Silencio judicial en caso de botulismo
Colonia del Sacramento
Un año después de aquel suceso que impactó profundamente a la sociedad uruguaya, siguen impunes los causantes del problema y, habida cuenta del absoluto silencio judicial, todo parecería indicar que el caso fue archivado. Nadie fue, nadie sabe.
Dos distribuidores de productos alimenticios se instalaron ese día en una mesa del restaurante «Sugar», a sólo media cuadra del centro de la ciudad y dos del puerto, y resolvieron probar los morrones que el dueño del comercio recomendaba.
Horas más tarde se reiteró el pedido de un taximetrista local, y ya en la madrugada los tres comensales empezaron a exhibir los síntomas de intoxicación aguda.
Los dos primeros, domiciliados en Juan Lacaze, fueron trasladados a una mutualista de la vecina ciudad de Rosario, en tanto que el obrero del volante pasó a asistirse en un sanatorio capitalino.
Con increíble celeridad las autoridades municipales de Higiene culparon a la granja «Los Fundadores», de Colonia Valdense, de ser la proveedora de los morrones en mal estado.
Sin embargo, todos los análisis efectuados en Montevideo y en el Instituto Malbrán de Buenos Aires descartaron esa responsabilidad. La agroindustria inculpada debió retirar todos sus productos de circulación y cerró sus puertas hasta que se aclarara lo sucedido, con el perjuicio económico y moral que eso implicó.
Al mismo tiempo, el propietario del restaurante «Sugar» admitió ante las autoridades municipales que el verdadero envase del que extrajo los morrones estaba tirado entre los yuyos de un baldío, donde él lo había ocultado porque «se asustó». Esta inexplicable reacción convirtió al comerciante en el centro de todas las sospechas, y los técnicos de la IMC reconocieron que en ese establecimiento en alguna oportunidad anterior habían detectado productos «de elaboración casera».
Una averiguación «imposible»
Tras prolongado litigio, la granja «Los Fundadores» fue rehabilitada en sus funciones, en medio de expresiones de solidaridad con sus dueños, provenientes de un extremo al otro del país.
Quedaba, entonces, por definirse la situación del comerciante, con el agravante de que uno de los afectados –el taxista–, había fallecido al no lograr reaccionar ante el tratamiento médico. Sin embrago, hacia fines del año pasado el salón que ocupaba «Sugar» quedó vacío y su titular , de acuerdo a lo averiguado por LA REPUBLICA, retornó a la vecina orilla, de donde es oriundo.
En forma reiterada altas fuentes judiciales aseguraron a este corresponsal que las investigaciones no se habían detenido y que se estaba «a la espera del resultado de algunos estudios solicitados». Con el correr del tiempo, los mismos informantes reconocían que era «prácticamente imposible» determinar la procedencia de los morrones encontrados en aquel frasco escondido entre pastizales.
El «final feliz» de la historia se produjo cuando en Rosario dieron de alta a los dos pacientes allí internados, quienes lentamente han vuelto a insertarse en su ámbito familiar y social.
La granja cuestionada en un primer momento, a pesar de haberse demostrado su plena inocencia, dejó de elaborar morrones en conserva porque «fue muy grande el desprestigio sufrido y muchos los temores que quedaron instalados en el público consumidor».
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