"Los Cambalaches"
LUIS GREENE
Para ahí se agarraba cuando la mano venía zurda. Al faltar los mangos, siempre tiraban alguna línea que permitía llegar a fin de mes. Agarrar algo valioso y enfilar para los cambalaches. Así funcionaba la cosa para salir de la peladera, allá en los lejanos años de la Vieja Capital. Eran casas de empeño y compraventa de todo tipo de objetos. Negocios, la mayoría sin nombre, arrinconados sobre la antigua calle Sarandí y alrededores. Abrían muy temprano y cerraban más que tarde. Siempre con una vidriera donde aparecían los objetos más insólitos y, adentro, vitrinas por todos lados y un mostrador de madera en el que se hacía el negocio.
A pesar de ser visitados en momentos difíciles, tenían algo de un mundo fascinante y misterioso. Sobre un gastado terciopelo rojo, unas viejas pistolas, recuerdos de las peleas entre blancos y colorados. Al lado, relojes de bolsillo, aquellos de tres tapas, marca Longines. Cuadros, porcelanas y hasta algún bicho embalsamado. Todo marchaba, junto a sus nerviosos propietarios hasta el local del cambalache. Para disimular, los llevaban envueltos en papel de diario y siempre se tenía la esperanza de recuperarlos, luego de recibir los flacos pesos del empeño. El plazo era de 30 días y si se pagaba el interés había otro mes por delante, luego del cual se perdía el derecho. A los laburantes se les hacía cuesta arriba levantar lo empeñado y las vitrinas estaban atiborradas.
Es que aunque tasaban menos lo recibido, compraban de todo, sin ninguna discriminación. Ropa usada, colecciones de fotos y hasta el oxidado sable del abuelo, todo les servía y entregaban salvadores vintenes. Los días lunes era tradición que se arrimaran los timberos, cabizbajos y con la cola entre las patas.
Entrar a los cambalaches representaba vincularse a un mundo de perdidos afectos. Muñecas de porcelana, juguetes de hojalata y un álbum lleno de figuritas muy solitarios.
Los humildes cambalaches desparecieron a medida que avanzaba el viejo siglo. Los vecinos del Montevideo del ayer los recuerdan con gratitud Ahora, sirven para darle a la matraca de la memoria y comprender la fascinación que sintió aquel poeta que los convirtió en metáfora del siglo XX. Los esperamos los sábados y domingos, a las 19 horas, en 1410 AM LIBRE.
Coordinación: Angel Luis Greene
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