto al estado sanitario del predio donde se está construyendo el complejo:

«No sabemos qué efectos pueden haber causado los desechos peligrosos, como metales pesados, plástico y muchos otros que durante tanto tiempo se han acumulado en ese terreno. Está muy bien que la Intendencia tome medidas para evitar que el predio se siga infectando con la basura, los pozos negros y todo eso, pero se necesita saber si la contaminación que hubo allí durante 30 años no continúa latente y provocará efectos nocivos para la gente que concurra al balneario», dicen.

El ecologista olimareño Omar Medina Soca, ganador en 1997 del Premio Nacional de Medio Ambiente que cada año concede el gobierno uruguayo, sostiene que «este tipo de emprendimientos en zonas que recibieron material contaminante durante lapsos prolongados exigen antes que nada profundos estudios ambientales. Poner en marcha estos proyectos sin comprobar antes fehacientemente que los terrenos son aptos implica poner en serio riesgo la salud de las personas».

Según Medina Soca, oriundo de Santa Clara y director en Montevideo del Museo Marítimo Ecológico, no se debe descartar que aún exista contaminación peligrosa en el predio donde se está construyendo el balneario:

«Sólo estaremos tranquilos si se demuestra con informes técnicos serios y precisos que el terreno elegido por la Intendencia de Treinta y Tres para hacer el balneario no está contaminado», afirma.

Los medios políticos de la villa también están centrando su atención en el complejo. En ese ámbito hay quienes opinan que el proyecto no sólo «es demagógico sino también peligroso para la población de Santa Clara».

Zulma Giménez, edila del Partido Colorado , declaró al semanario local Noticias que es «un desastre» hacer el balneario en «un basurero, chanchería, matadero y desagüe de todo el pueblo».

Sonia Herrera, edila del Encuentro Progresista, dice que el nudo de la cuestión reside en los factores ambientales que condicionan la calidad de vida:

«Lo que está en juego es la salud de la población. Es imprescindible que se hagan los estudios ecológicos que despejen toda duda sobre si el terreno está o no está contaminado. Se sabe que en algunos casos la toxicidad diseminada por desechos nocivos se mantiene activa durante 100 años o más y debemos saber si eso no ocurrió aquí».

Medina Soca agrega un dato significativo:

«En Alemania se están demoliendo las casas construidas en terrenos donde hubo basureros, porque se ha comprobado que allí corre serio riesgo la salud de las personas».

Más información

El martes 7, mujeres y hombres de la villa se reunieron para intercambiar opiniones sobre el tema. En ese encuentro, convocado por Ruben Medina, quien dirige desde hace 36 años el periódico Santa Clara, la gran mayoría de quienes opinaron estuvo a favor del proyecto.

De todos modos, nadie negó que es necesario tener más información sobre el estado sanitario del terreno. Sobre este punto, la población de Santa Clara cuenta con las afirmaciones del intendente Walter Campanella y de otros jerarcas, según quienes todo está en orden y el balneario «no va a ofrecer contaminación de ninguna especie», pero por supuesto no desdeña nuevas opiniones, que considera necesarias.

Mientras espera más datos, esa mayoría considera que las obras deben continuar. Algunas personas hasta temen que Campanella cancele el proyecto si la polémica sube de tono. «No queremos perder la posibilidad de tener el balneario», dicen.

Obviamente, nadie quiere arriegar su salud y la de sus familias:

«Si resulta, por ejemplo, que hay problemas de contaminación en la laguna, tomaremos las medidas que sean necesarias. Este es un tema que se verá cuando dispongamos de más información», dice Alejandro Lamas, quien en esos términos considera positiva la iniciativa de Campanella.

Pero no se trata sólo de la laguna. Las dudas planteadas abarcan a todo el predio, donde a lo largo de los casi 11 mil días que duró el basurero hubo tiempo para que los elementos tóxicos llegaran al subsuelo. Si así suc
edió pueden estar aún allí con su potencia contaminante activa.

Otra incógnita a despejar es si la toxicidad no se filtró hasta las aguas subterráneas y con ellas se esparció en diferentes direcciones, como ha sucedido en otros puntos del territorio nacional según fuentes del movimiento ecologista.

Jorge Chiappe se ubica en una posición similar a la que tiene Lamas. Dice que Santa Clara necesita un lugar céntrico de recreación y que a lograr eso tiende el proyecto en marcha:

«Es bueno tener por lo menos un lugar accesible para ir a pasear, para tomar mate por lo menos», dice reflejando, como Lamas, la opinión de mucha otra gente. También como mucha otra gente, Chiappe considera importante que la población de Santa Clara tenga más datos firmes sobre las cuestiones sanitarias en debate.

El tema de la información es recurrente en cualquier charla que aborda el tema del complejo. La gente quiere saber de qué se trata y recibe con amplitud de criterios todos los datos que le acercan.

Normas ambientales

La normativa sobre impacto ambiental dispone que los proyectos como el del balneario de Santa Clara deben ser presentados a la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) antes de que sus responsables públicos o privados los pongan en práctica.

Las disposiciones vigentes también prevén para este caso un análisis meticuloso de las aguas que serán destinadas a baños públicos y exigen trámites y fiscalizaciones de diverso tipo en todo lo que concierne a la apertura de pozos.

Además, con anterioridad a la ejecución de cualquier emprendimiento de este tipo se debe abrir un ámbito de consulta formal a las personas y comunidades involucradas para que opinen sobre el proyecto.

Tras el riguroso cumplimiento de estas normas, la Dinama y otros departamentos estatales se expiden sobre la viabilidad ecológica de la iniciativa. Al respecto, Medina Soca es terminante: «Es urgente saber qué opinan la Dirección de Medio Ambiente y los otros organismos sobre el proyecto que ya puso en marcha la Intendencia de Treinta y Tres. La población de Santa Clara debe estar segura de que el balneario no será peligroso».

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