UN ALUMNO NO PUEDE RECIBIRSE DE INGENIERO DE SISTEMAS POR UTILIZAR UN PROGRAMA DISTINTO AL DE SU PROFESOR

Riesgos de la educación privada

Aunque el alumno perjudicado logró que por primera vez en la historia de la Universidad ORT se instituyera un proceso de recusación, no logró conocer las posibles fallas de su examen ni que se revisara el trabajo del profesor, pese a que se admite que no se efectuaron adecuadamente todos los procedimientos de corrección.

Las autoridades universitarias actuaron corporativamente en respaldo del profesor y descartaron analizar en detalle la situación. El Ministerio de Educación y Cultura se manifestó sin potestades para intervenir.

Tiempo atrás, recibimos una carta de alumnos de la Universidad ORT que denunciaban la difícil situación del alumno Constatino Thamnopoulos. El estudiante, en el último de los cinco años de carrera de ingeniería de sistemas, se excusó de explicar su situación. Después conocimos que el reglamento de la ORT puede sancionar con la expulsión de la universidad al estudiante que efectúa denuncias públicas contra la institución.

Thamnopoulos tenía pendientes dos materias para realizar el proyecto final de estudio y recibirse de ingeniero de sistemas, una carrera de cinco años a un costo aproximado de U$S 400 mensuales. Una de esas materias pendientes era lenguajes y compiladores, impartida por el profesor Federico Kereki. Para salvar esta barrera debía efectuar dos pruebas obligatorias que debían otorgarle un puntaje mínimo para darle derecho a un tercer examen final. Entre las tres pruebas debía obtener 100 puntos, y en las dos primeras, un mínimo de 60.

El alumno presentó el trabajo de su primer examen y se presentó confiado a la segunda etapa. Antes quiso saber cuál había sido su calificación en la primera instancia, y además podía debatir con el profesor acerca de su trabajo. Para su sorpresa, Kereki le comunicó que no era necesario que se presentara al segundo examen, ya que en el primero había tenido cero punto, lo que lo dejaba fuera del examen final. Cero punto equivalía a no haber presentado nada o a un desastre de grandes proporciones que el alumno descartaba por completo.

Al parecer, el profesor controló el trabajo de este estudiante con un programa que tenía establecido, y no revisó la documentación proporcionada, ni el código, o lenguaje que se había empleado para confeccionar el programa. Kereki admitió que no había revisado el código fuente utilizado por el alumno, y que como el programa presentado no había sido admitido por su programa de corrección, estaba bien la calificación de cero punto. En otra oportunidad llegó a reconocer que el programa del alumno sí funcionó al emplear un programa distinto al utilizado en la primera instancia de corrección.

Los alumnos, enterados del suceso, animaron a Thamnopoulos a reclamar, ya que consideraban que el trabajo debía merecer otra nota, que le permitiría acumular para llegar al promedio de 60 puntos necesarios en las dos primeras pruebas. Finalmente, después de hablar con el coordinador de la carrera, Daniel Pereira, el alumno se entrevistó con el decano, Mario Fernández.

Las autoridades de la ORT confirmaron en primera instancia la nota del profesor, pese a que admitieron no haber visto el trabajo del alumno. Sólo después de que ante la insistencia, el decano miró el trabajo, aceptó impulsar, por primera vez en la historia de la ORT, un proceso de recusación en ingeniería. Un tribunal iba a revisar el trabajo en 60 días. Sin embargo, antes de ese plazo, el decano comunicó que se mantenía la nota de cero punto, y sostuvo que el trabajo había sido corregido «por un amigo». En esta etapa tampoco se calificó el trabajo, no se dieron más explicaciones, ni se informó al alumno del nombre del profesor que había participado en la recusación. Se explicó que como no había llegado a determinado porcentaje de acierto, la nota seguía siendo cero. Thaninopoulos no pudo discutir su trabajo con el profesor que participó en la recusación, ni conocer los posibles errores de su examen.

En el Ministerio de Educación y Cultura rechazaron participar en este incidente, al estimar que no existe una reglamentación sobre los procesos de recusación en las universidades privadas que habiliten al Estado a interferir.

Aunque Thamnopoulos trabaja desde hace tiempo en informática, ha quedado impedido de terminar su carrera en la ORT, pese a que ya invirtió en ese instituto unos U$S 20 mil, porque el único profesor de lenguaje y compiladores, se niega a concederle, sin más explicaciones, otra nota que no sea cero por haber utilizado un programa distinto que no era leído por el de corrección del profesor. *

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