Tiatucura teje su futuro
Odila Segredo de Hernandorena habla maravillas del viejo telar que ya lograron domar, de la rueca que trabaja sin descanso, de la gente que vino a enseñar. «Esto va muy cada vez mejor», dice feliz hasta más no poder.
Sucede que el taller, el tan ansiado taller comunal que desde Montevideo trajo un enorme camión azul, ya funciona a pleno, produce hermosas prendas de lana, brinda salarios y promete generar, con máquinas sencillas que no expulsan mano de obra, las fuentes de ocupación que anhela Tiatucura.
De ese futuro posible habla una conquista reciente. En efecto, con su taller Tiatucura acaba de ingresar a un importante emprendimiento diseñado para fomentar la actividad artesanal en todo el país. «Esto nos abre grandes perspectivas», dice Odila.
Pero hay más. Los resultados ya tangibles de su propia experiencia productiva autogestionada pueden convertir en un pistón regional a este hermoso pueblo del sureste de Paysandú. Al respecto dice el investigador social Bruno Tálice:
«En esta época caracterizada por la incesante y en muchos casos irreversible disminución del trabajo asalariado, los proyectos de autogestión exitosos tienen, entre muchas, la virtud de generar otros. Desatan un saludable efecto de emulación que suele dar paso poco a poco a coordinaciones y complementaciones que multiplican los buenos resultados. En el caso de Tiatucura, existen inmejorables condiciones para que otras localidades se le unan con proyectos similares y conformen así un centro regional de autogestión. Lo que ya logró, le da a Tiatucura la posibilidad de oficiar como impulsor de ese nucleamiento productivo».
Manos amigas
Un convenio entre la Intendencia Municipal de Paysandú (IMP) y la Fundación Uruguaya para Fomento y Desarrollo de la Artesanía permitirá que Tiatucura consolide su fermental experiencia de autogestión.
La Fundación trabaja con el objetivo de respaldar y alimentar proyectos que aseguren fuentes de ocupación y mejor calidad de vida a los artesanos, dice su director, Néstor Martínez.
«Uno de nuestros propósitos prioritarios es que las personas que se dedican a la producción artesanal pueda vivir de su trabajo en su propia localidad y que no se vea obligada a emigrar», explica Martínez.
Esta entidad, que tiene su sede en Atlántida, Canelones, ya brindó asistencia técnica especializada a la gente de Tiatucura, apoyo que a juicio de Odila, una de las más entusiastas impulsoras del taller, ha sido fundamental.
«Al principio, el telar grande nos superó y poco a poco lo fuimos dominando con el asesoramiento de gente experimentada que nos ayudó mucho. Una señora de Tambores, Ilda Barrial, nos dio una buena mano y la gente de la Fundación nos dejó el telar perfecto, funcionando a pleno. Aquí no tenemos palabras para agradecer todo lo que ha hecho por nosotros la Fundación», subraya Odila.
Pero la Fundación aporta a Tiatucura mucho más que excelente asesoramiento técnico. Entre otras cosas, le suministra muy valiosos respaldos en materia de producción y comercialización, destacan en el pueblo.
La Unidad de Gestión Artesanal (UGAR) que la Fundación opera en Paysandú en el marco del convenio con la IMP, dinamiza el taller y le proporciona respaldos de especial importancia para su rápida consolidación, de acuerdo con un programa que cubre todas las exigencias que plantea este tipo de experiencias comunitarias.
Pero como la Fundación trabaja a nivel nacional, también ofrece al taller la posibilidad de lograr contactos y entablar intercambios y relaciones en un ámbito muy amplio, lo que por cierto no es poco para este pequeño pueblo de 87 habitantes que durante muchísimo tiempo sobrevivió virtualmente aislado entre grandes latifundios. «Estamos muy contentos con la Fundación», reitera Odila.
De ayer a hoy
Hasta hace poco menos de dos años, el taller era sólo un sueño remoto para Tiatucura, donde las fuentes de empleo son cada vez más escasas y precarias, como sucede en casi todo nuestro país. El pueblo ya casi no podía retener a sus habitantes, quienes lo abandonaban para buscar, en algunos casos desesperadamente, nuevas oportunidades, por mínimas que fueran, en cualquier otro lugar.
El taller aparecía como un buen proyecto, porque, pensaban en Tiatucura, podía proporcionar imprescindibles ingresos a la comunidad, cuya situación se tornaba cada día más crítica.
LA REPUBLICA se hizo eco del sueño de Tiatucura y eso desencadenó una inmediata campaña de solidaridad gracias a la cual se montó el taller con máquinas y otros aportes que llegaron en un gran camión que casi no entraba en el pueblo.
Tan pronto comenzó a funcionar, el taller brindó ingresos a un buen número de personas y así demostró que estaban bien fundadas las esperanzas de quienes confiaban en la autogestión y el trabajo comunitario. Hoy, superadas las consabidas dificultades del inicio y con el taller ya en pleno y pujante crecimiento, la gente de Tiatucura teje ella misma, día a día, su propio futuro. *
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