Prohibido para nostálgicos

"Cantantes de tangos y las puertas del cielo"

Escribe Luis Grene

Es un cantante de tango, de los de antes, que a fuerza de emociones dice los versos que algún bohemio poeta, entre solitario y melancólico, escribió en un rincón del esquinero cafetín.

Se concurría a bailar, a «apretar» con «minas» que «iban pa’delante» pero cuando un cantor subía al escenario, se hacía un cerrado silencio. Hasta los «cirujas» de caras cortadas «hacían molde» y, como hipnotizados, escuchaban al cantor. El que soñaba con llegar a ser como las estrellas que cantaban en los programas radiales de Agustín Pucciano, en Radio Paradizábal. La brava platea le pertenecía, muy serios todos compartían el encantamiento de la poesía lunfarda. Como en el cuento de Julio Cortázar, allí en ese ambiente de fuertes tabacos, impregnado de olor a caña y perfumes baratos, todos encontraban «las puertas del cielo». Donde brillaba el arte del «dos por cuatro» en la voz de un anónimo cantante. Y, en un rincón, un pibe flaquito ni soñaba que en el otro siglo, «bancado» por los lectores cómplices, él también haría sus «versos», narrando sobre esos instantes. Momentos únicos, donde el poeta que había escrito, el entusiasta que cantaba y los que en una esquina del salón escuchaban, eran uno solo. Para vibrar y sentirse tocados por la musa del lumpen, orillera y mágica.

Un cantor de tangos, todos los cantores de tangos. Con ellos, ingresando al cielo por la puerta que se abría por unos instantes y nos mostraba nuestras propias vidas. La vida de todos, sus sencillas alegrías, sus «yugos» y los «metejones», con la luminosidad de la poesía popular. Muchos fueron los que abrieron esas puertas, cantantes de raza que hicieron llegar a su público la emoción sin límites. Como en aquellos lejanos tiempos, y hablamos de los que vimos de al lado, Víctor Ruiz, Carlitos Roldán, el entrañable Fiorentino y, en una lejanísima noche en el «Royal», el «Mago» Gardel. El hechizo nacía por sus voces, es cierto, pero también lo es que la sangre latía en las sienes por lo que ellos «decían». Palabras, frases, versos de gente como Discepolín, Cadícamo o De la Púa. Instantáneas de una época, retratos de unos años, de sus seres humanos, captados por esas plumas tan sensibles. Cronistas que, armados hasta los dientes con sus balas de poesía, hacían que los cantores dijeran cosas muy nuestras y de todos. Realidades cotidianas, dichas en el marco de la canción tanguera, entonadas con las enormes ganas de esos artistas que nos abrían un mundo nuevo. Aunque fuera el mismo de todos los días. Frente a ese público se abría un «nuevo cielo», que existía bajo el montevideano cielo, gris y lluvioso, de una ciudad de farolitos y tranvías. En ese firmamento de poesía tanguera y música «canyengue» estaban respirando escenas de las vida cotidiana, con sus alegrías y pequeñas tragedias. El tango «representación de la vida misma», como nos dijo en una lejana noche el amigazo Julio Sosa, en un rincón del «Sud América» de la calle Yatay, en aquellos inolvidables bailes carnavaleros de la década de los sesenta.

Muchos se cruzaron en nuestra vida para entreabrirnos esas puertas y, con su arte de la canción, nos llevaron de la mano por el universo del «gotán». Damas como Sombra Deval, acompañada de Carlos Arregui, Nina Miranda o la querida Olga Del Grossi, con el «tano» Racciatti, Marujita Falero y la exquisita Gloria Groba, navegando en la música del maestro Carusito. La misma Gloria que hace unas semanas nos visitó en CX 44 y caló hondo en el romántico «cuore», al escucharla en su versión del tangazo «Alma de bohemio». Una Mujer con mayúscula que junto a nosotros también camina cuesta arriba en los años y contra viento y marea, los dos nos retobamos mansamente y le damos a la matraca de la memoria y su maquinaria de renacidos sueños.

Tangueros de pura cepa, cantantes de los buenos que vimos y sentimos profundamente. Por ahí están Washington Montañez, con la típica de don Horacio, Ovidio Silva con el queridísimo y recordado Mario Di Brana. Raúl Soler que también, veteranísimo, aún hoy nos visita y nos hace vibrar con sus melodías. Como en los tiempos de «los tres raúles», Berón, Iriarte y el mismo Soler junto a la orquesta de Miguel Caló. Por el viejo Vaccaro y su «Ambassador Club», mientras hacíamos unos mangos como animador, escuchamos de «al ladito» a «troesmas» como Edmundo Rivero, toda expresividad en sus enormes manos y su voz maravillosa. Armando Moreno, con la orquesta de Enrique Rodríguez, Horacio Palma y Jorge Valdés con Juan D’Arienzo. Personalidades avasallantes como Alberto Echagüe o el «pintón» Héctor Mauré, el que movía las fibras íntimas y ponía «la piel de gallina» cuando cantaba, cerquita de los bailarines, su inmortal «Oro y diamantes».

¡Cómo dejar de lado a Alberto Castillo! Querendón y candombero, entornando los ojos, la mano al costado de la boca y susurrando tangos, estirando las frases como sólo él sabía hacerlo.

Con muchas ganas y «polenta» sigue luchando en estos días gente linda como Marilyn Devitta con la orquesta de Walter Méndez y haciéndonos acordar a la época de la Granja Dominga, cuando su cantor era el amigo Roberto Lemos, la típica de Rogelio Col «Garabito», ahora bajo el influjo y las ganas del veterano «de ley», don Raúl Soler.

Muchos fueron los instantes en que «vichamos» para rincones donde la luz encandila. Donde vive el arte de la musa popular. Los cantantes de tango mucho tienen que ver con esas domésticas magias. Fue, no hace tanto tiempo, en los galpones de piso de tierra, en las noches de febrerro de la pista de «La Popular» en Sud América o en el «Ambassador». Y ayer nomás, con los cantantes como Soler, Olguita o Groba, al lado, cuando se renovaron las viejas creencias. Las que nos dicen que «las puertas del cielo» se abren de la mano del arte sensible y bohemio. El que interpretaron y aún, por suerte, siguen interpretando los cantantes de tangos.

Los esperamos todos los sábados y domingos, a las 19 horas, en CX 44 Emisora del Siglo, y también los domingos en LA REPUBLICA, con más «Prohibido para nostálgicos», con los auspicios del Departamento de Cultura de la IMM.

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